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'Las redes alteran el foco de lo importante como noticia'

María Isabel Rueda habló con Mauricio Gómez, periodista galardonado en la última edición de los CPB.

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Ana María Busquets de Cano entrega el premio al mérito periodístico Guillermo Cano al periodista Mauricio Gómez.

Foto:

Néstor Gómez / EL TIEMPO

13 de febrero 2017 , 09:48 a.m.

Usted es uno de los cada vez más pocos reporteros que hacen este oficio en el país. La semana pasada ganó el galardón al ‘Mérito Periodístico Guillermo Cano’, que otorga el CPB. ¿De dónde sacó las agallas para hacer lo que hace?

Las agallas, de mi padre. Pero a mí me dieron ganas de hacer periodismo en televisión luego de ver los programas de Germán Castro Caycedo, que sacó por primera vez en Colombia las cámaras del estudio de televisión al campo. Eso que él hace, me dije, es lo que yo quiero hacer. Claro que ya en ese entonces algo de periodismo debía correr por mis venas…

Son duras las épocas para el periodismo. Se acaba el papel, reinan las noticias que se popularizan por las redes sociales, y los periodistas nos estamos teniendo que reinventar. ¿Pero todavía puede dar la cara el periodismo colombiano?

Creo sinceramente que estamos en el momento más negro del periodismo que yo recuerde. Nunca antes la provincia colombiana había sido tan ignorada como ahora. A los periodistas ya no nos duele la pobreza, ni el país y por eso no viajamos a las regiones. Tiene que haber varios niños muertos en La Guajira para desplazarnos allí, igual pasa con el Chocó y con el resto del país. Y hay otras fuerzas nefastas que han decaído gravemente el ejercicio de la profesión.

(Le puede interesar: Mauricio Gómez, un legado para el periodismo en TV)

Vamos por partes. Usted es un reportero investigador. ¿Salvo valiosas excepciones, la investigación periodística se está acabando en Colombia?

La investigación se acabó en el periodismo colombiano. Ese espacio lo han llenado las redes sociales, que exigen inmediatez y por lo tanto excluyen la investigación de los hechos. Pero la realidad es que en casi todo el mundo la inmediatez está reemplazando a la verdad.

El Estado es normalmente una fuerte pauta en los medios. ¿Esa es una de las fuerzas nefastas a las cuáles se refiere?

Es algo vergonzoso que el Estado sea el mayor patrocinador de todos los medios de comunicación en Colombia. Esto, cuando yo era más joven, no pasaba. Es una influencia nefasta. Hoy el monto del gasto estatal en publicidad, a través de todos sus entes centralizados o descentralizados, es desconocido, pero es obvio que es descomunal. Esta publicidad se otorga sin sujeción al estatuto de contratación, luego es un gasto designado a dedo, completamente discrecional. La invasión oficial es tal que antes de que cobren un ‘corner’ en un partido de la Selección Colombia se vienen con “¡Todos por un nuevo país!”. Ni el deporte está exento de la publicidad oficial.

Pero con el tema de la paz hemos visto otro fenómeno nuevo: la millonaria contratación de periodistas para su promoción...

También es muy preocupante que el Estado contrate por millonarias sumas a periodistas que siguen informando o escribiendo columnas de opinión sin contarles a los colombianos que tienen esos contratos que, desde luego, moldean su trabajo informativo y de opinión.

Pero el Estado no es el único corruptor. La empresa privada, ni se diga…

Sí, otra figura vergonzosa es la de los periodistas chantajistas, que reciben dinero para hundir a una compañía, a un producto o a alguien. Existe en Colombia la ‘payola’ y la ‘contrapayola’, como cuando se recibe dinero para poner en una emisora una canción para que pegue mucho o para no ponerla. El dinero logra el milagro de convertir a un villano rápidamente en un prohombre. El ‘engrase’, o este periodismo pagado, termina por comprar ideas y silencios.

¿Por qué cree que hay tanta indiferencia por las noticias regionales?

Estamos en un país donde la información sobre las regiones es ignorada en los grandes medios, incluyendo la televisión. Eso permite que a los periodistas de los medios regionales se los trate de sobornar o los estén silenciando incluso con la muerte. Y de esa muerte ni siquiera nos vamos a enterar, porque ocurrió en provincia. Son muy pocos los periodistas que viajan a las regiones desde Bogotá. Hoy es casi una regla periodística la de cambiar la experiencia personal de un reportero sobre el terreno por la información que se pueda pescar en internet. Por eso admiro a Salud Hernández, quien, siendo extranjera, se les mide, en EL TIEMPO, a temas calientes, muchos de ellos altamente peligrosos, con más información y agallas que muchos periodistas colombianos que siguen arrunchados en sus casas.

Perdón: ¿pero qué tal el cubrimiento periodístico de Venezuela en Colombia? Es casi inexistente…

Es cierto. Los periodistas no vamos ya ni a Venezuela. ¿Quién cubre aquí las noticias venezolanas? ¿Qué se ha dicho del silencio cómplice de Colombia frente a todas las arbitrariedades a las que están siendo sometidos los venezolanos? Ernesto Samper, nuestro exrepresentante en Unasur, logró decirle a Maduro en un discurso cínico que “¡Venezuela no podía estar en mejores manos!”.

Esa es una inercia que viene de este Gobierno. Silencio ante Venezuela para no causar problemas. ¿Cree que los medios en Colombia y los periodistas nos volvimos oficialistas?

Algo para mí muy desconcertante es la no publicación de las encuestas desfavorables al Gobierno. Si son favorables, todas se publican, pues el Estado los tiene aceitados con publicidad. Esto es una grave manipulación, que creo que no pasa sino en Colombia y en los regímenes totalitarios.

Yo creo que las encuestas sí las publican. Lo que siento es que hay como una especie de pacto tácito para hacer lo posible de no publicar ciertas noticias que afectan la credibilidad del Gobierno en el proceso de paz.

Es un grave fenómeno el de la politización de los periodistas, que se dejaron polarizar sobre el proceso de paz. Muchos acabaron siendo alfiles fletados del ‘Sí’ o del ‘No’, sin analizar el contenido de los acuerdos. Tampoco se va al fondo de grandes temas, como el aumento de los cultivos de coca, un fenómeno que afectará mucho este proceso.

Usted se la pasa recorriendo el país y nos puede contar. ¿Es verdad el aumento brutal de hectáreas sembradas de coca en nuestro territorio?

Es tal vez el hecho que más me ha sorprendido en el último año en mis correrías periodísticas. Ver con mis propios ojos la extensión infinita de los cultivos de coca en el Putumayo. Cada día se queman cientos de hectáreas de selva para darle paso a la coca. Los cálculos de 200.000 hectáreas dedicadas a ese negocio parece que no son ciertos, pues se basan en fotos satelitales viejas que no están actualizadas.

(Además: ¿Se nos está saliendo de la mano la erradicación de cultivos ilícitos?)

¿O sea que podrían ser más?

Es difícil dar una cifra, pero no me sorprendería que sea el doble de lo que se cree.

¿Será posible, por lo que usted ha visto, que logremos rebajar esos cultivos con la sola erradicación manual y el compromiso de las Farc?

Afirmar como se ha dicho que se van a erradicar voluntaria y manualmente 100.000 hectáreas de coca en el 2017 es un imposible. ¡180 hectáreas de coca bien administradas producen 5.000 millones de pesos al mes! ¿Quién va a cambiar los cultivos ilícitos para ponerse a sembrar maíz y plátano?

¿Estamos devolviéndonos por el camino hasta los años 80, cuando comenzaba el fenómeno de toma del narcotráfico, que casi acaba con el país?

Pues es muy probable que esta nueva arremetida del narcotráfico nos traiga los mismos males de antes: violencia y compra de conciencias de las autoridades, desde el policía hasta el ministro, pasando por los jueces. Además, el narcotráfico está causando un desastre ambiental acelerado que no queremos ver. Nadie toca el tema. Hoy se vive un conformismo del periodismo frente a las mafias que nunca vimos ni tuvimos con las mafias de los años 80, cuando el periodismo colombiano fue un modelo por su instinto de combate.

El Gobierno colombiano no parece tan preocupado por el fenómeno de los narcocultivos…

Pues el periodismo debería estar investigando el fenómeno. No esperar a que el Gobierno dé su versión. El periodista debe desconfiar de las cifras oficiales, no solo de este Gobierno, sino de todos los gobiernos. Como de las cifras de pobreza y deforestación. Desde hace 10 años hemos recorrido el país con CM& y en la Colombia rural la situación de la pobreza es dramática a pesar de las estadísticas oficiales. El Gobierno sostiene que la deforestación está disminuyendo en el país, pero en dos recientes viajes al Putumayo pude constatar que la quema de la selva para sembrar coca acaba mensualmente con miles de hectáreas. Eso no lo está parando nadie.

¿Cómo han cambiado el periodismo las redes sociales?

Hoy, cuando se deja de cubrir la realidad, la gente que necesita información la busca y hasta la publica en las redes sociales. Muchas noticias de fondo los periodistas las encuentran hoy a través de las redes. Y si la noticia pega en las redes sociales, sea o no verdad, es recogida por los periodistas y publicada rápidamente. De alguna manera, las redes han pasado a alimentar el periodismo, y no al contrario, como debería ser.

¿Tienen las redes algo que ver con el ‘canibalismo noticioso’?

Sí, claro. Algo muy grave del periodismo del mundo contemporáneo es eso que llamamos canibalismo noticioso. Me explico: si por la mañana hay un atentado terrorista donde hay 100 muertos y a mediodía James se lesiona, la lesión de James mata al atentado. Pero si más tarde Angelina Jolie consigue un nuevo novio, esa noticia, sin ninguna importancia, se come a todas las demás. La inmediatez de las redes sociales ha alterado el foco de lo verdaderamente importante en materia noticiosa. No se está entregando información, sino entretenimiento. La última noticia es la que vale. Las informaciones anteriores fueron devoradas por la velocidad de las posteriores y por consiguiente hasta ahí llega su seguimiento.

También registro la agudización de una avidez periodística por las noticias violentas…

Se impuso una nueva fascinación por la violencia. Las noticias nos despiertan con todas las pesadillas que ocurrieron mientras dormíamos: muertos y heridos de accidentes, palizas y cuchilladas. En esto hay que destacar que Yamid Amat, en CM&, no ha caído en esta trampa.

Ahora el periodismo se hace por Twitter. Si hasta se gobierna tuiteando…

Eso todo está entrelazado. Los tuits de los poderosos controlan hoy a la prensa. Así llegó el bárbaro de Donald Trump a la presidencia. Y así se manejó la campaña a favor y en contra del plebiscito del acuerdo de paz. Publicar el tuit de un poderoso no es periodismo, pues la prensa se vuelve una extensión de quien usa Twitter. Y así se maneja el país...

¿Al periodismo le queda algún papel importante en la nueva sociedad?

He llegado a la conclusión de que el periodismo, como la literatura, no sirven para nada. Yo he hecho denuncias sobre el contrabando, las regalías, la salud, la educación y el medioambiente. Y todos esos temas están peor que antes. La denuncia, por el canibalismo noticioso que vivimos, se vuelve flor de un día. Y los corruptos ya saben que eso es así.

Lo veo muy pesimista. Me deja bastante desanimada su diagnóstico…

Cuando las cosas van mal, hay que tomar aire y hacer una severa autocrítica que nos deje reflexionar sobre lo que debería ser el futuro de nuestra ya muy maltratada y desprestigiada profesión.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO

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