Música y Libros

Cristina Rivera Garza: una escritora de mucho sarape

La autora mexicana es hoy una de las voces literarias más sólidas de la región.

Cristina Rivera Garza

Rivera (1964) hace parte del movimiento llamado el Crack.

Foto:

Cortesía Grisel Pajarito

27 de abril 2018 , 06:45 p.m.

Cristina Rivera Garza es de lejos una de las narradoras más potentes de la literatura mexicana de los últimos 25 años y una de las atracciones de esta feria del libro capitalina. Tal es su calidad literaria que figura en el selecto club de invitados al movimiento mexicano denominado Crack, uno de los más importantes de América Latina. Un vistazo a tres de sus novelas confirman lo dicho:

Nadie me verá llorar (1999), con pintura de Frida Khalo en la portada, narra el drama de Matilda Burgos, quien vivió (es decir, padeció) 38 años en el manicomio La Castañeda y nadie la vio llorar nunca por ello. No lloró cuando sus padres alcohólicos la fueron dejando a la buena de Dios en Papantla. No lloró cuando su tío médico la recogió para convertirla en sirvienta y enfermera de su casa. No lloró cuando le tuvo que sacar una bala a un hombre en su cuarto, ni cuando su amante, Diamantina, la abandonó luego de compartir con ella el estrellato del burdel La Modernidad.

Tampoco lloró cuando el ingeniero húngaro del cual se enamoró se suicidó dejándola sola y desamparada. Nada de llanto cuando su vida de prostituta callejera la fue arrojando al manicomio, ni cuando su novio fotógrafo se inyectaba morfina delante de ella, cada vez que se veían. Nadie vio llorar nunca a Matilda por haber crecido en la miseria y la locura del México de Porfirio Díaz.

La muerte me da (2007) es una novela hecha de fragmentos, cuya escritura hermética está en consonancia con una manera de percibir la realidad; es decir, de forma no lineal ni lógica ni comprensible al primer vistazo. Desde luego hay una trama, además policíaca; asesinatos en serie rubricados con versos de Alejandra Pizarnik y con la castración de la víctima.

Los hechos son tan misteriosos como el lenguaje de muchos capítulos y sus pocos personajes (una detective, un investigador, una periodista y la corredora que avista al primer muerto en el ‘callejón de los castrados’) son apenas algo más que voces, algo más que sombras.

Finalmente, se puede decir que Verde Shanghái (2011) es un experimento narrativo y tal vez el libro más intrincado de la narrativa mexicana del último cuarto de siglo. Es posible que una sola lectura no baste para que se pueda comprender bien, pues además de lo denso de la trama, el lector se encontrará con una especie de texto paralelo conformado por múltiples citas de varios autores (sobre todo de Alejandra Pizarnik) y cuentos de la misma Cristina, todo intercalado en la historia principal.

El desdoblamiento de Marina, el personaje principal, con un borgesiano encuentro entre ella y su doble al final convierten una novela urbana que transcurre en el barrio chino de la Ciudad de México en novela psicológica con ribetes surrealistas.

Así que esta novelista nacida en Matamoros en 1964, de escritura tan variopinta y elaborada como el mejor sarape, bien vale una ida a Corferias.

El domingo en la Filbo

¿Cómo se le escribe a quienes ya no están? ¿Por qué y para qué? Cristina Rivera Garza conversará el domingo 29 de abril, a las 3 p. m., sobre este tema con la antropóloga forense colombiana Helka Quevedo. Modera: David Roda. Centro Nacional de Memoria Histórica (pabellón 20).

JORGE IVÁN PARRA
ESPECIAL PARA EL TIEMPO
*Crítico literario, autor del blog ‘De libros y autores’ de EL TIEMPO y profesor de la maestría de Literatura de la U. Santo Tomás.

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