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¿Por qué se canceló concierto de Paul McCartney? / Columna del editor

Un análisis de las razones que llevaron al descalabro y qué va a pasar en adelante.

Paul McCartney

Algo que hay que decir es que el concierto de McCartney ya venía mal desde el comienzo.

Foto:

Mario Anzuoni / REUTERS

05 de octubre 2017 , 03:49 p.m.

Lo que pasó con Paul McCartney y la cancelación de su concierto en Colombia es lamentable, pero hay que aceptarlo como es: una dinámica del negocio de los conciertos, que en este país es una ruleta rusa, en la que los empresarios no terminan de aprenderse todos los trucos. Pero este hecho puede tener un efecto muy negativo.

Ante el anuncio de que el concierto programado para el 26 de octubre fue pospuesto, lo que ha generado una reacción muy negativa de la gente que no cree ni las razones expuestas -oficialmente, "problemas logísticos"- ni la posibilidad de que se haga el concierto en el futuro -¿pospuesto o cancelado?-, es importante hacer varias aclaraciones.

La primera, es que ya hay todo un sistema de devolución de dinero para quienes compraron sus entradas por la plataforma de Tuboleta. Quienes compraron por el club de fanáticos del artista tendrán en su momento una comunicación directa con el club.

¿Cuál fue la razón? Ya lo reconoció La W -socio del empresario en este concierto- en su emisión de hoy: La venta de boletería fue tan baja que no logró asegurar el punto de equilibrio para los empresarios ni para el artista.

Algo que hay que decir es que el concierto de McCartney ya venía mal desde el comienzo. Desde que empezaron los rumores sin atribución desde abril, dándolo por confirmado cuando el artista aún no había manifestado siquiera la idea. Los empresarios más serios de esta industria saben que una negociación con un artista se puede dañar si se le adelanta en dar la noticia a través de los canales que estas estrellas sostienen con sus fanáticos. Además, una cosa es lo que diga un empresario local y otra, lo que manifiesta una figura pública de la importancia histórica y atención mundial de este nivel. Es casi una regla de oro que "hasta que no lo confirme el artista, no es cierto".

Y venía mal porque hubo una puja de precios por McCartney entre varios empresarios y uno de ellos, el que ofreció el mayor valor -Ricardo Leyva-, se ganó el contrato pero luego no pudo sostener lo ofrecido y tuvo que buscar establecer una sociedad con los pujantes que habían perdido. En consecuencia, Colombia terminó pagando más de lo que se esperaba por el ex Beatle, quien ya había dado el Sí.

Esos sobrecostos no los termina pagando el empresario, ni la discográfica, ni el escenario, ni Tuboleta: los pagan quien compra la boleta. Por eso, los precios ascendían a casi millón y medio de pesos y, paradójicamente, el servicio de Tuboleta por la localidad más costosa superaba el valor de la boleta de la localidad más económica.

Dicho valor era casi el doble del que tuvieron las boletas para ver a Paul McCartney en Bogotá en 2012: iban de 78.000 a 800.000 pesos.

Para traer a McCartney a Medellín, se unieron varios empresarios, encabezados por la firma Tyrona Eventos, que pertenece al grupo Prisa. Bajo esa misma sombrilla, ingresó a la ecuación la participación de la emisora La W.

Pero armar esa alianza duró semanas, un tiempo muy valioso para hacer el anuncio oficial de la visita de McCartney. Mientras tanto, otro jugador en el mercado, Ocesa Colombia (capítulo local de la internacional Ocesa), se adelantó y anunció en junio el muy esperado concierto de U2, probablemente el nombre más codiciado por los fanáticos del rock colombianos después de los Rolling Stones y Roger Waters.

Aunque se supone que son públicos generacionalmente diferentes, impactaban el mismo nicho del mercado. Y los precios de U2 resultaron significativamente más bajos.

Y U2 no ha venido nunca, mientras que esta sería la segunda vez de McCartney. Eso pesó en la decisión de muchos colombianos. Pero eso revela lo que se podría llamar una falta de madurez del público local: no basta con ver a un artista una sola vez y decir "estuve ahí" para entender todo un proceso artístico, así como uno no escucha un disco una sola vez para decir "lo amo".

Son pocas las bandas que han dado un segundo concierto en Colombia que pueden darse por bien servidas: Coldplay, Metallica, Aerosmith, Iron Maiden (cuya experiencia fue difícil en un tercer concierto), por mencionar algunas. Increíblemente, Paul McCartney no superó esa prueba.

También hay que aceptar una dura verdad: son las tendencias del mercado. Las ventas de Bruno Mars fueron contundentes; Estéreo Picnic agotó boletería en etapa creyentes sin haber dado los nombres del cartel. Tal vez haya que afrontar que hay una renovación de públicos, o al menos, de gente interesada en asistir a espectáculos en vivo.

Faltan buenas arenas de conciertos -están en desarrollo-, y eso pesa en mucha gente a la hora de decidir ir a un concierto en Colombia.

Un golpe a futuro

En mi opinión, esta alianza de empresarios debió darse el lapo de traer a McCartney incluso con las millonarias pérdidas que acarrearía. Seguro, hacer el concierto sería un golpe fatal a sus finanzas, pero quien no arriesga un huevo no obtiene un pollo: perder hoy para pensar en lo que se puede hacer mañana. Pero no hacer el concierto es poner en riesgo su operación hacia adelante, ya que este mercado se fortalece cuando hay más confianza, no solo del público, sino de quienes hacen el booking de las giras.

La cancelación de McCartney se une a largo plazo con el malestar generado por la cancelación del Lollapalooza Colombia, el año pasado. Y esta misma semana se canceló otro evento que se venía haciendo con relativo éxito: el Festival Soma. Así sean hechos aislados, desde afuera, se puede ver como una cadena de síntomas.

Tal vez esta crisis sea una oportunidad para que tanto públicos como empresarios, y también los medios, reflexionemos sobre la escena musical floreciente en Colombia y que se multiplique la atención a los fenómenos independientes. Lo que hizo gigantes a bandas como Sonic Youth, Pearl Jam o Alice in Chains fue el movimiento que los rodeó en sus espacios naturales en sus ciudades. Aquí podría pasar lo mismo con muchas bandas.

Pero por salud del negocio y de la cultura de conciertos, por el bien de Medellín como una plaza que ya demostró que puede poner un buen aforo por Guns N' Roses, Madonna (dos fechas) y Beyoncé: ojalá no haya más cancelaciones, pues en ese panorama perdemos todos, empezando por el empresario que se arruina, y luego el público y los artistas.

¿Posibilidad de traer de nuevo a McCartney?

En esta gira, ya no fue. Y artistas como McCartney no dan conciertos en Suramérica si no es en gira. Y si lo hicieran, los precios serían (mucho más) astronómicos, impensables.

Entre telones, hablan de una posibilidad en 2018 -poco creíble, tendrían que asegurar toda una gira latinoamericana nuevamente-, pero ¿realmente harían semejante esfuerzo a tientas, poniéndose a riesgo tanto el artista como el empresario? Lo que pasó esta vez es frustrante -al parecer, esta es la primera ocasión en que el ex Beatle cancela por ese motivo en su carrera- y lo más complejo es que conforme pasen los años, es natural, se diluirá más la atención que el artista despierte en nuevas generaciones.

CARLOS SOLANO
Subeditor de Cultura de EL TIEMPO@laresonancia

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