Música y Libros

Suescún, creador íntegro e integral

El cuentista, poeta y traductor bogotano falleció el Viernes Santo en la noche. 

Suescún

En la sala de su apartamento. Lector infatigable, siempre se interesó en la política internacional.

Foto:

Archivo familiar

18 de abril 2017 , 09:50 a.m.

“Desde mi punto de vista, Nicolás es un intelectual integral. Poeta, periodista y traductor. Lector incansable. Como escritor siempre fue muy disciplinado: escribía a diario. Como periodista vivía informado de la realidad política y económica del país y de muchas partes del mundo, por lo que siempre aportaba datos y cifras actualizadas”.

(Lea también: Mirando tus libros, Nicolás)

Es la voz de la abogada y literata Margarita Moreno Montalvo, esposa del escritor Nicolás Suescún, quien lo acompañó en sus últimos años. El mensaje con este texto me fue enviado ese Viernes Santo, 14 de abril, a las 5:57 de la tarde.

A continuación decía:

“Como ser humano ha sido siempre sensible al dolor y a la desigualdad social, la cual lo afectó profundamente y marcó buena parte de su obra. Desinteresado por acumular bienes materiales, nunca se preocupó por figurar ni promocionar su obra; le sorprendía que lo reconocieran y lo saludaran en la calle y lo llamaran maestro, lo que sucedía con frecuencia en sus (nuestras) caminatas por el centro de Bogotá, espacio en el que habitó y amó durante toda su vida”.

El sábado 25 de marzo, en la sala de su apartamento, en el centro de Bogotá, me había propuesto hacer un recordatorio de la obra de Suescún, pues se encontraba delicado de salud.

En algún momento entró. Lo había entrevistado para televisión treinta años atrás, sobre el escritor Yukio Mishima. Era conocedor de su obra desde los años 70. Suescún dirigía, entonces, la biblioteca de la Universidad Nacional.

Ella me preguntó si lo saludaría. Por el carácter de su enfermedad terminal –en fase de cuidados paliativos– evadí hacerlo. En la práctica no nos conocíamos. Pasó acompañado de una cuidadora que lo llevó al comedor para que tomara su alimento. Lo vi, tímidamente. Caminaba con dificultad. Se veía frágil, mas no grave.

Quedamos con Margarita en que esperaríamos a que el librero Álvaro Castillo, quien conocía su obra, regresara de un viaje, para comenzar a hacer las entrevistas con miras a un homenaje. Y me enviaría unas fotos. Por las complicaciones que se vinieron presentando, el Viernes Santo me las hizo llegar. Acompañan esta nota. La enfermedad no permitió que Nicolás Suescún viera en vida esta página. El viernes en la noche murió.

El peso de una obra

Nacido en la Bogotá de 1937, Suescún estuvo casado con la fallecida socióloga Stella Villamizar, con quien tuvo dos hijas: la actriz Matilde Suescún y Natalia.

“Vivió mucho tiempo fuera del país –recuerda el escritor Juan Gustavo Cobo Borda–. Estudió en Francia y obtuvo una beca en Iowa y otra en Berlín. Era un hombre bogotano, su familia vivía en La Candelaria, fue transeúnte habitual de la carrera 7.ª. Se sentía a gusto en ese deambular, con gente de cafés, personajes insólitos, hombres acabados, que entraban en los sitios. Le gustaba ese mundo de los billares, ese mundo nocturno de la ciudad. Fue director por muchos años de la librería Buchholz y redactor de la revista Eco”.

Recuerda que en una ocasión le dijo: “Mire, Cobo, no venga aquí tanto a hacer malos chistes y a robarse libros. Yo me voy a Iowa, ya hablé con Karl Buchholz y tome la llave”.

“Y me entregó siete pisos de libros. Tenía muy buen olfato para pedir libros, eso le dio mucha vida a la librería. Gracias a él se hicieron varios números notables de la revista Eco, en los que él traducía a autores alemanes, ingleses, franceses. Dominaba esos idiomas y es notable su elegancia como traductor en temas muy difíciles. Tradujo a W. B. Yeats, Rimbaud y el libro El río, de Wade Davis”.

Otro aspecto que Cobo destaca de Suescún es su trabajo como artista plástico. “Una cosa muy reveladora de él era que hacía unos collages sarcásticos, sobre un fondo negro, con personajes distorsionados, kafkianos; tenía esa veta creativa y artística”.

Sobre su obra, el profesor Isaías Peña Gutiérrez comenta: “Lo veíamos muy cercano a Kafka, escritores eslavos y nórdicos; fue de los primeros de lo que se llamó después literatura urbana. Desarrolló esa línea de literatura intimista, un poco del absurdo, de la ciudad, y creo que fue también de los primeros que se acercó al cuento corto, como lo había hecho en esa época Augusto Monterroso”.

Para Cobo, es preciso destacar “el carácter, pudiéramos decir, de su literatura; una literatura que siempre trataba de dar razón de ser al absurdo. Y el mayor absurdo que existe es un bogotano que sueña con viajar a las islas de no sé qué hemisferio, y que se inventa cuentos sobre ilusiones fallidas, planes para poner negocios, o el que lleva 15 años tratando de escribir un libro o de acabar una tesis”.

Suescún

De barba y sin camisa, con poetas de la beca en Iowa (Estados Unidos), a fines de los 60.

Foto:

Archivo familiar

Peña precisa que su paso por Europa le dejó “muchos contactos con grandes escritores” que se reflejaron en el contenido de la revista Eco.

Ya entrando en detalles, Cobo analiza que un rasgo central de los libros de cuentos de Suescún es lo onírico y las realidades paralelas.

“Esos libros de cuentos, uno curiosamente se llama Oniromancia, siempre tienen un ingrediente de sueño. Y en Los cuadernos de N, este es un personaje como de Beckett, que está siempre intentando escribir, es un libro de fragmentos. El último libro de Nicolás es la novela Opiana, en el que desarrolla una suerte de eso que llaman ahora distopías: una ciudad donde hay una gente de una civilización anterior que consume opio. Es una linda manera de estar fuera del mundo. Es muy curioso que su último texto sea esa creación de una realidad paralela”.

En cambio, El retorno a casa, uno de los primeros libros de Suescún, editado por Cobo, lo encuentra “muy realista, sobrio, pero también muy desencantado. Personajes viejos, beatas, casas venidas a menos, con una gran sensibilidad y comprensión de esos mundos extintos. Era muy él mismo”.

La faceta menos conocida de Suescún, rememora Cobo, fue su labor en Cromos, bajo la dirección de Margarita Vidal. “Era un conocedor de la política internacional, vivía atento a todo lo que pasaba e hizo que la revista estuviera muy al día en los temas claves de la actualidad”.

‘Digamos que fue mi padrino literario’

Juan Pablo Plata, un nuevo escritor colombiano que cursa Escritura Creativa en la Universidad de Texas, en El Paso, escribió este texto:

“Digamos que mis padrinos literarios fueron R. H. Moreno, Germán Espinosa y Nicolás Suescún. Un ser humano excepcional. Uno de los mejores amigos de sus amigos, por ejemplo, del poeta Fernando Denis por más de 20 años. Fue un traductor políglota fino sin el que yo y muchos no hubiéramos entrado a la selva de la mano de Wade Davis y Richard Evans Schultes (‘El río’. Fondo de Cultura Económica), ni a Friedrich Hölderlin o Ralph Waldo Emerson, entre muchos otros. Un autor de culto del que espero ver reeditadas y reivindicadas su obras. Hay que leerlo para homenajearlo. Reeditarlo, buscar sus inéditos y que siga el ‘bag bag’.

Francisco Celis Albán
Editor EL TIEMPO

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