Música y Libros

Para nuevas realidades, lenguajes de mayor impacto

Esta generación de académicos expresan el resultado de sus estudios en formatos como el cómic.

Diana Ojeda

De izq. a der.: Henry Díaz, historietista; Diana Ojeda, historiadora; Pablo Guerra, guionista y editor; y Camilo Aguirre, historietista y educador (quien no está en la foto).

Foto:

Claudia Rubio / EL TIEMPO

22 de diciembre 2017 , 06:41 p.m.

Pertenece a una nueva generación de profesoras. Viste igual que las jóvenes que oyen sus clases, salpica su conversación con sus términos; lee con fruición sus textos y se mueve por las redes sin ninguna complicación porque ella es nativa del mundo electrónico.

Su especialización y maestría las hizo en la Universidad de Clark, en Worcester, Massachusetts, y sus pregrados de Economía e Historia, en la Universidad de los Andes. Ha dictado seminarios y ha sido profesora en distintas carreras: Estudios Culturales, Antropología y en la maestría en Desarrollo Rural, de la Javeriana. Y, claro, dicta seminarios en la Universidad Nacional.

“Adoro ser profe. Por eso, cuando entro a los salones estoy feliz y transmito esa alegría. Que algunos de mis estudiantes no se interesen demasiado ni son los mejores lectores, pues me siento responsable y busco mil maneras para interesarlos”.

La geografía humana, que estudia las relaciones entre el espacio y el poder, se convirtió en su objeto de investigación, pero pronto se fue por la geografía feminista, una especialidad cada vez más estudiada.

“La geografía feminista parte de la idea de que necesitamos espacios que sean más incluyentes, menos agresivos, y eso pasa por construir realidades que no excluyan ni discriminen; de menor subordinación no solo para las mujeres, sino para otros sujetos que están en condiciones vulnerables. Hablemos por ejemplo de infinidad de calles: ¿corren los mismos riesgos los cuerpos de las mujeres que los de los hombres por esas calles?”, pregunta Diana con una sonrisa que anticipa la respuesta.

Otros modelos

En los últimos meses ha sido la voz cantante del grupo conformado por Pablo Guerra, guionista, editor y crítico de cómics; Camilo Aguirre, artista, educador e historietista, y Henry Díaz, historietista e ilustrador, y con algunos miembros de la comunidad de Montes de María con quienes trabajó un libro-cómic al que la comunidad nombró como Caminos condenados.

“Caminos condenados no es la adaptación de mi investigación (llevada a cabo con otros colegas durante más de seis años), pero está basado en ella. En el sentido estricto, este libro no es el resultado de volver cómic un artículo, una investigación.
Es otra cosa. El relato que venimos presentando en espacios muy académicos, que ha visto publicidad en otras formas de producción ligadas al mundo universitario, se fue por otro rumbo. Quisimos explorar el lenguaje gráfico. Intentar retratar esas cosas que no se pueden narrar con palabras, las que se sacrifican en los informes académicos. Para explicarlo mejor, usamos como ejemplo el último capítulo del libro, el de la cartografía social. Cuando se dibujó el pasado de la comunidad, uno de los personajes frunce los labios y tapa el marcador. No hace nada más. Un gesto que lo dice todo. En ese momento, a él se le viene su pasado encima. Recuerda al detalle lo que vivió como si hubiera ocurrido ayer, y la viñeta lo refleja al milímetro. Podría decirse que es el retrato de la etnografía de los silencios. De esos momentos en que nadie habla, en que cada quien mira hacia adentro. Explicarlo con palabras, en un texto académico, hubiera sido imposible”.

Como imposible que otro título captara con tanto acierto la situación de la comunidad de Montes de María, una región en la que, como se lee en la contraportada del libro, “los caminos eran medio y frontera. Conectaban extremos, separaban lotes y unían a los vecinos. Cuando las parcelas fueron fusionadas en un solo cultivo, en un desierto verde, nadie pudo volver a recorrer ni a cruzar esos caminos”. Los cultivos de palma africana los cercaron. La vida se volvió una existencia encerrada. Ya no pueden coger el agua donde antes lo hacían, ahora tienen que caminar más y atravesar cercas. No tienen dónde sembrar. La tierra está tomada por los monocultivos. Deben dar rodeos, coger por atajos. Los caminos están literalmente condenados.

Hombro con hombro

Estrenaron, en este libro-cómic, la investigación colaborativa, o sea, una modalidad que es discutida, línea por línea, con la comunidad. Un grupo de hombres y mujeres que se sintió a gusto de participar en la historieta, porque les daba mayor seguridad, no se ‘boleteaban’ como hubiera sucedido en un documental. Las comunidades campesinas y sus líderes están muy expuestos, como se conoce y reconoce. En el cómic su identidad queda totalmente borrada.

También fue colaborativo el trabajo con los ilustradores. No entregaron el texto a unos artistas para que lo montaran, sino que hicieron viajes conjuntos. Los creativos tenían siempre muchas preguntas, tomaron apuntes, ilustraron el lugar 'in situ'. Luego usaron referencias, vieron videos, consultaron estudios, como ocurre en cualquier investigación, y, al final, una hermosa y larga reunión para ver y leer el libro-cómic.

Todos lloraron. Se emocionaron de verse en esa narración graficada. “Habíamos capturado cómo se siente ese despojo gradual. Así nos lo dijeron. Interpretamos muy bien un fenómeno que es invisible para los medios y para otros sectores sociales”, sentencia Ojeda.

Caminos condenados fue producido por Editorial Laguna, que maneja el sello Cohete, de solo cómics. La primera edición, de mil ejemplares, se agotó rápidamente, y ahora está en circulación una nueva. Está respaldado por la Javeriana, el Instituto Pensar y el Centro de Estudios de Ecología Política (Ceep).

No fue la primera

Ojeda había intentado hacer un libro-cómic antes con un trabajo sobre la prostitución en Villavicencio, en medio de la economía extractivista. “No nos funcionó bien con los dibujantes. El dibujante ponía a todas las mujeres iguales, como si todas fuéramos Barbies o Yayitas”.

A partir del éxito con 'Caminos condenados' han sido invitados a compartir la experiencia y ya tienen listo otro cómic, sobre el despojo de la tierra en diferentes zonas del país. Lo lanzarán en la próxima Feria del Libro. Se trata de un recetario en el que plantean muchas preguntas: ¿por qué ya no hay algunos tipos de pescado? ¿Por qué la comida está envenenada? ¿Por qué está restringida un tipo de pesca? Son ocho recetas de cocina del Eje Cafetero, los Llanos Orientales y el piedemonte amazónico, entre otros lugares. Con cada plato se mezcla la historia de la política que se mueve en esa región y de las disputas por el territorio que se han sucedido desde el siglo XIX.

Revisionistas

La dolorosa y crítica situación de los campesinos y campesinas, fruto de un trabajo de investigadores y protagonistas y plasmada en fotonovela, tiene antecedentes. “El caso específico de esta modalidad de investigación se utilizó mucho en los años setenta del siglo pasado. Nos inspiramos en el trabajo del sociólogo Orlando Fals Borda, padre de la sociología y de la Investigación Acción Participativa (IAP)”.
Es icónico el cómic sobre la lucha agraria de los años 70 en la costa Atlántica, que rompió con la presentación de investigaciones en largos informes.

“Lo distinto es que nosotros no partimos de la idea de que teníamos que llegar al gran público, a las comunidades de manera sencilla y fácil. Ponemos en diálogo distintas formas de conocimiento. El de las campesinas con el de las ‘ilustradas’, por así decirlo. Lo que hicimos fue un hermoso y contundente telar que tejimos entre todos, con un lenguaje nuevo”.

Creatividad diversa

Diana Ojeda y sus colegas no brillan en soledad en el universo de los investigadores que intentan escribir y presentar sus relatos apelando a otros estilos.

Un encuentro convocado por el Instituto Pensar reunió un grupo, sobre todo de mujeres profesionales, que compartió sus trabajos de campo presentados en testimonios en primera persona, en poesías y hasta en cartas. Se trajeron a colación también ejemplos musicales como los de las tradicionales cantaoras de las costas Pacífica y Atlántica.

“El trabajo de Lina Pinto, bióloga que adelanta un doctorado en Estudios de la Ciencia y la Tecnología en Canadá, me gusta mucho –dice Diana–. Su investigación la entrelaza con su testimonio. Un testimonio que ilustra que todo lo que se oculta en el trabajo etnográfico cuando sale a la luz enriquece la investigación”.

Otras miradas

Kristina Lyons, profesora asistente en la Universidad de California, presentó una ‘ecopoesía’ en la que dio cuenta de su visita a una vereda en Puerto Guzmán gravemente afectada por la deforestación, la contaminación de las fuentes hídricas por la minería de oro, la degradación de los suelos por la ganadería y los llamados cultivos ilícitos, la falta histórica de asistencia técnica agroecológicamente apropiada y nuevas amenazas por parte de actores armados que quieren asumir control de la cadena del narcotráfico y las comunidades locales.

En su ‘ecopoesía’ se pregunta, después de haber visto las tonalidades de un pedazo de esa tierra bajo un microscopio: “¿Cómo se puede evaluar la salud del suelo sin preguntarse, primero, de quién es la tierra ocupada que ha sido usurpada y tomada a la fuerza? ¿Cuáles cuerpos esclavizados trabajan los ahora exhaustos terrenos de cultivo? ¿Qué actores acumularon extensiones de tierra a través de desalojos violentos y contratos ilegales? ¿Cuáles son los procesos que gentrificaron barrios específicos, marginaron otros y convirtieron otros más en vertederos radiactivos de residuos tóxicos? ¿Qué tipos de restos residuales quedan en suelos ocupados militarmente, bombardeados y convertidos en fosas comunes y tierras arrasadas? Y, ¿cuáles corporaciones fabricaron estas bombas y cuáles ejércitos y administraciones dieron la orden para que fueran lanzadas? ¿Qué formas de vida habitan en suelos dañados y cuáles se rehúsan a regresar, o son incapaces de vivir en un lugar tan vulnerado?”.

Preguntas a las que responde de manera poética. Parece, entonces, que están pasando de moda las revistas académicas; que el paper científico no se está leyendo mucho y que se abren paso las fotografías ensayo, las narraciones cortas con muchos hipervínculos, las infografías interactivas y estos experimentos que combinan la investigación profunda con ropajes nuevos, en los que la imaginación predomina.

MYRIAM BAUTISTA G.
Especial para EL TIEMPO

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