Música y Libros

Cuarenta años sin la emblemática música de Garzón y Collazos 

Esta agrupación de música colombiana andina se silenció en 1977. Así lo relata la hija de Garzón.

Garzón y Collazos

Se les bautizó como los ‘Príncipes de la Canción Colombiana’, nombre que lleva el concurso nacional de duetos, en Ibagué, que se celebra cada año.

Foto:

EL TIEMPO

08 de diciembre 2017 , 10:33 p.m.

El niño se acercó al maestro Alberto Castilla, cuando este lo llamó. Siempre se escondía con sus compañeritos de juego, cada vez que veía al director del Conservatorio del Tolima. Con apenas 12 años, Darío Garzón se encaramaba en un cajón de madera, para dirigir a su grupo, mientras le sacaba melodías a una peinilla cubierta con una hoja de naranjo, que los demás músicos también utilizaban, soplando para conseguir un sonido similar al de una dulzaina.

Simulaban ser una orquesta. El maestro le preguntó al niño si quería estudiar en el Conservatorio y él le respondió que no tenía cómo pagar la matrícula, ya que su papá no estaba de acuerdo con su inclinación musical. El maestro Castilla pagó la matrícula de 1,50 pesos, y lo vinculó al claustro, así cambió totalmente el rumbo de su vida y dio inicio a su exitosa carrera musical.

El pasado 23 de noviembre se cumplieron 40 años de la desaparición de la agrupación que mi padre, Darío Garzón Charry, conformó con su amigo Eduardo Collazos, que le abrió camino a uno de los formatos más queridos de la música andina colombiana.

Mi padre nació en Girardot el 9 de enero de 1915 en el hogar de Flora Charry y Ramón Garzón. A la edad de 6 años se trasladó con su familia a la ciudad de Ibagué en donde inició sus estudios. En sus ratos libres dedicó tiempo a aprender guitarra, tiple y bandola y, en el Conservatorio del Tolima, estudió clarinete, flauta, piano, solfeo, canto y teoría de la música, también formó parte de su coral. Además llegó a convertirse en profesor y más tarde, en asistente del maestro Alfredo Squarcetta, sucesor del maestro Castilla.

Enseñó canto y música, creó coros y grupos instrumentales en los colegios y escuelas de Ibagué, y como profesor del gobierno departamental recorrió el Tolima recopilando temas folclóricos y haciendo arreglos musicales.

Por su parte, Eduardo Collazos, hijo de Ramón Collazos y Segunda Varón, nacido en Ibagué el 13 de octubre de 1916. Desde muy pequeño aprendió a interpretar la música de cuerdas, pues su padre y sus tíos maternos tenían una estudiantina.

En 1935 mi padre dirigía y actuaba con el grupo Los cuatro alegres muchachos. Dos años más tarde, necesitó un guitarrista y le recomendaron a Eduardo Collazos, destacado intérprete del tiple, quien se acopló al conjunto y se entendió vocalmente muy bien con él, así surgió el dueto Garzón y Collazos. Mi padre era la primera voz y tocaba la guitarra y Eduardo hacía la segunda voz y rasgaba el tiple.

Su primera presentación fue en el Club Mary de Ibagué y su interpretación de ‘Hurí’, entre otras, conquistó al público ibaguereño. En los años siguientes, actuaron en las emisoras: Ondas de Ibagué y La Voz del Tolima, ello posicionó el dueto en territorio pijao.

Luego, viajaron a Cuba, con enorme éxito y en 1942 realizaron con la R.C.A. Víctor sus primeras grabaciones: ‘El pescador’, ‘El boga’ y ‘Las lavanderas’. Las dos últimas, musicalizadas por mi padre.

Su primer disco de larga duración, ‘Flor del campo’, grabado por sello Vergara, obtuvo tal acogida, que las emisoras y los bares debían adquirir varias unidades de los acetatos, pues de tanto ponerlo se les dañaban los surcos.

Para el año de 1945, el dueto realizó su primera de varias giras por el país, donde cosecharon grandes triunfos.

Un año más tarde hicieron su debut en la radio, en emisoras como la Nacional, Nueva Granada, La Voz de Bogotá, y en Radio Santa Fe (programa diario durante tres lustros) y conquistaron el gusto por la música andina.

De esa manera, los famosos traganíqueles de los cafés bogotanos comenzaron a alternar sus tangos y boleros con bambucos, pasillos y guabinas, y las voces de Garzón y Collazos comenzaron a escucharse en los salones y en los ‘grilles’ de lujo.

En el año 1950, la agrupación se radicó en Bogotá, en donde continuaron su estrecha relación con la radio y se vincularon con Sonolux, grabando con los sellos Lura y Continental, su ascenso hacia la fama se fue consolidando.

Mi infancia y la de mis hermanos (Darío, Constanza y Carlos) transcurrió viendo a nuestro padre levantarse muy temprano para dictar clases en diferentes instituciones docentes como la Universidad Pedagógica Nacional, los colegios Mayor de Cundinamarca y La Enseñanza. Las alternaba con sus presentaciones en la radio y su contacto con la Academia Folclórica Luis A. Calvo de la cual fue fundador y por años, su director. Así mismo atendía los compromisos artísticos del dueto –dentro y fuera del país–, creaba y dirigía grupos musicales en entidades como el Hospital Militar Central.

Esta vocación por la docencia también se la contagió mi padre a su compañero Eduardo Collazos, incorporándolo a la Academia Garzón y Collazos que inicialmente funcionó en Bogotá
.

Al pensar en sus enseñanzas, creo que mi padre nos legó la disciplina, la responsabilidad, la orientación al logro, la entrega y la versatilidad. Además, el amor por nuestra música andina colombiana ya que, como profesor del colegio, mostró su alto nivel de exigencia, característica de la que hizo gala durante toda su vida.

Uno de sus logros fue obtener el escalafón en Bellas Artes del Ministerio de Educación Nacional.

A través de ocho lustros de carrera artística, Garzón y Collazos impusieron su estilo y se convirtieron en el dueto más imitado del país. Grabaron centenares de bambucos, pasillos, guabinas, bundes, valses, danzas, sanjuaneros, torbellinos y rajaleñas, algunos, inspiración de mi padre, como las dedicadas a sus cuatro mujeres: mi abuela (‘Madre’), a mi mamá (‘Te juré mi amor’), a mi hermana Constanza (‘Niña de los labios rojos’) y a mí (‘Tus ojos’).

La agrupación popularizó y convirtió en éxitos obras de compositores colombianos como: ‘Cenizas al viento’, ‘Pescador, Lucero y Río’, ‘Yo también tuve veinte años’

La agrupación popularizó y convirtió en éxitos obras de compositores colombianos como: ‘Cenizas al viento’, ‘Pescador, Lucero y Río’, ‘Yo también tuve veinte años’ y ‘Pueblito viejo’, de José A. Morales. Así como ‘Espumas’, ‘Al sur’, ‘Oropel’, ‘Los remansos’, ‘Los guaduales’ y ‘El barcino’, de Jorge Villamil. Otros de sus éxitos fueron ‘Negrita’, de Luis Dueñas Perilla; ‘El bunde tolimense’, de Alberto Castilla; ‘Soy colombiano’, de Rafael Godoy; ‘Tupinamba’, de Adolfo Lara; ‘Ora sí entiendo por qué’, de Pedro J. Ramos, ‘El Sanjuanero’, de Anselmo Durán; ‘La Ruana’, de Luis Carlos González; ‘Guabina chiquinquireña’, de Alberto Urdaneta; e ‘Ibaguereña’, de Leonor Buenaventura de Valencia.

Garzón y Collazos grabó discos acompañados de los maestros Oriol Rangel, Luis Uribe Bueno y Jaime Llano González, con Sonolux por 20 años y con Preludio. El éxito de sus últimos álbumes les permitió recibir varios discos de oro y platino.

Recuerdo las narraciones sobre sus viajes, una vez consagrados en Colombia. Se sentía muy orgulloso de su histórica presentación ante los soldados colombianos que luchaban en la Guerra de Corea y aquella memorable en el Carnegie Hall de Nueva York, liderando la representación de la música folclórica colombiana en el exterior.

El 23 de noviembre de 1977 en Bogotá, partió a la eternidad Eduardo Collazos, dando por terminado el dueto denominado ‘Príncipes de la Canción Colombiana’.
Esto impidió hacer la gira de despedida por el país que tenían planeada.

Después de la muerte de su compañero y amigo, mi padre se radicó en Ibagué, por orientación médica, continuó enseñando en su Academia Musical Garzón y Collazos, y participó en diferentes actos como artista o como jurado. Fue presidente de Sayco para el Tolima y adicionalmente fundó la Peña Taurina La Cacerina en honor al célebre diestro Pepe Cáceres.

Un año antes de su partida, recibió la gran condecoración en la inauguración de la Concha Acústica Garzón y Collazos, por más de 50 años de vida artística.

La muerte lo sorprendió en Ibagué el 23 de marzo de 1986. Recibió un multitudinario homenaje póstumo –como el de su compañero Collazos–, que congregó a personalidades del Gobierno y de la comunidad, y a músicos y artistas de todo el país, quienes junto con las voces del pueblo, los acompañaron hasta su tumba interpretando ‘El bunde tolimense’ y algunas de sus composiciones: ‘Soy tolimense’, ‘Madre’, ‘Nadie como tú’, ‘El boga’, ‘Campesina del Tolima’, ‘La canción del vaquero’, ‘A ti, madre del alma’, ‘La comadrita’, ‘Las lavanderas’, ‘La subienda’ y ‘Tú’.

Durante se trayectoria, el dueto Garzón y Collazos recibió decenas de condecoraciones en Honduras, Argentina, México, Puerto Rico, Estados Unidos
y Venezuela; la Orden de San Carlos del Gobierno de Colombia y el reconocimiento del Congreso de la República y bustos de los maestros en su tumba.

Es imposible no recordar lo publicado:

EL TIEMPO: “Ha desaparecido el último vestigio del más grande de todos los duetos musicales de nuestro país: Garzón y Collazos. La primera voz del maestro Darío Garzón y su inigualable guitarra viajó para unirse a la segunda voz y al singular tiple de su inseparable compañero y amigo Eduardo Collazos. Entre nosotros queda su legado: un código de amor por las cosas de la patria, labrado con la autenticidad que solo tienen los hombres del pueblo. Que nacen en él, crecen con sus valores y aprenden a amarlo, a respetarlo y a hacerlo respetar”.

“Durante cuarenta años, Darío Garzón Charry y Ángel Eduardo Collazos Varón vivieron el uno para el otro, unidos por las cuerdas de dos instrumentos musicales que los llevaron a la fama, interpretando los aires autóctonos de la zona andina colombiana”.

“Garzón y Collazos se constituyeron en el binomio principesco de la canción colombiana y llevaron al país y al mundo el mensaje musical de nuestra tierra. Por su desaparición, ‘Lloran los guaduales’ y ‘El boga tiene una pena’.

La Fundación Musical de Colombia: “El más representativo en todos los tiempos es sin dudas el dueto Garzón y Collazos; tras su huella y bajo el impulso que su dimensión forjara, se han conformado otros tantos en el Tolima y en el resto del país, quienes día a día trabajan por la conservación del patrimonio cultural de Colombia, manteniendo viva y vigente la herencia musical de los ‘Príncipes de la Canción’ ”.

Además, el 23 de marzo, fecha del fallecimiento de mi padre, fue escogido como Día Nacional de la Música Colombiana (Ley 851 del Gobierno de Colombia).

Año tras año, sus hijos varones, herederos musicales de Darío y Eduardo, les rinden homenaje en su tumba, cantándoles las canciones que ellos interpretaron en vida.

Su legado nos llena de orgullo, porque durante toda su vida, contribuyó enormemente a forjar la identidad cultural de los colombianos, con sus composiciones, interpretaciones y, ante todo, mediante la enseñanza de nuestros aires patrios, a centenares de niños, jóvenes y adultos.

MARÍA CRISTINA GARZÓN DURÁN*
Especial para EL TIEMPO
*Hija de Darío Garzón y consultora empresarial

Ya leíste 20 artículos gratis este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido
desde $10.999 al mes.

¿Ya eres suscriptor? Ingresa

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta gratis y pódras disfrutar de:

  • Acceso ilimitado al contenido desde cualquier dispositivo.
  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta gratis y disfruta de acceso ilimitado al contenido, desde tu computador, tableta o teléfono inteligente.

Disfruta del contenido sin límites

CREA UNA CUENTA GRATIS


¿Ya tienes cuenta? INGRESA