Música y Libros

Confesiones de un seductor: charla con Ricardo Arjona

El cantautor que más pasiones encontradas genera dice que no escribe para eruditos.

Ricardo Arjona, cantante guatemalteco

Ricardo Arjona, cantante guatemalteco.

Foto:

Mario Guzmán / EFE

11 de febrero 2018 , 12:18 a.m.

Ricardo Arjona nació en enero de 1964 en medio de una guerra civil. Dos años antes que él, en 1962, habían nacido las Fuerzas Armadas Rebeldes (Far), primera guerrilla guatemalteca, luego de un fallido golpe de Estado contra el presidente Miguel Ydígoras Fuentes en 1960. Durante los 36 años que duró el conflicto –el acuerdo de paz se firmó en 1996– fueron asesinadas 200.000 personas y 45.000 desaparecieron.

“Mi madre guarda, bueno, guardaba, los pantalones con los que terminé yendo al Instituto Público Rafael Aqueche. Los ‘jeans’ tienen una mancha amarilla, naranja, en la nalga derecha, que era la nalga del pañuelo con vinagre, para las bombas lacrimógenas. Era prácticamente un modo de vida, como agarrar el dinero para tomar el autobús. Tenías que agarrar tu pañuelo, mojarlo de vinagre, va al bolsillo de atrás, y el vinagre, por supuesto, manchaba el pantalón.

“En ese periodo crecí, pasando por muchas cosas, como compañeros de aula que decían ‘me voy a trabajar a Estados Unidos’ y nosotros sabíamos que se iban a hacerse guerrilleros. Yo estudié en un instituto donde se fraguaban los movimientos estudiantiles del país. Los líderes intelectuales más importantes de los movimientos sociales se cocinaban en el Instituto Rafael Aqueche.

“Irónicamente, yo pego un salto en el instituto por motivos deportivos: me becan como basquetbolista a la universidad más cara. A mí me pareció rarísimo, el primer día, cuando el profesor comenzó a preguntarles el nombre a todos en la clase. Yo venía de un instituto donde el que quería entraba y si quería ir a jugar básquetbol, se iba. Aquí la gente decía ‘me llamo fulanito de tal, vengo del colegio...’. Cuando yo dije ‘me llamo Ricardo Arjona y vengo del Instituto Rafael Aqueche’. ¡La volteada que pegaron todos! Porque decir que eras del Instituto Rafael Aqueche era...”

¿Problemático?

Terrible. ‘¿Qué hace este tipo acá?’. En algún momento portar carnet de la Universidad de San Carlos era un peligro también, porque en medio de esa convulsión social, la universidad guardó (salvo una o dos oportunidades) la posibilidad de no dejar entrar al ejército. Era el único lugar donde el ejército no podía entrar. Había en ese tiempo lugares donde se guardaban armas... Se vendía marihuana. Hay una canción mía que se llama... ay, dios, ¿cómo se llama? ‘¡Caudillo!’ Es mi paso por la Universidad de San Carlos...

La 23 avenida, 1-42, zona 1 de ciudad Guatemala (su casa de infancia). ¿Qué era lo primero que veía al salir de allí?

La casa de don Chava, un exboxeador que tenía un hijo gay, que ya era un surrealismo muy especial. Era el peluquero, y el que les enseñó a bailar a mis hermanas. El único muchacho con el que mi padre les daba permiso a mis hermanas de salir. La casa de don Chava tenía el primer televisor a color que conocí.

Antes de que usted y sus hermanas existieran, su tía era novia de su papá. Pero su mamá era quien escribía las cartas de amor que ella le enviaba a él. ¿Su tía podría haber sido su mamá?

Sí. A mi mamá, que murió hace tres años, le molestaba mucho que yo contara la historia esa. Y a mi tía, no sé si le cae muy en gracia. Mi tía vive en Nueva York y es una belleza. De hecho mi tía tenía unos ojos..., que yo entiendo perfectamente a mi padre. Era una mujer muy bonita. Mi mamá tenía lo suyo también. Dos años antes de morir, en una reunión cualquiera, mi madre decidió contarnos la historia y nos paralizamos. Había nietos, de todo. (...) La historia no les acabó de gustar a ninguna de las dos. A una, mi tía, porque quedaba como poco inspirada. Y a mi madre por excesivamente atrevida, ¿no?

¿Su mamá era de extrema derecha?

Sí. Reaccionaria diría yo, promilitares, tremenda.

¿Y su viejo, comunista?


Y mi viejo comunista, totalmente.

Ninguno de ellos era un gran ejemplo para nosotros, ninguno siguió normas de psicología que nos pudieran ayudar a construir personas que más o menos estuvieran listas para enfrentar la vida

¿Ahí usted entendió el amor?

O no lo entendí (sonríe). Eran estos polos opuestos que se atraían. Y nos hemos sentado los tres hermanos a tratar de entender qué pasó. Hemos llegado a la conclusión de que ninguno de ellos era un gran ejemplo para nosotros, que ninguno siguió normas de psicología o pedagogía que nos pudieran ayudar a construir personas que más o menos estuvieran listas para enfrentar la vida. Lo único que tenían claro era que mientras no aportaras para el arriendo o la comida no tenías voz ni voto en la casa.

¿Y cuando tuvo voz y voto qué le dijeron?

Cuando tuve voz y voto me fui.

¿Estrenó así la independencia?

De lleno. Comencé a trabajar muy chico. Fui mecanógrafo en Correos y Telégrafos, fui telegrafista también.

¿También fue maestro de primaria?

Sí, por cinco años. Era el trabajo que mi madre quería; quería que fuera maestro, como mi padre. O que fuera militar. Era muy dura. (...) ‘Ponte a estudiar, vago, haz como tu papá, consigue un trabajo’. Lo escuché desde los 16 años. Y justo empiezo a trabajar a los 16 años. Mi mamá me daba con lo que tenía cerca; hoy iría presa. Pero nunca tuvo culpa. Y eso la hacía un ser, para mí, superior. Alguien en quien ampararme, que me daba seguridad. Fíjate la barbaridad que te estoy diciendo, porque los psicólogos de hoy, para negocio de ellos, dicen que esto es terrible para la seguridad de los muchachos. Pero siempre, incluso cuando me fui a México y pasé de todo, sabía que tenía un lugar a donde regresar.

¿Cuánto tiempo estuvo ilegal en México?

Yo estuve en México ilegal casi tres años.

¿Qué pasó en el bar El Chato, en México?

Que escribí ‘Señora de las cuatro décadas’ ahí. Tiene varias líneas que cambiaría.

¿Por qué?

Hay canciones que, sin depurar, con ciertos delitos en el texto, tienen frescura extraordinaria. Hay dos caminos: escribir para eruditos o para golpearse emocionalmente. Escribo para golpearme emocionalmente.

¿Para golpearse o para golpear?

Golpearme. No puedo pretender golpear a nadie emocionalmente si no me golpeo yo. Cuando escribo “el problema no es que mientas, el problema es que te creo”, me golpea eso. Uno no es ningún tipo de otro planeta, alguna coincidencia se encuentra usted después.

¿Cuál es la frase que usted le cambiaría a esa composición?


Hay varias, hay varias.

¿Una?

“Esa fuerza volcánica de su mirar”.

No le gusta.

No. Encontraría 250 formas de hacerla.

¿Por qué cree que la gente lo escucha?


No sé, ni lo quisiera entender. Voy más allá de eso.

No me escucho nunca después de que hago los discos

¿Se siente bien consigo mismo?

Por supuesto. No me escucho nunca después de que hago los discos.

¿No los escucha?


No, no. Si ponen en este lugar un disco mío, me salgo. Nunca pongo un disco mío en mi casa. No tengo un trofeo ni un disco de platino.

Su último disco, ‘Circo Soledad’, tiene 14 cortes pero son 13 canciones: hay una intro de 17 segundos.


Sí, es por un asunto de cábala.

¿Es supersticioso?

Un poquito. Yo vivía en un piso 13, y me divorcié.

¿Cree que fue por eso?

Bueno, a alguien hay que echarle la culpa, si no me la echan a mí.

Los tiempos del ‘niñismo’

¿Dice que el feminismo ya pasó?

Creo que ya pasaron los dos (feminismo y machismo) y tenemos un lío tremendo. Creo que hoy los niños son los que tienen el poder en la casa y me parece terrible. Ya no hablo ni de machismo ni de feminismo, sino de ‘niñismo’: el poder está en los niños, y el daño que les estamos haciendo es enorme.

‘¿A dónde vamos a ir el fin de semana de vacaciones, niños?’. ¿Cuándo preguntaron eso nuestros padres? ‘¿Le parece mal?’. ‘¿Qué quiere de comer hoy...?’. Me parece una barbaridad. Volvemos a los padres culpables que hacen inseguros a los niños en serio. Me parece terrible el hecho de no tener una figura poderosa en la casa, y que la figura poderosa hoy, culpa de psicólogos y mucho libro y literatura, está en el poder de los niños. Y los niños no tienen la habilidad para ser poderosos. Me parece que estamos construyendo una generación amparada en una enorme soledad, porque no tienen de dónde agarrarse.

EMILSE PIZARRO
LA NACION – (Argentina) - GDA
En Twitter: @emipizarro

Ya leíste los 800 artículos disponibles de este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido digital
de forma ilimitada obteniendo el

70% de descuento.

¿Ya tienes una suscripción al impreso?

actívala

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA