Ciclismo

¡Fernando Gaviria, el más rápido, se vistió de morado!

Es el rey en los últimos 200 metros, ya ganó dos etapas y es el líder de la regularidad.

Fernando Gaviria

Fernando Gaviria es el líder de la regularidad.

Foto:

EFE

10 de mayo 2017 , 10:10 p.m.

Fernando Gaviria no tiene techo. No hay duda de que con el triunfo de este miércoles en la jornada entre Pedara y Messina, de 159 kilómetros, el segundo en el Giro de Italia, el 23 de forma individual para Colombia y la camiseta de líder de la regularidad, el ciclista colombiano ratifica que es uno de los más rápidos del planeta, un torpedo que nadie puede detener porque lleva dinamita en sus piernas.

Gaviria logró su sexta victoria en el World Tour, la máxima categoría del ciclismo, y lo hizo sobrado, con solvencia, con esa seguridad y magia de los especialistas, un golpe de pedal que envidian los otros embaladores, porque tal y como lo dijimos en una nota previa del Giro, este hombre de 22 años, que participa en su primera carrera de tres semanas, es el más rápido del lote en la prueba italiana.

No falló, se le dio todo; no pasó lo de Olbia y Tortolì, dos jornadas en las que pudo vencer al embalaje, pero en las que no estuvo en su día.

Gaviria fue sensacional porque pudo rematar la faena, luego del gran trabajo de su tren, de los integrantes del equipo Quick-Step, que le señalaron el camino y lo arroparon en los últimos tres kilómetros de la jornada.

Da la impresión de que gana fácil. Se da el lujo de levantar el pedal antes de cruzar la línea de meta y de mirar a los lados para verificar quién entró de segundo.

Hombre de pista

Esas características solo se aprenden en el velódromo, en la pista, porque Gaviria es un ciclista que gana embalajes cortos, largos, que sabe en qué momento sostener la punta de velocidad, esa resistencia que solo la da el haber disputado los 4.000 metros.

El colombiano fue doble campeón del mundo de la prueba del ómnium, una competencia en la que hay que ser muy regular, en la que hay que acumular puntos en pruebas exigentes de medio fondo, velocidad y tiempo.

Por eso, por su trabajo en la pista, Gaviria tiene la ‘facilidad’ de ganarles a sus rivales en los metros finales en la ruta, de saber cuál es el momento indicado para lanzarse, de medir la distancia desde su impulso a la raya de sentencia y la habilidad para hacer un movimiento extra de su bicicleta, buscar el ‘hueco’ por el cual meterse para, metros más adelante, levantar los brazos en señal de triunfo.

La labor del equipo es impecable; se nota que los entrenamientos han dado frutos. Gaviria, quien llegó al Quick-Step en el 2016, ya ha tenido tiempo para que lo conozcan sus compañeros, para entrenar en largas jornadas cómo levantar el embalaje, así como lo mandan las ‘reglas’ del ciclismo.

Tiene a un hombre clave en esos últimos kilómetros: el argentino Maximiliano Richeze, su último hombre, su lanzador, el que lo lleva a rueda, el que le abre el camino y el que le deja el balón rebotando en el área para que él entre, remate y maque el gol. Richeze y Gaviria se conocen bien, de memoria; los dos comparten habitación durante el Giro, porque un embalaje no solo es ir más rápido; también, una cuestión de confianza, de una buena relación profesional.

Clave en los remates de Fernando Gaviria es saber el trabajo de cada compañero, conocer dónde los encuentra cuando los va a necesitar, saber leer la llegada, analizar las curvas y la recta, conocer al dedillo las fortalezas y debilidades de sus rivales, y eso sí que lo hace bien el Quick-Step, una escuadra que no solo tiene al colombiano en esos finales, sino a Marcel Kittel, tal vez el mejor del mundo en esta clase de llegadas.

Los integrantes del Quick-Step saben muy bien las ruedas por seguir, solo tienen milésimas de segundo para encontrar la solución a un cambio intempestivo en la planificación hecha antes de la etapa.

Con sumo cuidado analizan cuál es el instante ideal para saltar en busca de la victoria, de apoderarse de la parte delantera del lote y no dejar que ningún rival les robe la línea de carrera.

Gaviria es el hombre que remata la labor, el ciclista que ha puesto el sello a las claves de un buen embalaje: organización, confianza, improvisación, valentía y potencia.

Las llegadas del Giro son muy peligrosas, impredecibles, caóticas, y eso lo saben en el lote. A eso se debe que a un embalador como Gaviria solo le queda ignorar el peligro y rezar para que todo salga bien.

En Messina, a Gaviria no le dio miedo apretar el acelerador; llegó a su máxima potencia, 1.339 vatios, sin pensar ni en una caída ni, mucho menos, en la derrota; solo aplicó la norma que tienen los grandes velocistas: “Está prohibido frenar”.

LISANDRO RENGIFO
Redactor de EL TIEMPO
En Twitter: @LisandroAbel

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