Música y Libros

Rey de Reyes, la corona que le faltaba a la dinastía López

Álvaro López, integrante de una familia forjadora del folclor vallenato, se quedó con el trofeo.

Álvaro López, nuevo Rey de Reyes

López les hizo una dedicatoria a Diomedes Díaz y a su hijo Martín Elías, tras mencionar a Dios, a su padre y a Jorge Oñate.

Foto:

Jaider Santana / FFLV

02 de mayo 2017 , 01:47 a.m.

Álvaro López, rey vallenato 1992, es desde la madrugada de este lunes, el nuevo Rey de Reyes del Festival Vallenato. Había concursando antes en esta competencia que ocurre cada diez años y se había quedado con el cuarto lugar cuando Hugo Carlos Granados se llevó el trofeo para la casa de los Granados.

Los Granados y los López son las familias que tienen más coronas vallenatas. A los López les faltaba el Rey de Reyes.

Álvaro es hijo de Miguel, el primero de los López en ganarse una corona. Fue el rey en 1972, el primero que llevó cantante aparte a la competencia (Jorge Oñate) y el que estrenó los solos de la puya. Elberto ‘el Debe’ López fue el siguiente rey vallenato de la familia, en 1980. Luego siguieron Álvaro (1992) y Navín (2002).

El padre fue la única persona a la que el nuevo Rey de Reyes invitó a los ensayos con el fin de pedirle consejo. Era consecuente con el análisis que hizo al perder la oportunidad del 2007: “Me traicionaron los nervios –dice de la contienda de hace diez años–. Vi que tenía que buscar un estilo y eso hice. Busqué una fortaleza: cogí el estilo mío, el de mi papá y el de Alfredo Gutiérrez (primo hermano de Miguel) y me preparé en los tres. Eso se llama ‘tres en uno’”, añade el nuevo soberano del Festival, que actualmente toca con Jorge Oñate.

A mediodía del primero de mayo, Alvarito, como lo conocen, había descansado poco. Al bajarse de la tarima con la corona del Rey de Reyes sobre su cabeza (hasta que el peso le pudo y la soltó al fin como a las cuatro de la mañana) habían comenzado las fotos y las entrevistas. Era el precio de vencer en la final a cinco reyes y rivales más: Christian Camilo Peña (segundo lugar), Almes Granados (tercer lugar), Wilber Mendoza, Fernando Rangel y su primo Navín.

Esperando el fallo fue testigo de la emoción que despertó la presentación de Peña y se había negado a prestarle atención al rumor malintencionado que decía que Carlos Vives había movido hilos para que lo premiaran, cosa que este desmintió rápidamente.

López no quiso ni oír de eso. Ya había estado en tarima, había hecho su interpretación de los cuatro aires (paseo, puya, merengue y son) “Él, que suele ser serio al tocar, casi bailaba en el escenario”, diría emocionada una de sus hermanas mientras esperaba verlo regresar victorioso a La Paz, población a 20 minutos de Valledupar, de donde es toda la familia.

Álvarito confiaba en sus oraciones. “Le había pedido a Dios que me preparara tanto para recibir la corona como para no recibirla”, dice. Sabía que sus raíces eran su mayor fortaleza en una competencia de vallenato típico.

También se encomendó a la Virgen y a las almas de los difuntos queridos para él, uno de ellos, Diomedes Díaz. Porque Álvaro López no solo fue el acordeonero que acompañó al ‘Cacique de La Junta’ en sus últimos ocho años de vida, sino que lo vio como a alguien de la casa desde que apenas era un niño que quería tocar acordeón y el cantante era el utilero que buscaba una oportunidad de figurar con el grupo de los López.

“Cuando se separó de Jorge Oñate, mi papá tenía a Diomedes de utilero y a veces le dejaba cantar alguna canción. El que sí le echó el ojo fue mi tío ‘Debe’, que le grabó 'La ventana marroncita' ”.

Años después, Diomedes lo llamó para un breve reemplazo de ‘Colacho’ Mendoza, el primer Rey de Reyes de la historia. “Yo tenía apenas 20 años –recuerda Álvaro López–. Al volver, Diomedes me dijo: ‘Usted va a ser mi acordeonero, porque lo probé en Venezuela, y me llena mi corazón, entonces nos tocó un vuelo en avión, y en el trayecto me compuso una canción que se llamó El alumno, decía que el alumno supera al maestro. El maestro era ‘Colacho’, el alumno era yo”.

La unión no se concretó en ese momento y López fue llamado por Jorge Oñate y la dupla duró 12 años. Después, el acordeonero, que ya era rey vallenato, le aportó su experiencia y su trayectoria al primer álbum de Rafael Santos Díaz, hijo de Diomedes, titulado El turpial.

Siguió un receso y el llamado final de Diomedes. “Duramos ocho años, grabamos cuatro CD. Después de eso ¿Qué más le pido a Dios?”, recordó Alvarito.

Por esa presencia constante de Diomedes, López le hizo la dedicatoria a él y a su hijo Martín Elías delante de todo el coliseo del Parque de la Leyenda, después de mencionar a Dios, a su padre y a Jorge Oñate.

Diomedes se le aparece en sueños. Ya una primera vez le había dictado una melodía que dejó escapar al despertar. Pero hace unas pocas semanas, un día antes de la muerte de Martín lo volvió a soñar. En el sueño, Diomedes estaba regañando a Rafael y a Martín. “Él terminó de regañarlos y me dijo a mí: ‘Mira esta melodía’. Esa sí me la aprendí y la toqué en el Festival”.

LILIANA MARTÍNEZ POLO
Enviada especial de EL TIEMPO
Valledupar

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