Música y Libros

‘Creo que detrás de lo obvio hay cosas muy profundas’

Margarita García Robayo habla de su novela más reciente, ‘Tiempo muerto’.

Margarita García

Margarita García es autora también de ‘Lo que no aprendí’ (2013) y ‘Hasta que pase un huracán’ (2012).

Foto:

Carlos Ortega / EL TIEMPO

22 de diciembre 2017 , 08:26 p.m.

Una escena casual: un grupo de adultos aficionados al ukelele, que se conocieron por Facebook y se citan para practicar con el instrumento en una playa solitaria de Miami (EE. UU.). Esta imagen, en la que la escritora Margarita García Robayo percibe cierta “decadencia”, le resultó reveladora.

Momentos fugaces como ese, que a veces clarifican ideas en la mente, y que García (1980) observó en unas vacaciones, en compañía de su esposo y su hijo pequeño, definieron el camino de Tiempo muerto, su novela más reciente.

La autora cartagenera, radicada en Buenos Aires, cuenta que tiempo atrás venía pensando y leyendo sobre “el paso del tiempo” en ensayos filosóficos, pero no lograba encontrar la estética adecuada para abordar el tema hasta que contempló la escena de la playa.

Aclara que se trata de un hecho tangencial, que tan solo aparece en la novela como una especie de guiño, pero la trama no tiene nada que ver con lo que ocurría en ese lugar.

En realidad, García busca llevar al lector a la historia fallida del matrimonio de Lucía y Pablo, los protagonistas, y de sus dos pequeños hijos, Tomás y Rosa. De manera concreta, a ese punto de “tiempo muerto”, cuando el amor desaparece y da paso a una cierta monotonía de la vida.

“En la literatura, por lo menos en estos momentos, me interesan mucho esas historias contenidas que te cuentan algo aparentemente banal, pero que está atravesado por un montón de temas y reflexiones que te dan una sensación, al menos, de profundidad. Así sea algo inabarcable”, explica.

Suelo mirar mucho los entornos cercanos, y en situaciones donde aparentemente no pasa nada me gusta encontrar esa fisura

Sin tomar posición, y solo a través de potentes imágenes literarias, García va narrando de manera implacable las pequeñas rupturas de la cotidianidad humana.

“Suelo mirar mucho los entornos cercanos, y en situaciones donde aparentemente no pasa nada me gusta encontrar esa fisura. Qué está pasando ahí, en esa conversación en ese bar, en esa mesa de al lado. Siempre creo que detrás de lo obvio hay cosas muy profundas”, comenta la autora.

Esa capacidad la afinó, afirma, cuando tuvo a su cargo un espacio llamado La ciudad de la furia, que salía en la contraportada de un diario argentino. Su función consistía en salir tres veces a la semana a observar y contar lo que ocurría en la ciudad.

“Empecé a diseñar mecanismos para cumplir con esta tarea, y uno de esos era, por ejemplo, sentarme en un bar y tratar de darles algún sentido a las conversaciones que escuchaba en las mesas de al lado”, recuerda García, cuyos textos literarios también se han publicado en Estados Unidos, Italia y España.

Hasta lo más bello, anota, puede transformarse en algo “monstruoso” cuando se fija mucho tiempo la atención sobre eso. Y ese oficio un tanto etnográfico, de analizar conductas, ha sido materia prima valiosa para sus escritos.

Si bien comenzó tomando notas “mentales” de todo lo que veía, ahora con la ayuda del teléfono móvil suele apuntar muchos detalles y situaciones. “Creo que mis archivos más grandes son los de notas”, dice.

De allí se fue nutriendo para tejer la trama de Tiempo muerto, en la que también medita sobre ese fenómeno de los migrantes y la noción de patria, desde la perspectiva de Lucía, la protagonista, que no cree mucho en esa idea.

“Ese es un tema que ha estado orbitando mis textos y mis libros desde que comencé: la construcción tan problemática y tan maleable del concepto de identidad y de pertenencia”, acota.

Es un sentimiento que la toca a ella de manera directa, por su misma manera de ser nómada; de ir y regresar al lugar de origen. “De volver y estar siempre incómoda, queriéndome ir, no sé a dónde. Mi tendencia es claramente el desarraigo. Me cuesta mucho más enraizarme que irme”, dice.

Y aunque no cree en la idea de patria, García tiene muy presente su Cartagena natal y toda esa cultura caribe tan potente.

“Bebo muchísimo de mi caribe natal, me emborracho de él. No lo puedo soltar, está en todas mis novelas. De hecho, creo que buena parte de los personajes que construyo pertenecen a una especie de clase media caribeña arribista que me es muy familiar”, dice.

Uno de los rasgos particulares de la literatura de García es la contundencia que busca a través de sus historias, para que se sustenten por sí mismas.

“Tengo algo como un pacto claro conmigo, y es que en lo que respecta a la literatura, no transo. Sé que en novelas anteriores hay gente que se afecta, pero yo la verdad privilegio el resultado. En eso soy bastante fría, no pido permiso, porque tengo muy claro que eso es ficción. Además es mi manera de sacar ciertas cosas y ponerlas en un lugar donde estén quizás mucho más a salvo que si se quedan en mí”, concluye.

CARLOS RESTREPO 
EL TIEMPO @restrebooks

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