Música y Libros

Las matronas de cantos del Pacífico en el Festival Petronio Álvarez

Inés Granja, Julia Estrada, Eva Pastora y Zully Murillo serán homenajeadas en Cali.  

La maestra Julia Estrada

La maestra Julia Estrada es de origen nariñense, pero desde hace 60 años vive en Buenaventura.

Foto:

Cortesía Festival Petronio Álvarez

16 de agosto 2017 , 12:12 a.m.

Zully Murillo: sumas, restas y música

A la prima Zunilda ya la había arreglado su mamá para ir a hacer visita a la casa de la tía Teresita, en Quibdó. Vestido bonito, trenzas, zapatos y medias.

Pero Zunilda no estaba contenta porque desde su ventana veía al resto de primos jugando en la calle, bajo un aguacero quibdoseño, todos felices. “No te vas a mover”, le dijo su mamá. “Cuidadito”, siguió.

“Entonces, en un descuido de la mamá, ella se salió a jugar con nosotros”, cuenta la cantante y compositora chocoana Zully Murillo, “y en un segundo se volvió nada, llena de ese barro anaranjado del Chocó, imaginate”, sigue.

Murillo, que debía tener unos cinco años, esperaba tremendo regaño de su tía a su prima. Entonces, tomó la decisión de decirles al resto de primos y amigos del combo que cargaran a Zunilda como si fuera una reina y la llevaran a la casa cantando.

Zully Murillo

Zully Murillo es autora de canciones como 'La banda' y 'Dormite'.

Foto:

Festival Petronio Álvarez

“Doña Mayi, vea a su hija, la que está empantanada”, decía el coro improvisado que Zully Murillo se inventó, y la señora, lejos de enojarse, se rio.

“Esa, creo, fue mi primera canción”, cuenta Zully Murillo, con voz fuerte por el teléfono. Está en Cali, donde vive y donde ha sido maestra de matemáticas por muchos años, porque aunque ella se dedicó a la música y los bailes desde niña, decidió volverse matemática, carrera que estudió en Bogotá.

Y todos se sorprendieron con esa decisión sobre su futuro profesional. “Es que vos deberías estudiar idiomas”, le decían sus amigas. “Vos siempre has sido la mejor en español”, seguían.

Pero, cuando regresó graduada, la gente la entendió. “Yo les empecé a enseñar matemáticas con canciones a las niñas desde el primer día; la música era un material muy importante en mi clase”, cuenta.

Entonces, agrega, sus clases siempre fueron una fiesta, a pesar de que era muy exigente, y hoy tiene montones de alumnos que no la olvidan.

Y no dejó su arte de cantar y componer. Suyas son canciones como La banda, Chimbilaco, Stanislao, Dormite, Miedo en el mundo, Jugando, Victorianito, Los espantos, La balsa y Torcaza y gato, entre otras, que han grabado Alfredo de la Fe, Guayacán, Bahía y La Contundencia.

Sus canciones tienen sentido de rondas, pero también muestran la fortaleza y el espíritu de su raza.

Por eso, una de sus nuevas canciones, Pero vivo estoy, resume esa resiliencia: “Me querían matar mis enemigos, pero vivo estoy; con mercurio y petróleo contaminaron las aguas, pero vivo estoy; mis padres y hermanos murieron, pero vivo estoy (...). Que viva la vida porque vivo estoy”.

Y esa misma voz maravillosa agrega: “Es que imaginate, aguantamos la travesía desde África hasta América cuando nos trajeron como esclavos en esos barcos, ¿no vamos a seguir siendo fuertes para conservar la tradición?”

Claro que sí. Por eso y aunque le dé pena que le rindan homenajes, lo recibirá hoy, porque es hora de celebrar su voz y su vida.

Julia Estrada y los arrullos al Niño Jesús

La maestra Julia Estrada, cantadora residente en Buenaventura desde hace 60 años, nació en “El Charco río Tapaje”, como dice, en Nariño.

Llevaba muchos años sin ir a su tierra. Se acordaba de lo bonito de la naturaleza, del pueblo y sus habitantes, pero cuando regresó solo encontró desolación.

“Habían matado a muchas personas, decían que fueron los ‘paras’, que los de la guerrilla, y yo me puse a llorar con mucho dolor”, cuenta.

Eso fue hace siete años y en ese momento nació uno de sus cantos, que entona vía telefónica: “Pobrecito mi Tapaje, ya no se puede vivir, unos corren para arriba, otros corren para abajo, buscando la protección...”

Allí encontró a un niño de siete años huérfano, pues a su papá lo desaparecieron los grupos armados y su mamá falleció de una viruela mal cuidada. La gran maestra tomó a ese niño de la mano y se lo llevó a Buenaventura, donde lo está criando y hoy tiene 15 años.

Uno siempre debe ser amante de su tradición y su cultura. Y hacer todo con amor.

Julia Estrada tiene 76 años y sus cantos están relacionados con la espiritualidad, pues ella se considera alabadora del Niño Jesús.

“Me viene de mis ancestros. Mi mamá era cantadora y rezandera, y con una tía celebraban a la Virgen del Perpetuo Socorro. De niña, veía cómo lo hacían”, cuenta.
Pero esperó para empezar a “arrullar al Niño Jesús. Fue cuando tenía 40 años que le hice la promesa de alabarlo, componerle y cantarle hasta que Dios me lleve”, cuenta.
Sus arrullos han recorrido las iglesias de Buenaventura, la Casa de la Cultura y varios barrios del puerto.

Y también hace balsadas. “Por tierra, porque por agua salen muy caras. Yo tengo dos canoas y les puse rodachines para recorrer los barrios”.

Además, cada diciembre hace un pesebre con los símbolos del Pacífico colombiano, “como guadua, pajas, atarraya, canoítas, toda la tradición”.

Ayer viajó de Buenaventura a Cali, a recibir el homenaje y a cantar con su grupo Ruiseñores del Pacífico.

Inés Granja, la voz de la marimba de chonta

En ese gran Pacífico colombiano, las canciones de Inés Granja forman parte de la tradición.

Es más, la gente canta La memoria de Justino, La marea, Marimba aé, Los camarones y Adiós Margarita como si siempre hubieran estado ahí, en los ríos, el mar, la selva.

Nacida en Timbiquí, Cauca, Inés Granja compone currulaos, rumbas, bundes, jugas y bambuco viejo. Ha grabado con varios grupos de su Timbiquí natal, entre ellos Socavón y Canalón, y ha dirigido el conjunto Santa Bárbara de Timbiquí, que ganó el Petronio Álvarez en el 2010 (mejor intérprete vocal).

Granja es una gran defensora de la tradición y especialmente del sonido de la marimba de chonta, instrumento que ama y respeta. De hecho, su primer disco como solista, editado en el 2010, se llamó La voz de la marimba.

Varias veces al año viene a Bogotá, donde dicta talleres que siempre están llenos. Es que su sabiduría es tan importante que en el 2013 recibió un reconocimiento especial de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño y Radio Nacional de Colombia por su tema Pacífico.

Jugas, bundes y currulaos se han paseado por el Festival Música del Río, del Carnaval de Barranquilla (2013) y también ha estado en Brasil y en Argentina.

Oír a Inés Granja es darse un recorrido espiritual por la música no solo de su zona caucana sino por todo lo que significa el Pacífico sur. Es una voz que llega hasta el infinito y más allá y que llama a preservar un territorio y su cultura.

La maestra Inés Granja nació en Timbiquí, en 1951.

La maestra Inés Granja nació en Timbiquí, en 1951.

Foto:

Cortesía Festival Petronio Álvarez

La hija del violinista y la guitarrista

Se llama Eva Pastora Riascos Baguí y vive en Tumaco, Nariño, a donde llegó en la década de los 70 procedente de Pambí, también en ese departamento.

Ha contado que es la hija de campesinos músicos: papá guitarrista y mamá violinista.
Forma parte del grupo Perlas del Pacífico, al que ingresó muy joven, con el que estará este miércoles en el homenaje, un conjunto que tiene una forma muy personal e íntima de interpretar jugas, bambucos viejos y pangos.

La maestra cantadora es música desde siempre.

Eva Pastora

Eva Pastora Riascos es nariñense y vive en Tumaco.

Foto:

Festival Petronio Álvarez

Ha contado que cuando llegó a Tumaco necesitaba un lugar para reunirse con los migrantes a este puerto del Pacífico, especialmente con la gente de su tierra.
Y lo encontró: se llamaba La Cueva del Sapo
, donde se les rendía homenaje a los mejores marimberos, cununeros, bomberos y cantadores.

Un nombre era importante ahí, el de Albino, que tocaba el bombo tan bien que, dicen los que saben, no ha nacido todavía el que lo interprete mejor.

La maestra Eva es fuerte, aguerrida. Y en sus manos un guasá es una bendición para el sonido, como pasa con todas las cantadoras.

Con su grupo hay otra particularidad: es uno de los más antiguos de Tumaco y en una presentación o en un ensayo, tanto ellos como los que los oyen entran en una especie de trance.

No es solo la voz, sino los instrumentos los que hacen el aporte para una comunicación con los dioses que rondan el Pacífico y los ancestros de todos los que ahí viven.

Esos ancestros incluyen a los que llegaron de África a darle no solo otro color a esta tierra.

También otra forma de ver la vida, de percibirla y de entenderla.

OLGA LUCÍA MARTÍNEZ ANTE
Cultura y Entretenimiento

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