Música y Libros

‘Me reconozco como una víctima del reguetón’: Shakira

Después de tres años sin estrenar un álbum, la barranquillera presentó en Miami ‘El Dorado’.

Shakira lanza su disco El Dorado

Media hora después de su lanzamiento, varios países reportaban que ‘El Dorado’, de Shakira, ya era número uno en ventas digitales.

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Cortesía Sony Music

27 de mayo 2017 , 11:41 p.m.

Alguna vez, en el lapso de estos tres años de silencio discográfico, Shakira estuvo a punto de tomar el teléfono y decirle a Sony Music, su casa disquera desde que comenzó su carrera, que no iba a grabar más. Pero se trataba de Shakira, a quien ningún reto parece quedarle grande.

Cambiada por la maternidad, que se volvió prioridad para ella –lo acepta–, y también por los años de un estrellato en el que se espera que siempre dé pasos en firme y sorprendentes, la Shakira de hoy encontró ‘El Dorado’. Así lo dice en la dedicatoria del álbum a su familia.

El disco se titula precisamente así. La alusión al mítico tesoro indígena es clara, y la reiteró durante su primera aparición ante un micrófono en estos días del lanzamiento del álbum, cuya hora cero para salida al público era el viernes 26 de mayo.

Un par de éxitos previos habían abierto el camino para el álbum, que salió a la venta a la medianoche (hora de Miami). Estaban ‘La bicicleta’, que grabó con Carlos Vives y ya obtuvo un par de Grammy Latinos; ‘Chantaje’, la que hizo con Maluma, y, por supuesto, ‘Me enamoré’, el sencillo más reciente, que le dedicó a su esposo, Gerard Piqué, que la acompaña en el videoclip.

Media hora después de su lanzamiento, varios países reportaban que ‘El Dorado’, de Shakira, era número uno en ventas digitales. Al caer la noche del viernes, se anunciaba que en 37 países Shakira volvía a reinar.

En Estados Unidos encabeza ya el listado latino y está en el puesto número dos en el general (la suma de todos los géneros). Se sacaron a la venta, dicen en Sony, medio millón de álbumes físicos en todo el mundo.

En Colombia, la venta empezó en discotiendas, con filas de compradores –algo que cada vez se ve menos si se trata de discos compactos– a las 11 p. m. del jueves 25 de mayo. Más de 250 se vendieron en Bogotá a esa hora.

Poco antes de que estas cifras empezaran a correr, más exactamente, 15 minutos antes de esa medianoche fijada como el punto de partida de ‘El Dorado’, Shakira apareció ante los invitados a un ‘showcase’ (una breve presentación en vivo), en Miami.

El escenario de una antigua sinagoga, convertida en vivienda y solo por esa noche en el recinto elegido para un regreso musical casi íntimo para tratarse de una superestrella (alrededor de 200 invitados), dio comienzo a una maratón que Shakira no vivía hacía tiempos: la de la promoción.

Empezó cantando una versión acústica de ‘Chantaje’, en un formato que recordaba los antiguos ‘desconectados’ y resaltaba el ambiente de amistad cómplice –lejano de la parafernalia de una megaestrella– que quería transmitir.

Enseguida contó la conmovedora historia de ‘Toneladas’, la canción que grabó solo con piano y voz, anunciándola como una de las favoritas de su hijo Milan.

“Fue la primera canción que hice de este álbum después de ‘La bicicleta’ –contó– y la última en terminar. Le di muchísimas vueltas: primero la hice en ‘reggae’, después la hice pop, después la hice rock. Hasta que un domingo por la mañana me levanté y dije: Solo puede ir en piano y voz”.

Contó Shakira que buscaba un pianista en Barcelona, donde está radicada, hasta que recordó que cada mañana, cuando llevaba a Milan al colegio, oían melodías que venían de un piano de pared en la recepción del colegio.

“Sasha, Milan y yo, por varios minutos quedábamos hipnotizados escuchando a una de las mejores intérpretes femeninas de piano que mis hijos y yo habíamos oído. Era Laura, la profesora de música de Milan. Así que ese domingo la llamé y le pedí que viniera a mi casa (...). Ese día me dio lo mejor que ella tenía y aquí está, ha venido desde Barcelona esta noche”.

La presentación de arranque continuó con un desfile de invitados: Nicky Jam y Prince Royce, con quien Shakira grabó ‘Déjà vu’, en tono de bachata, se hicieron presentes para cantar con ella.

Cuando Shakira dejó el escenario, tras ese breve abrebocas de su nueva etapa musical, ya era número uno en ventas en varios lugares del mundo.

Tenía por delante una maratónica promoción, en la que desde la mañana hasta entrada la noche del viernes atendió, uno por uno, a periodistas de todas partes del mundo que fueron citados en el hotel Mandarín Oriental de Miami para tener tan solo cinco o diez minutos de sus declaraciones.

La estrella se detuvo para comer algo y para visitar un par de emisoras. A las 9 de la noche atendió a los primeros tres medios colombianos de la lista, y dio las respuestas más extensas que podía.

Su agenda también contemplaba interrumpir las breves entrevistas para dirigirse al ‘lobby’ bar del hotel y sorprender a los presentes con la interpretación de una canción. Cerca de las 10 de la noche, tenía por delante siete entrevistas más. Esto fue lo que Shakira habló con EL TIEMPO.

Hay inquietud sobre su giro, demasiado urbano para algunos. Ha coqueteado con muchos géneros, ¿ahora qué ve en estos ritmos?


El reguetón es uno de los ritmos más contagiosos que hay. Escucho reguetón y no puedo evitar ponerme a bailar. Me reconozco como una víctima de ese movimiento y, también ahora, participante, porque aunque mi música no es reguetonera, desde ‘La tortura’ (que interpretó con Alejandro Sanz) empecé a jugar con ese patrón rítmico.

En ese entonces, el reguetón era un asunto más bien reservado para Puerto Rico, República Dominicana y los artistas urbanos. Entonces, se me ocurre con Sanz hacer una interpretación y una fusión. Cuando aparece ‘La tortura’ ya me había enamorado de ese patrón rítmico. Además de ser un ritmo universal, es muy antiguo, casi prehistórico, existe en la cultura africana, en los sonidos del Medio Oriente y, aparte, nosotros en Occidente lo hemos llamado reguetón, con sonidos y programaciones.

Es algo muy comercial...

Sí que hay una preponderancia de la música urbana hoy en la radio, pero es que ahora la radio no es la voz de Dios. También el público decide qué escuchar; ahora con los famosos ‘streaming’, las redes sociales y la democratización de la información y de la música misma, la gente tiene la oportunidad de tomar sus propias decisiones, y esa es la parte buena del momento que estamos viviendo.

Sus letras en el pasado tenían muchas más frases y juegos de palabras. ¿Cómo ve su evolución? ¿Se ha ido simplificando?

Me he ido simplificando en muchos sentidos. Mi voz también es más simple. No sé si lo notas, pero antes tenía muchas inflexiones. No sé cómo todavía tengo tantos fanáticos, porque escucho algunas grabaciones de antes y digo: ‘Uff, ¿qué me pasaba?’ Me voy simplificando, me voy decantando, como el vino. Me voy reposando con el tiempo y creo que también mi música se va volviendo más minimalista.

Por ejemplo…

Una canción como ‘Chantaje’ es completamente minimalista, el himno del minimalismo en mi carrera: los mismos acordes de principio a fin. Eso estaba casi prohibido en mi vocabulario musical. Y luego, muy pocos sonidos. Es como un cuadro de Miró: rojo, amarillo, azul, de pronto una pincelada de verde y se acabó.

Este es uno de sus álbumes con más colaboraciones...

No lo planeé así. Fueron apareciendo los invitados, como cuando uno tiene una fiesta y llegan y llegan más y más, y de pronto no había tanta comida para todo el mundo ni cama para tanta gente, pero se forma el fiestón. Eso fue lo que pasó.

Fueron llegando...

Primero fue Carlos Vives, después llegó Maluma y pum: milagro, magia y ¿qué hacer con tanta magia? Pues dos canciones. Después, Nicky Jam. Pues: ¡que pase Nicky Jam! Y otra vez: ¡magia! Y Prince Royce y Magic en ‘When We Said’. La verdad, así me la pasé genial. Disfruté mucho de este proceso, de mis colaboraciones. Me alegró, por ejemplo, haber sublimado las ganas que tenía desde hace rato de hacer algo con Vives y de haber encontrado gente tan extraordinaria como ellos. Está también Black M, el rapero con quien hice una canción en francés para este álbum.

Esto hizo un disco tan ecléctico, tan variado y también con espacio para mi propia música, para canciones como ‘Nada’, que quizás recuerda mi repertorio más clásico, o canciones como ‘Coconut Tree’, que también está dentro del mismo rango, y hacer unas en inglés, como ‘When a Woman’ o ‘Amarillo’, más personales, o ‘Toneladas’, que también es personal.

A propósito de lo personal, fueron tres años sin grabar, y usted ha hablado del tiempo dedicado a la maternidad. Y saca un álbum a la luz ahora, cuando se espera tanto de Shakira...

¿Cómo manejo eso? A ver: “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”. Ahí me lo voy inventando, voy sobreviviendo el día a día y acabo a las 12 de la noche, muy cansada. A las 12:30 soy un trapo que tiran a la cama, pero bien. Estoy contenta de hacer de todo un poco, en mi faceta de madre recién estrenada y ahora, haciendo música, con ganas también de cantarle a mi público, de irme de gira y a ver cómo puedo hacer todo al mismo tiempo… ¡Malabarismo!

LILIANA MARTÍNEZ POLO
Cultura y Entretenimiento
Miami
* Por invitación de Sony Music

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