Música y Libros

El colombiano detrás del éxito de grandes estrellas musicales 

Charla con Humberto Moreno, uno de los decanos de la industria de la grabación.

Humberto Moreno, fundador de MTM

Moreno nació en 1942 en Bello. En 1992 consiguió la licencia de Warner Music para Colombia, que manejó hasta 1995.

Foto:

Andrea Moreno / EL TIEMPO

13 de mayo 2018 , 12:38 a.m.

¿Qué tienen en común Jorge Velosa y Los Carrangueros, Menudo, el pianista francés Richard Clayderman y ese estribillo tan futbolero de “Sí, sí, Colombia. / Sí, sí, Caribe”? Detrás del éxito de todos ellos está el antioqueño Humberto Moreno.

Pocos como este hombre de hablar pausado, nacido en Bello hace 75 años, pueden acreditar un recorrido tan completo y fructífero por la industria musical. Completo, porque él ha sido de todo: mediador entre los artistas y las heladerías de pueblo donde se presentaban en los 50, dueño de discotiendas, corresponsal de periódicos, ‘lanzadiscos’ en emisoras, ejecutivo de casas disqueras y, en los últimos 20 años, experto en tecnología audiovisual y domótica.

En cuanto a lo fructífero de su trayectoria, hay que empezar por decir que Moreno combina dos cualidades que rara vez operan juntas en este negocio: un instinto feroz para identificar lo que puede ser un éxito y una férrea intención de ayudar a construir un patrimonio musical para este país.

“Todo mi trabajo ha sido eso: hacer cosas que valgan la pena. Entonces puedo trabajar material con posibilidad comercial, pero también hago otras cosas porque pienso que tienen un significado artístico y características que las hacen irrepetibles. Y a veces el tiempo te da la razón”, le dijo al sociólogo David García, quien ganó la beca de investigación musical del Instituto Distrital de las Artes por su propuesta para escribir un libro y grabar un documental sobre MTM, la discográfica que Moreno fundó en 1991.

Puedo trabajar material con posibilidad comercial, pero también hago otras cosas porque pienso que tienen un significado artístico y características que las hacen irrepetibles

Gracias a esa forma de pensar, al tiempo que vendía como pan caliente el disco ‘¿Dónde jugarán los niños?’, del grupo Maná, apostó por distribuir en Colombia un álbum que ninguno de los grandes sellos quiso: ‘La candela viva’, el debut de Totó la Momposina, grabado en los estudios de Peter Gabriel en Bath (Inglaterra).

Pero a veces lo comercial y lo singular no riñen, sino que se juntan y provocan fenómenos como el de Polo Montañez, que la industria le atribuye al empresario colombiano. Fernando Borrego (su nombre de pila) era un campesino cubano que cantaba sus propias canciones en un hotel de Las Terrazas, a 60 kilómetros de La Habana. Allí lo descubrió José da Silva, de la discográfica Lusafrica, quien le grabó dos álbumes. El primero, ‘Guajiro natural’, llegó a oídos de Moreno en Holanda.

“Me sonó extraño. No era guaracha, bachata ni merengue. Era distinto”, contó él en esa época. Quizá por eso decidió lanzarlo. Todo el material promocional (incluidos los videos) se hizo en Colombia. El sencillo ‘Un montón de estrellas’ fue una de las canciones más populares del 2000, y el álbum vendió 65.000 unidades, por las que Polo recibió un disco de platino y uno de oro.

Como lo reconoce Lusafrica, tras ser publicado por MTM, “ ‘Guajiro natural’ encontró el éxito, el artista se volvió una estrella de la noche a la mañana (...), y el suceso se extendió a Ecuador, Venezuela, Panamá, México...”. En su primera salida de Cuba, Montañez visitó Colombia en el 2001. Ese año fue el artista más popular de su país y en el 2002 hizo una gira sin precedentes en la isla, con audiencias de hasta 150.000 personas. En noviembre de ese año, a los 47, falleció como consecuencia de un accidente en una carretera cubana.

‘100 años de vallenato’

Aunque Moreno ha sido el cerebro detrás de un montón de estrellas, probablemente será más recordado por su papel como promotor de la música colombiana, desde su época en la dirección artística de Codiscos (cuando manejó el rock de Los Flippers y el vallenato de Alfredo Gutiérrez), pasando por la gerencia de FM Discos (en la que fichó a Galy Galiano y Los Carrangueros), hasta MTM.

Desde su propia casa disquera apostó por Totó la Momposina (a la que le grabó dos álbumes más), por el jazz ‘raizal’ de Antonio Arnedo (cinco discos), por el rock alternativo de Catedral y Ultrágeno y por la sátira con aires de ‘papayera’ de Puerto Candelaria. En esta ‘aceleradora’ de talentos nació también ‘100 años de vallenato’ (1997), que el entonces ministro de Cultura, Ramiro Osorio, califica como “la empresa más grande que se ha hecho en Colombia sobre el vallenato”.

Moreno invitó a Daniel Samper Pizano y su esposa, Pilar Tafur, periodistas y grandes expertos en el tema, que seleccionaron las 120 composiciones más representativas del género. En jornadas que sumaron más de 1.200 horas en el mejor estudio nacional de la época, cada una de esas canciones se grabó dentro de las normas clásicas del Festival Vallenato. Los seis discos compactos que resultaron de este esfuerzo sin precedentes se complementaron con un libro de Samper y Tafur, una especie de ‘Vallenato para dummies’.

De esa primera edición, que costó unos 650.000 dólares (una fortuna para la industria local), se vendieron 15.000 unidades. En el libro de David García (‘MTM. Entre la tradición y la innovación’), Samper cuenta que una vez quiso comprarlo en Cartagena, para unos amigos, pero no lo consiguió porque Gabo lo había agotado, también para regalar. En el 2016, cuando se cumplieron 20 años del inicio del proyecto, se relanzó en alianza con Penguin Random House, una de las editoriales más importantes del mundo. Se trata de una edición con temas adicionales, que no entraron en la original, y en empaste de lujo.

Si tuviera que salvar solo cinco de los trabajos de MTM, ¿este sería uno de ellos?

Sí. Para acompañar cualquier circunstancia, llevaría esa colección. Y para los momentos románticos, el de boleros de Cheo Feliciano (con la Rondalla Venezolana). Me llevaría el de ‘Símbolos’ (dirigido por el maestro Francisco Cristancho) para momentos de reflexión. También, ‘Gaitas y tambores’, de Totó. Y el primero de Jazz Colombia, de la colección de ‘Nuevas músicas colombianas’. Pero en realidad me llevaría todo el catálogo. Cinco es muy poquito.

¿Qué álbum de otras discográficas llevaría?

Hay un álbum al que todo aficionado al jazz le tiene un gran aprecio: ‘Kind of Blue’, de Miles Davis.

¿Qué canción debería oír todo el mundo?

Creo que la música es una relación casi íntima del artista con una persona. Sin embargo, hay un disco del 2016 de Elvis Presley con la Sinfónica de Londres, que un gran productor hizo a partir de las grabaciones de los años 50. Lo que lograron es maravilloso, sobre todo la versión de ‘Love me Tender’. ‘Something’, de los Beatles, también me encanta. Y hay una versión de ‘Begin the Beguine’, de Gene Krupa, que es fantástica.

¿Qué discos considera que son hitos en la música colombiana?

Más que discos, ha habido formatos determinantes. Uno puede ser el de la orquesta de Lucho Bermúdez y la de Pedro Lasa en los 50. En los 60, Graduados, Hispanos, Corraleros y la irrupción de la música de acordeón, que pasó a llamarse vallenato. Fueron claves el Festival Vallenato (inaugurado a fines de esa década), los Hermanos Zuleta, los Hermanos López y Alfredo Gutiérrez. En los 70, Fruko y Joe Arroyo. En los 80, la irrupción del género carranguero. En los 90, las nuevas músicas colombianas.

Y en la primera década de este siglo, el descubrimiento de la música del litoral Pacífico, que tiene dos formatos, la del Chocó y la del sur. Del Chocó, lo que ha sobresalido es la salsa de Jairo Varela (Niche), pero casi todo el auge reciente es del sur: Grupo Bahía, Herencia de Timbiquí...

Muchos consideran que Carlos Vives partió en dos la música local. ¿Está de acuerdo?

No hay un éxito atribuible a una sola persona. Para ese trabajo fueron muchos los aportes de otros músicos, como Iván Benavides, Teto Ocampo y Antonio Arnedo.

¿Qué debe tener un músico para que usted trabaje con él?

Talento y constancia.

¿Dejó pasar a algún artista exitoso?

Muchos, unos por falta de visión y otros por falta de plata. Me pongo a llorar... (risas). Mi conclusión respecto de los resultados en esta actividad, aunque suene como Pambelé, es que al que mejor le va es al que menos se equivoca. Porque el margen de error es mínimo.

¿Cuál disco de MTM no deja de vender?

La canción 'Obsesión', de Estrellas Vallenatas. Y el álbum de jazz rock de FatsO.

¿Qué papel juega hoy la radio para la música?

Uno complementario, no de ruptura.

¿Qué fue lo más escandaloso que vio durante la época de la ‘payola’ en la radio?

El verdadero escándalo fue que los dueños de las emisoras hayan tolerado que sus empleados las utilizaran para recibir coimas.

¿Por qué cambió la industria musical por la domótica (automatización de viviendas)?

No es un cambio, sino una adaptación. Como las nuevas tecnologías son determinantes, quisimos diversificar en ese sentido para darle mayor proyección al negocio, y funcionó. Por eso abrimos la división de tecnología y domótica. Hoy, 70 por ciento de nuestros ingresos dependen de ella y el otro 30 por ciento, de la música.

¿Aún hace discos?

No, las cosas cambiaron. Todo el catálogo se está trabajando en plataformas digitales en vista de que el mercado se redujo en cuando a distribución, no por falta de interés del público.

¿Cómo es su relación actual con la música?

No tengo un horario determinado. Utilizo parte del tiempo libre para escuchar música, porque el del trabajo no lo considero tiempo de escuchar. La disposición que tengo no es la misma.

¿Qué opina del reguetón?

Es la música de una generación.

¿Le gusta?

(Silencio)... Es música de baile. Toda generación tiene una, y en la medida en que a uno ya le pasó la época de bailar, pues no le da importancia a que haya un ritmo de moda para el baile.

¿Qué lista de Spotify recomendaría?

No sigo listas. Tengo mi selección, algo así como 350 temas que me han gustado a lo largo de tres años, después de escuchar por lo menos 5.000.

¿Cree que hay la industria musical está en crisis?

No. Siempre he dicho que los mejores momentos de la música están por venir. Lo que ha venido decreciendo es el consumo del formato físico, pero el consumo de música en general ha crecido más que nunca. El mercado de la música tiene unas posibilidades que nunca se han visto.

DANIELA CARMONA SALAZAR
Escuela de Periodismo Multimedia de EL TIEMPO
En Twitter: @dad1016

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