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Actualizado 11:15 a.m. - miércoles 16 de abril de 2014

05:05 p.m.

'Violines en el cielo', filme ganador de un Óscar el año pasado, es una confrontación con la muerte

El director Yôjirô Takita explica los motivos que tuvo para rodar la cinta que se quedó con la estatuilla dorada a mejor filme extranjero y que representa el rito funerario japonés.

Yôjirô Takita lleva más de 20 años haciendo series para televisión y cine en su país natal, Japón. Pero hace tres años se detuvo a pensar en la muerte. "Cuando era niño, la muerte era algo más íntimo, los funerales se hacían en las casas y las causas del fallecimiento no se comentaban", recuerda.

A los 54 años, este experimentado realizador, nacido en Toyama, decidió hacer una cinta basada en el rito funerario: Okuribito -que en inglés se llamó Departures (partidas) y en español, Violines en el cielo- y que ya se estrenó en Colombia.

La génesis de la historia estuvo en las experiencias de su protagonista, Masahiro Motoki, cuando viajó a India y la fascinación que le causó la forma como abordan la vida y la muerte en esa cultura.

"Cuando leí el guión lo sentí familiar y cercano -respondió Takita, desde Tokio, vía correo electrónico-. Era una historia encabezada por la muerte, pero que, curiosamente, caminaba hacia la vida. En ese momento, ya no tuve más dudas, el sentimiento que me dejó la lectura fue edificante".

Violines en el cielo relata la vida de Daigo, un violonchelista que, al perder su trabajo en la Sinfónica de Tokio, regresa a su pueblo natal. El único empleo que consigue es al lado de Ikuei Sasaki, un hombre mayor que se dedica a preparar cadáveres en un solemne rito funerario.

"Me interesa que la gente que vea la película fuera de Japón descubra que hay vida dentro de la muerte. La muerte es algo que el ser humano no puede obviar, es algo universal", agrega.

Además de la historia de Daigo, la cinta sumerge al espectador en las escenas capturadas en distintos lugares de la geografía japonesa, al ritmo de la música que acompaña con perfección las secuencias.

"Entendí muy bien el protagonismo de la música. Joe Hisaishi me ayudó con las composiciones y a elaborar la estructura musical. Escogimos el chelo por el amplio rango de notas que puede alcanzar, algo que, de algún modo, expresaría la complejidad sentimental del protagonista y los cambios que él sufriría. Sabíamos que el instrumento tendría mucha importancia", comentó.

En un principio, el proyecto tuvo dificultades económicas porque "es muy complicado atraer inversionistas cuando la muerte es el eje del filme", en palabras de Takita.

Sin embargo y después de 13 meses de espera por un estreno en Japón, los miembros de la Academia de Hollywood le concedieron el Óscar a mejor cinta extranjera el año pasado.

"'¿Por qué no la envían a participar en los Óscar?' era lo único que yo les gritaba con rabia a los publicistas, ante el retraso en el lanzamiento. Después llegó la nominación. No entiendo la razón por la cual las películas deban ser reconocidas en el extranjero para que les presten atención en el mercado japonés. Me gustaría saber la respuesta".

Después de Violines..., Takita se toma con calma sus días. Tiene claro que el proyecto cambió su percepción acerca de la muerte.

"Ahora la encaro como algo natural. Es obvio, tengo miedo de morir, pero desaparecieron los demonios que la rodeaban. Pienso que a los niños hay que hablarles de la muerte; es importante para el ser humano tener claro que lloramos al nacer o al morir".

Una película llena de símbolos

-La comida y la muerte: en una combinación extraña, el director Yôjirô Takita hace planos excepcionales sobre los platos de comida y los ritos funerarios. "Adoro estas secuencias. Creo que en la comida está el poder de la vida".

-La música: la versatilidad musical que alcanza el violonchelo representa la emotividad en la vida del protagonista. "Me gusta mucho la escena en la que Daigo toca el Ave Maria en la oficina funeraria. En ese momento, sin una sola palabra, te da cuenta de que todo ha cambiado en la historia".

-El rito funerario: en la película, cada cadáver es preparado con una ropa y aromas especiales en frente de su familia, cuidando de cubrir el cuerpo del fallecido y solo dejando al descubierto su rostro. "Investigué mucho al respecto y me encontré en una atmósfera de respeto y admiración absolutos por la personas que parten. Quise también expresar algo de la belleza de esa ceremonia de la muerte".

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