Música y Libros

Falleció el poeta antioqueño Rogelio Echavarría

El nonagenario escritor paisa, quien trabajó 30 años en EL TIEMPO, murió ayer en Bogotá.

Rogelio Echavarría

Rogelio Echavarría, poeta antioqueño, durante una de sus caminatas en el centro de Bogotá.

Foto:

Archivo EL TIEMPO

30 de noviembre 2017 , 09:52 a.m.

Echavarría, que había nacido en Santa Rosa de Osos (Antioquia) en 1926, combinó su pasión por la poesía con el periodismo.

Trabajó primero en ‘El Espectador’, donde estuvo diez años; luego en EL TIEMPO, al que llamó su segundo hogar. A este medio ingresó en 1962 y aquí permaneció por más de 30 años. Su último cargo fue subeditor de la sección de Cultura.

Luego de los lindos homenajes que recibió el año pasado, cuando llegó a los 90 años, el poeta partió ayer, rodeado de sus hijos y nietos, luego del deterioro propio de una Alzhéimer avanzado.

Por su carácter, poco le afectó a Rogelio Echavarría que los ejemplares de su primer libro, ‘Edad sin tiempo’, ardieran en las llamas del Bogotazo ─esa obra ocupó pocos días las librerías de la capital─. Tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, Bogotá se tiñó de sangre y las turbas enardecidas quemaron la ciudad y con ella se fue la creación literaria de Rogelio, quien años más tarde se hizo famoso por su obra ‘El transeúnte’.

Así lo recordó este diario el año pasado, cuando le rindió un homenaje especial a su trayectoria.

De peinado perfecto, gafas grandes, gabardina y corbata; elegante, como casi todos los caballeros de los años cuarenta y cincuenta, y con un exquisito humor –que pocos podían entenderlo–. Así era Rogelio Echavarría (Santa Rosa de Osos, Antioquia, 27 de marzo de 1926 - Bogotá, 29 de noviembre de 2017), un escritor sencillo, quien navegó entre el periodismo y la literatura.

Su sencillez, buen humor e inteligencia permitieron que siempre estuviera rodeado de grandes literatos y artistas.

Su sencillez, buen humor e inteligencia permitieron que siempre estuviera rodeado de grandes literatos y artistas. Participaba en largas jornadas de tertulia en uno de los cafés más antiguos de la capital, el Oma de la calle 82 con carrera 15. En ese lugar se sentaban a discutir sobre los últimos libros, las nuevas revelaciones (de qué) y lo mejor de las culturas en el país y el mundo. Gracias a esas extensas tertulias empezaron a ser llamados los 'omasexuales'.

Pero esas tardes bohémicas también reunieron a Jaime Jaramillo, Rogelio y León De Greiff en otro emblemático café: El Automático; aunque físicamente ya no existe, sí permanece en los recuerdos de Rogelio como el lugar que convocó a intelectuales, músicos y políticos.

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