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¿John Ashbery, el poeta posmoderno más grande?

El escritor que murió esta semana, es considerado por muchos como un grande de la poesía de EE.UU.

John Ashbery, escritor

El escritor John Ashbery.

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AFP

06 de septiembre 2017 , 09:51 p.m.

Esta pregunta de la ‘Quinzaine Littéraire’ (París No. 618 de 1993), acerca de la real importancia de la poesía de John Ashbery no era trivial.

Hecha con gran despliegue, cubrió la portada de dicha publicación, y está sustentada en la afirmación del crítico André Bleikasten, de que el poema ‘Autoportrait dans un miroir convexe’ (‘Autorretrato en un espejo convexo’), de Ashbery, constituye para la poesía posmoderna, lo que ‘La tierra baldía’ fue para el modernismo: “un texto fetiche, un poema paradigma”, y porque en él se encuentran las grandes interrogaciones de la poesía después del romanticismo.

La gran interrogación corresponde al artículo ‘Una poesía casi de silencio’ que Bleikasten escribió con motivo de la aparición en francés del libro ‘Quelqu'un que vous avez déjà vu’ (‘Alguien que usted ya ha visto’) (Pol/Ed. París 1993), que reúne Autorretrato... y otras colecciones publicadas entre 1957 y 1993.

‘Autorretrato...’ es un extenso poema que Ashbery escribió entre 1973 y 1974, y su título es homónimo del de un cuadro enigmático pintado por Girolamo Francesco Maria Mazzola, apodado ‘il Parmigianino’, pintor manierista del siglo XVI y discípulo de Corregio.

El cuadro es un autorretrato de ‘il Parmigianino’ que, según Vasari, citado por Ashbery, lo pintó mirándose en un espejo, como lo hacen los barberos: “Hizo tornear una esfera de madera / Por un ebanista, y habiéndola escindido en dos y / reducido al tamaño del espejo, emprendió. Con gran arte de copiar todo lo que él veía en el vidrio. Principalmente su reflejo, del cual el retrato. Es el reflejo a la segunda potencia”.

El poema de Ashbery describe y comenta profusamente el cuadro del pintor, y la época sin sentido en que vivimos.

Ashbery inicia la descripción del cuadro. Señala la mano derecha, dirigida al espectador, más gruesa que la cabeza, esquivándola, como para proteger lo que expone. En torno al rostro hay unos objetos: /ladrillos, viejas vigas, un forro, una muselina plegada, un anillo de coral convergente, que lo sostienen. El rostro aflora a la superficie y se separa de la mano, solo que está inmóvil, encerrado.

Reflexiona sobre el espejo, la imagen que produce, y reproduce, en los que el sujeto se reconoce, ante la incapacidad de identificarse, de posar por sí mismo.
Es una interpretación próxima a la de Lacan, para quien el sujeto es un mito, creado primero por el espejo y después por la palabra.

La calificación del poema de Ashbery como “deconstructivo” coincide con el estudio del pensamiento de Lacan, Foucault, Derrida, en las universidades norteamericanas, especialmente en la década de 1980.

El reflejo, el autorretrato, en el poema es equívoco y conduce a una reflexión sobre “la semejanza y la diferencia, la identidad y la repetición”. No es paradójico entonces que en su poema ‘Letanía’ aparezca un Narciso ciego.

El autorretrato crea una alteridad: “Esta alteridad, este/ No ser nosotros, es todo lo que hay que ver/en el espejo”.

En la idea de la alteridad se percibe la influencia reconocida por Ashbery, de Rimbaud: “J’est un autre” y se podría asociar a la experiencia de Nerval, cuando se identifica como el “otro”, en la fotografía de Nadar.

Se trata de cuestionar la unidad del ego, la racionalidad que los filósofos se han inventado, y de admitir al menos una dualidad.

Las grandes interrogaciones se hacen alrededor del sujeto, la representación y el sentido y lo que le queda por hacer a la poesía.

Bleikasten encuentra unas referencias mayores en la poesía de Ashbery: la pintura y la música; a pintores y músicos contemporáneos: Pollock, Schönberg, Webern, Berio, Bosoni, Charles Ives y John Cage. Ashbery confiesa que trata de utilizar las palabras “como un artista utiliza la pintura”. Y en la pintura y en la música descubre “el silencio del sentido”. Concibe una poesía en la que las palabras se combinen como los colores y las notas, libre, improvisadamente, carentes de significación.

Bleikasten inscribe la poesía de Ashbery en otra “tradición de lo nuevo”, que va de Rimbaud y Apollinaire a los dadaístas y a los surrealistas. Ve en él una prolongación de la línea de Whitman (la polifonía de América), la herencia de Emily Dickinson: la ascendencia de Gertrude Stein y, especialmente, de Wallace Stevens. En su escritura, “paradojas y ‘oxymorons’ ” como una presencia omnímoda.

La poesía de Ashbery no es afectada ni descuidada. Posee “la negligencia cuidada, la familiaridad distante, la elegancia distraída” y un artificio natural, es a la vez “simple y sabia, alía la volubilidad a la elipsis, la fluidez a la rotura, la jovialidad a la gravedad”.

El amor, el tiempo, la vejez y la muerte son temas constantes de su poesía, así como lo que Bleikasten llama “las figuras evanescentes de una retórica de lo aleatorio”, lo que escapa a nuestra vida, lo fugaz, el azar.


ÉDGAR BASTIDAS URRESTY
Especial para EL TIEMPO*
* Escrito para el libro ‘El aura poética y Babel’, de Bastidas, publicado por Windmills Editions, California, 2015.

Una obra más allá del tiempo

John Ashbery murió el domingo pasado en su casa de Hudson (Nueva York) a los 90 años de edad, por causas naturales, explicó su marido David Kermani.

La poesía de Ashbery irrumpió en el panorama literario de EE. UU. en 1976 cuando su libro de poemas ‘Autorretrato en un espejo convexo’ (‘Self-Portrait in a Convex Mirror’) obtuvo a la vez el Premio Pulitzer, el Nacional del Libro y el del Círculo de Críticos Literarios. Desde entonces, sus poemarios, en los que mezclaba alta cultura y cultura popular con referencias tanto a los dibujos animados de Disney como a los grandes maestros de la pintura del Renacimiento, se convirtieron en elementos básicos de la poesía estadounidense. “Nadie que esté escribiendo ahora poesía es más probable que Ashbery que sobreviva el severo juicio del tiempo”, dijo sobre él el crítico literario Harold Bloom. Nacido en Rochester, en 1927, el poeta se graduó en Harvard y posteriormente obtuvo una maestría por la Universidad de Columbia en Nueva York. En 1955, viajó a París con una beca Fulbright, donde pasó casi una década, y trabajó como crítico de arte.

Ashbery fue amigo de los pintores Jackson Pollock y Willem de Kooning, referentes del expresionismo abstracto estadounidense. De regreso en Nueva York compaginó la escritura de poesía con la crítica de arte para revistas como Newsweek. Otros libros suyos: ‘El juramento de la pista de tenis’ (‘The tennis court oath’), de 1962; y ‘Y las estrellas estaban brillando’ (‘And the stars where shining’), de 1994. Desde 1980 dio clases en instituciones como Bard o Brooklyn College.

El poeta colombiano Harold Alvarado Tenorio recordó que Ashbery vino a Colombia “entre el 86 y el 87”, invitado por el director del Centro Colombo Americano, Santiago Samper.

EFE

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