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Así se renovaron los diccionarios escolares

Norma tardó dos años en actualizar sus diccionarios para estudiantes de colegio.

Así se renovaron los diccionarios escolares

En el 2014, la Real Academia de la Lengua Española (RAE) lanzó la edición número 23 de su diccionario y les dio visto bueno a más de 5.200 neologismos.

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Abel Cárdenas / ELTIEMPO

13 de marzo 2017 , 05:57 p.m.

Las áreas de referencia en las editoriales, que en otros tiempos eran divisiones gigantes dedicadas a idear diccionarios, enciclopedias y atlas, han venido perdiendo terreno ante las opciones de internet.

Mabel Pachón, a cargo de este tipo de textos en Norma desde el 2000, es testigo de los cambios: “Cuando empezaron a subirse los contenidos a la web, fueron quedando solo los diccionarios escolares con contenidos antiguos –cuenta–. En el 2008 partimos de cero e hicimos una nueva línea de diccionarios: de lengua, de sinónimos y antónimos y bilingües”.

Pachón, al frente del equipo que entregó la actualización 2017 del Diccionario Básico Escolar y del Diccionario Escolar Ilustrado, se muestra orgullosa del resultado: el trabajo no se limitó a comprar una base de palabras y adaptarla. Fue una actualización de dos años que evaluó palabra por palabra antes de incluirla.

¿Cuándo se vio la necesidad de actualizarlo?

En el 2014, la Real Academia de la Lengua Española (RAE) lanzó la edición número 23 de su diccionario y les dio visto bueno a más de 5.200 neologismos, cuyo ingreso fue labor en común con las academias de los países de habla española. Esto hizo para nosotros imperativo actualizar los nuestros.

¿Cómo fue el proceso?

Los cambios de fondo implicaron un estudio acerca de qué palabras eran pertinentes para incluirse en diccionarios cuyo objetivo es la población escolar.

Se hizo el cotejo entre las ediciones de la RAE buscando las palabras nuevas, y otro equipo de docentes de colegios, conocedores de los textos escolares, presentaron términos que debían entrar. Después se fundieron los dos trabajos, se miró el lenguaje hablado y el que manejan los docentes, que a veces usan términos que no están en la RAE, y se discutió qué palabras podían ingresar.

¿De dónde se toman las definiciones?

La RAE fue solo una guía. Copiarla sería un plagio. Así que miramos las palabras nuevas, qué definiciones tenían y cuáles eran válidas para los estudiantes, y empezamos a redactar. Incluimos palabras de todos los campos: ciencias, física, química, matemáticas, geografía, astronomía, historia, política, economía, medicina, informática. La RAE españoliza palabras como ‘güisqui’, pero nosotros la usamos con w, whisky, como un extranjerismo que conserva su forma y lo escribimos en itálica.

¿Quitaron muchas palabras?

Pocas. No se podía hacer crecer mucho el diccionario y meterle 120 páginas más y mantenerlo a un buen precio. Así que, sin afectar la calidad ni el valor, tengo un texto con 16 páginas más, en las que cabe mucho, si se tiene en cuenta que sacamos palabras en desuso.

¿Hubo palabras que generaron debate?

Bruxismo, por ejemplo. Se consideraba un término elevado. Pero los muchachos lo viven, así que resulta cercano, lo mismo que bullying. Feminicidio es una realidad social. Alguien verá una palabra y dirá: “Ese contenido no se ve en el colegio”, pero pertenece al contexto de la familia, la ciudad o el país. Nos interesaba privilegiar todo: cuidado del planeta, conflictos sociales, que sepan qué es segregación racial. Dígame si no van a estar familiarizados con el desplazamiento más que los niños de otros países. Hay realidades que no podemos desconocer.

¿Hasta cuándo sobrevivirán este tipo de diccionarios?

No se ha dicho la última palabra. He visto profesores que proponen consultar por internet y otros, en diccionarios impresos. A diferencia de una base de internet que arroja el mismo significado para un adulto que para un niño de 8 años, sin filtro, el trabajo que hacemos es seleccionar palabras acordes con las necesidades de los menores. En ese sentido no competimos. Esa es nuestra fortaleza, lo que podemos aportar.

¿No está en internet?

No. Salvo el Diccionario Didáctico Escolar, del que emitimos un volumen de palabras en impreso asociadas con juegos para trabajar con imágenes complementarias en la web. Subirlo tal cual no tendría sentido. Ahora trabajamos en proponer formas más creativas de usarlo, y para ello hacemos talleres para maestros sobre el tema.

LILIANA MARTÍNEZ POLO
Cultura y Entretenimiento

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