Música y Libros

Valledupar quiere que su vallenato atraiga público todo el año

Buscan que el turismo temático vallenato siga llegando a la ciudad en días distintos al Festival.

Silla de Diomedes Díaz, en Valledupar

La silla de Diomedes Díaz, en Valledupar, y el monumento a su hijo son dos de los lugares más visitados durante el festival vallenato.

Foto:

Jáider Santana / Festival de la Leyenda Vallenata

07 de mayo 2018 , 03:30 p.m.

Un lunes antes del Festival de la Leyenda Vallenata que acaba de terminar, Adela Becerra –coordinadora de turismo de la Alcaldía de Valledupar– se dio a la tarea de contar cuántas personas se sentaban en la silla de bronce de Diomedes Díaz, en la glorieta de los Juglares. Fueron 500 en una hora.

Cualquiera que haya estado en el Festival, que este año recibió unos 160.000 turistas, convendrá que durante esta fiesta hubo muchas más. La fila de los días normales se convirtió en dos: la de Diomedes y la que rodeaba la figura de El Gran Martín Elías, inaugurada por la Alcaldía el 14 de abril en el aniversario de su muerte. “Cada vez que voy o vengo del trabajo –dice la promotora de cultura de la ciudad, Sandra Arregocés–, no importa la hora, hay gente ahí”.

También la hubo en las vacaciones de diciembre, anota el alcalde Augusto Ramírez Uhía –conocido como Tuto Uhía desde sus épocas de cantante–. “Hemos entendido que Valledupar es una ciudad atractiva, de ríos, de parajes turísticos, de un acervo cultural que está siempre, no solo para ser explotado durante cuatro días al año”.

Por eso, explica, la iluminación navideña de este año tuvo motivos alusivos a la cultura del vallenato. Incluso, se dejaron en el cerro de Hurtado las que representaban la canción ‘La casa en el aire’, porque allí estará el museo del compositor Rafael Escalona.

El esfuerzo de Valledupar es que la descripción de Capital Mundial del Vallenato realmente tenga un sustento más allá de los días del festival. “Por eso –indica el Alcalde– le entregamos la moneda –escultura con la cara de Diomedes y sello con uno de sus versos– a Mamá Vila, y ella la guarda en su casa, porque la gente quiere visitar la tumba del ídolo y también verla a ella”. Se refiere a Elvira Maestre, mamá de Diomedes Díaz y abuela de Martín Elías.

Su hogar, en el barrio de San Joaquín, es visita obligada de los foráneos que llegan sedientos de símbolos vallenatos.

Mamá Vila solo permanece sentada en su habitación. Su hijo Elber Díaz explica que no se muda de ahí aunque su casa se haya convertido en una especie de museo, con su tienda de recuerdos y espacios despejados para que circule la gente.

Adentro, el visitante festivalero recibe una veloz descripción verbal de las fotos de las paredes por parte de una persona de la alcaldía.

Las esculturas en Valledupar referentes al folclor están recogidas en un mapa de la ciudad que resalta las 11 glorietas con sus respectivos monumentos. Están la pilonera mayor, el pedazo de acordeón, los gallos de pelea, el cacique Upar, los instrumentos musicales y, claro, la de los juglares. Los más recientes son el de Martín Elías y el busto de Leandro Díaz. El espacio que ocupa este último, explica el alcalde, era antes un separador normal, ahora tiene vida. Parecida fue la historia de la glorieta de los juglares, inaugurada en abril del 2017. Era un lugar de paso en el que nadie se detenía y hoy es un destino.

Casas museos

Dice Elber Díaz que la casa de su madre parecerá más un museo el año entrante. Habrá un cuarto de Diomedes con algunas de sus pertenencias y otro de Martín Elías.

Así se forman los museos en Valledupar. Beto Murgas, autor de ‘La negra’, tenía una colección de acordeones y un conocimiento dado por la investigación de sus raíces. Consciente de la curiosidad que generaba, un día reorganizó su casa para compartir sus tesoros con el público. Ahora es la Casa Museo del Acordeón de Beto Murgas, lugar número 1 por visitar en la ciudad, según TripAdvisor. Durante este festival recibió 800 visitantes; en el de 2017, contó con 550 personas. “Empresas turísticas, operadores particulares, universidades y empresas nos han escogido”, dice Murgas. Fuera de estos días de fiesta, sus temporadas de más visitas son enero, Semana Santa, junio y la semana de receso, en octubre.

“Los que estamos en Valledupar queremos que la gente no solo venga cuando hay Festival (dice Adela Gómez, cabeza de la Fundación Dinastías y Juglares Vallenatos, junto con el rey de reyes Hugo Carlos Granados). Queremos dar otros motivos para volver y puedan ir a la casa de un juglar, que es un museo desde el momento en que un viejo lleno de tradición empieza a contar sus historias”.

Queremos dar otros motivos para volver y puedan ir a la casa de un juglar, que es un museo desde el momento en que un viejo lleno de tradición empieza a contar sus historias

Por eso, su fundación tiene el proyecto ‘Tras las huellas de...’, en la que grupos puedan visitar a juglares de la talla del rey vallenato 1972, Náfer Durán, o Chema Ramos (rey en 1977), o incluso la misma dinastía Granados. Así mismo, abrirá como museo la casa de Ovidio Granados, uno de los competidores del primer festival (1968), que es un afamado técnico de acordeones y padre de dos reyes vallenatos.

De todos modos, la gente lo busca cualquier día del año. “Allí pueden ver a nuestros hermanos mayores –cuenta Gómez en alusión a los indígenas– que le traen los acordeones enfermos para que los repare”.

La ciudad parece haberse decidido a responder ante la queja de quienes llegan en cualquier otra época del año y no encuentran dónde oír vallenato. “Si vienes en mayo no encuentras mucha música típica –dice Hernando Riaño, cuya fundación, Decuplum, organiza el Evafe, Encuentro de Vallenato Femenino–. No hay un programa específico. Se habla de hacer algo en la plaza Alfonso López, que sea como llegar a México y encontrar un mariachi en la plaza Garibaldi, que siempre haya un grupo musical. Eso poco a poco se va a dar”.

El alcalde Ramírez Uhía recalca que para eso es la intervención de la plaza Alfonso López. “La gente quiere relacionarse con nuestra cultura y esta no puede ser algo intangible. Debe ser algo que la gente pueda sentir, tocar”, dice. Entonces, describe un ‘hall’ de la fama y afirma que habrá un espacio para que los conjuntos estén disponibles. El punto delicado parece ser que piensa cambiar también la tarima Francisco el Hombre. “Sería como si el alcalde de París quisiera cambiar la torre Eiffel”, opina Efraín Quintero, decano de Bellas Artes de la Universidad Popular del César.

El alcalde habla también de la remodelación en marcha de la Casa de la Cultura y de la transformación del parque del Helado (donde compiten los acordeoneros infantiles) en el nuevo parque de La Provincia.

La gente quiere relacionarse con nuestra cultura y esta no puede ser algo intangible. Debe ser algo que la gente pueda sentir, tocar

“Me permito anunciar –dice Ramírez Uhía– que el parque de La Provincia tendrá como padrino a Carlos Vives”. Según el plan, el avión que hay en el lugar se adecuará para ser el museo de Vives. Otro compromiso de la administración es construir La Casa en el Aire.

Varios, como el rey vallenato Jaime Dangond, piensan que la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata hace ya su aporte cada año con el evento en sí y que son los gobiernos y organizaciones culturales los que deben hacer programas y políticas para mantener el imán turístico del folclor el resto del año.

El mismo festival tiene una agenda más larga. Sus fechas oficiales son del 26 al 30 de abril. Pero cada año suma más actividades previas, como el desfile de Willys Parranderos, la fiesta de las Piloneras, los concursos de dibujo). Este año, desde comienzos de abril, había agenda. No era así hace diez años.

La organización del festival también tiene promesas pendientes con la ciudad. Rodolfo Molina, su presidente, recuerda que un proceso legal detuvo las obras que Consuelo Araujonoguera dejó con planos terminados, antes de morir en el 2001. “No es más que levantar las paredes –asegura–: un teatro, un centro de convenciones, el museo, la escuela, sala de grabación, un taller para construcción de instrumentos. Era como el Disney vallenato que pintaba Carlos Vives, porque él habló mucho con Consuelo y ella le decía: ‘Carlos, tú vas a ser grande y necesitamos que te empeñes en esto’ ”.

Molina agrega que la Fundación vislumbra generar otro evento, del que no da más detalles. Por lo pronto, hay proyectos andando. Las agencias turísticas ofrecen paquetes como ‘La ruta de Diomedes’, que incluye ir a Carrizal y a La Junta, o la visita a Patillal y otros lugares presentes en las canciones. Adela Becerra, de ProValledupar, dice que ya hay establecimientos cercanos a la plaza Alfonso López que tienen vallenato en vivo los fines de semana.

Está el Evafe, de noviembre, que en sus dos primeras ediciones reveló el filón que puede ser el vallenato hecho por mujeres. La Fundación Decuplum también hará un piloto de otro concurso, durante las vacaciones de junio, dedicado al formato de vallenato en tipibajo (conjunto típico con bajo eléctrico).

Y ya que una de las debilidades detectadas de este folclor era la falta de profesionalización, el decano de Bellas Artes de la Universidad Popular del César informó que la institución está por abrir el programa de música vallenata, que espera atraer a estudiantes de todo el país y, por qué no, de fuera.

LILIANA MARTÍNEZ POLO
Enviada especial de EL TIEMPO
Valledupar
En Twitter: @Lilangmartin

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