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El triunfo de las revistas de moda independientes

La categoría ‘fashion’ del negocio editorial vive un nuevo auge gracias a las revistas alternativas.

Revistas de moda independientes

Algunas de las revistas que llevan más tiempo en la senda de la independencia, como ‘Love’, ‘Paper’, ‘The Gentlewoman’ y ‘Another Magazine’, ya tienen un público y un prestigio.

Foto:

Archivo particular

19 de noviembre 2017 , 12:15 a.m.

Según el libro ‘Guinness de los récords’, James Hyman es el mayor coleccionista de revistas del mundo. Este locutor de radio y DJ inglés de 47 años, que durante los 90 trabajó como guionista en MTV Europe, lleva 25 años recolectando, clasificando y analizando publicaciones impresas de todo tipo provenientes de diferentes partes del mundo, y que incluyen desde revistas comerciales de alta gama hasta fanzines (publicaciones de poco tiraje realizadas por y para aficionados a algún tema).

El almacén donde guarda su colección, ubicado en una antigua fábrica de municiones en el sur-oriente de Londres, es conocido como el Hyman Archive, tiene 100.000 ejemplares –de más de 2.000 revistas diferentes– y se ha convertido en un templo de peregrinación para investigadores de movimientos culturales, artistas, publicistas, fotógrafos y profesionales de la moda. Para los creativos de la marcas de lujo, el material de su archivo es fuente de referencia e inspiración.

“Es común ver a estudiantes o equipos de grandes casas de moda buscando material para desarrollar sus colecciones”, explicaba el coleccionista el año pasado en una entrevista con la revista WWD, en la que también comentaba que, curiosamente, cada vez estaban más interesados en revisar publicaciones independientes que en mirar las más tradicionales.

Aunque la tendencia de revisar ediciones ‘vintage’ de publicaciones emblemáticas del negocio del estilo aún se mantiene, en la última década las miradas también se dirigen a revistas de nicho o alternativas que ofrecen una perspectiva más diversa, una estética más experimental y un análisis más crítico de la moda.

El comentario de James Hyman está refrendado por la creciente y, al mismo tiempo, exitosa aparición, especialmente en Inglaterra, de publicaciones que abordan el tema desde la disidencia y alejadas del circuito de los grandes conglomerados editoriales.

Entre los conocedores y los estudiosos del tema ya son comunes las alusiones a revistas como ‘Vestoj’, ‘Kinfolk’, ‘Buffalo Zine’, ‘OE Magazine’, ‘The Gentlewoman’ o ‘System’. Estas revistas se unen a otras que llevan más tiempo en la senda independiente como ‘Paper’, ‘Love o Another Magazine’, que ya tienen un público y un prestigio consolidados. Según aseguraba a fines de enero ‘The Guardian’, estas nuevas publicaciones disfrutan de un notorio renombre, mientras que publicaciones más ligadas al circuito comercial como ‘InStyle’, ‘Glamour’, ‘Marie Claire’ o incluso ‘Vogue’ han mostrado una caída constante en la circulación.

“En un momento en que la impresión está disminuyendo y las grandes revistas de moda han empezado a centrarse en la transición al formato digital, el éxito de las publicaciones ‘indies’ editadas en papel parece desconcertante”, aseguraba el periódico británico.

A diferencia de las ‘glossy magazines’ –denominadas así por el brillo de su papel y la alta calidad de su diseño y su impresión–, las revistas independientes están dirigidas a un pequeño número de lectores, tienen una circulación limitada y muchas veces no siguen el ritmo mensual: algunas aparecen trimestralmente y otras solo ofrecen dos ediciones anuales. También marcan la diferencia con propuestas editoriales vanguardistas tanto en diseño como en contenido, y por apostar a audiencias específicas que crean comunidades en torno a ellas.

Es el caso de ‘Sum Zine’, una publicación bianual inglesa de ‘slow fashion’ que solo publica ropa de marcas ecosostenibles y fabricada bajo los preceptos del comercio justo. O de ‘Gal-dem’, la versión impresa del sitio web para mujeres de color que además de moda abarca temáticas socioculturales. También está ‘1Granary’, una revista de estudiantes surgida en Central Saint Martins de Londres, pero que se está expandiendo para incluir a varias universidades de moda de todo el mundo, desde Parsons en Nueva York hasta la Royal Academy en Amberes.

Mientras las revistas de las grandes compañías editoriales, en especial las que se centran en moda y estilo de vida, tienen grandes equipos de trabajo y no escatiman en gastos para realizar sus editoriales de moda o entrevistas, la mayoría de los títulos independientes están organizados por pequeños grupos de trabajo –incluso hay equipos en los que sus integrantes viven en países diferentes– y con recursos minimizados.

Según explicaba a ‘The Observer’ Jeremy Leslie, director creativo de MagCulture, una de las tiendas de revistas más respetadas de Londres, la clave de su éxito está en su diversidad y su desapego a lo comercial. Y eso las diferencia de las grandes ‘glossy magazines’, que por satisfacer a los mismos anunciantes terminan “convertidas en un producto más repetitivo y más preocupado por los negocios que por estar enfocado creativamente”.

Otra clave también está en su lucha por mantener su independencia. De acuerdo con un artículo publicado a fines del año pasado en el sitio web ‘Business of Fashion’, las presiones publicitarias fueron determinantes en la pérdida de lectores de la revista I-D.

Esta publicación, que durante los 90 fue un emblema de la escena alternativa británica y que en el 2012 fue comprada por una compañía multimedia propiedad de Fox, perdió la mística ante sus seguidores, que vieron el traspaso comercial como una venta al ‘mainstream’.

Para evitar que esto les ocurra, en ‘The Gentlewoman’, una publicación independiente británica que ha tenido un abrumador éxito, publicaron una suerte de manifiesto en el que advierten que los anunciantes no interfieren en su contenido, en su vocación por los artículos largos y por las fotografías más artísticas. Lo curioso es que las marcas de moda, especialmente las más vanguardistas, lejos de alejarse, han comenzado a acercarse a estas publicaciones. Al parecer, asumen que no es mal negocio anunciar donde se está incubando el talento emergente.

Así ha ocurrido con ‘Cactus’, una revista con sede en Milán que muestra a los fotógrafos, estilistas y diseñadores más interesantes de la escena italiana. Cada una de sus ediciones, que pesa cerca de un kilo, está llena de editoriales de moda surrealistas y tiene publicidad de grandes casas de moda. O con ‘Bite Me Magazine’, una publicación de Hong Kong que dedica cada uno de sus números a un tema específico relacionado con el cuerpo y tiene entrevistas de diseñadores de vanguardia como Rick Owens y anuncios de marcas de lujo del mercado oriental.

La propuesta de la sueca Anja Aronowsky, editora y redactora jefe de Vestoj, es más rupturista. Esta revista artístico-académica-experimental se edita anualmente en papel y es considerada la revista de moda más crítica del mundo. ‘Vestoj’ (que significa ‘ropa’ en esperanto) está avalada por el London College of Fashion y fue creada en el 2009 como una respuesta a las publicaciones que “se centran demasiado en producir imágenes y editoriales de calidad, en detrimento de la profundidad y el bagaje documental de los artículos”, aseguró su editora a ‘Vice’.

Anja Aronowsky busca un enfoque holístico de la moda: “No nos centramos en el consumo de moda, sino en articular un discurso acerca de lo que vestimos, conjugando la historia de la moda con sus contextos sociológico y antropológico, y analizando al mismo tiempo el estado de la industria contemporánea”.

El auge de la publicación independiente de revistas ha demostrado que la impresión no está muerta. De hecho, además de las revistas de moda, han surgido otras publicaciones femeninas alternativas con miradas más progresistas y diversas que están demostrando que se puede tener repercusión sin transar sus objetivos.

Lo ha dicho la editora de ‘Vestoj’: “La independencia te da la libertad de decir lo que piensas, pero implica renunciar a los privilegios. Por otro lado, si te mantienes demasiado al margen, es probable que tu discurso no llegue a quienes sí pueden cambiar el sistema. En otras palabras: estás predicando para aquellos que ya han sido convertidos, lo cual es limitarse”.

JUAN LUIS SALINAS T.
EL MERCURIO (Chile) - GDA@JuanLuisSalinas

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