Música y Libros

Último adiós al padre del nuevo periodismo

A los 88 años murió Tom Wolfe, que abrió un nuevo camino al oficio con el uso de recursos literarios

Tom Wolfe

Tom Wolfe durante su participación en la Feria del Libro de Buenos Aires (Argentina) el 3 de mayo de 2008.

Foto:

EFE

15 de mayo 2018 , 06:31 p.m.

Su imagen era única: traje blanco, zapatos de igual color, cuidadoso en sus gestos. Tom Wolfe (Richmond, Virginia, 2 de marzo de 1930-Manhattan, 14 de mayo de 2018) reflejaba en su aspecto sus textos.

Bien cuidados, sobrios, distintos. Con técnicas narrativas de la literatura, les dio otro enfoque a los relatos periodísticos. Así se forjó un lugar privilegiado en el llamado nuevo periodismo.

Wolfe, uno de los exponentes más admirados de este estilo, falleció el lunes pasado a sus 88 años. El autor había sido hospitalizado en Nueva York a raíz de una infección.

Sin embargo, hasta el final eludió la paternidad sobre esta escuela periodística. Él decía que los impulsores fueron cronistas como Gay Talese y Jimmy Breslin. De cualquier manera, Wolfe es una referencia obligada para quienes pretenden llevar este oficio a cumbres más altas.

Su carrera de periodista empezó en 1957, en condición de asistente de reportero del Springfield Union de Massachusetts. Luego, en The Washington Post, se encargó de las noticias de Latinoamérica. En 1962 se trasladó a Nueva York, para trabajar en el Herald-Tribune, que tenía un suplemento dominical que más tarde se llamó New York Magazine y fue la publicación que empezó a arriesgarse con las nuevas formas del periodismo.

Wolfe recordaba con admiración una pieza corta que Breslin escribió para New York Magazine en 1992 y que de alguna manera mostraba las bases del nuevo periodismo, pues estaba llena de hechos, pero escrita con simbolismo.

“Ellos (Breslin y Talese) nunca pensaron que el trabajo que iban a hacer durante diez años como periodistas iba a borrar la novela como el evento principal de la literatura”, diría Wolfe sobre los trabajos de Talese y Breslin.

De lo que sí no hay discusión es de la profundidad con la que abordaba los temas y el rigor para investigarlos. Para él no había asuntos ligeros. Así, por ejemplo, en sus primeros trabajos, Wolfe solía infiltrarse en los altos círculos de la cultura de la ciudad para escribir, en 1965, sobre la prestigiosa revista 'The New Yorker' y su editor William Shawn, de quien se convertiría en un férreo contradictor.

Fiel a la realidad

¿Cómo trabajaba Wolfe? La respuesta la daba él mismo: “Intento construir el texto escena a escena, como en una novela; usar la mayor cantidad de diálogo posible, concentrarme en los detalles para definir a los personajes y adoptar un punto de vista para relatar la historia”.

Eso sí, apegado con una absoluta fidelidad a la realidad. “Mucha gente cree que el nuevo periodismo era dar tus propias opiniones, mezclarlas con la historia que estabas contando, convertir esa historia en algo personal, escribir impresiones. Para mí, jamás fue eso. De hecho, nunca utilicé la primera persona del singular, a menos que tuviera un papel en la historia. ¿Por qué voy a tener que utilizar el yo si lo único que soy es un observador? ¿A quién le interesan las impresiones de un periodista?”.

Las obras de Wolfe, que nunca se desanimó por el hecho de que su apariencia de dandi a menudo no encajaba con sus temas de investigación, abarcaron temas que van desde el mundo del arte hasta Wall Street y la cultura hippie de los años 60, y abordaron temas como el poder, el racismo, la corrupción y el sexo.

“Creo que cada momento de la vida de un ser humano, a menos que la persona se muera de hambre o esté en peligro inmediato de muerte de alguna otra manera, está controlada por una preocupación por el estatus”, dijo Wolfe en una entrevista en el diario The Wall Street Journal.

Wolfe, de una provocadora personalidad, solía tener enfrentamientos con la élite neoyorquina. Por ejemplo, una de las hijas del compositor Leonard Bernstein dijo que la vida de su familia nunca volvió a ser la misma después de que Wolfe publicó Radical Chic: That Party at Lenny’s.

En aquel texto, el escritor ironizaba sobre una fiesta que Bernstein y sus amigos organizaron para recaudar fondos para el movimiento Pantera Negra, subrayando la actitud esnobista de los anfitriones —desde ese momento se acuñó la frase radical chic, para referirse a los liberales pretenciosos—.

Uno de los libros más recordados de Wolfe es The Right Stuff, centrado en el trabajo de los pilotos que estuvieron en las pruebas de la armada estadounidense para superar la barrera del sonido. El libro se adaptó al cine con la película Elegidos para la gloria, ganadora de cuatro premios Óscar.

Wolfe también se pasó al camino de la ficción en 1987 con 'La hoguera de las vanidades', una sátira de los excesos de los años ochenta en la cual el protagonista, un codicioso banquero de Wall Street, atropella con su coche a un afroestadounidense en el Bronx y se escapa.

Primero fue publicada en capítulos por la revista Rolling Stone. Esta obra es considerada la gran novela de Nueva York. Salió a la venta en el otoño de 1987, el año del lunes negro de Wall Street, y es un espejo del auge y declive de la sociedad estadounidense.

“Solo estoy aquí para contar qué está pasando y qué ha pasado”, diría. “Soy más una especie de secretaria de grabación”.

CULTURA
Con Efe, AFP y Bloomberg

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