Música y Libros

‘Borges quería hacer el prólogo de mi libro, pero yo no quería’

La viuda del célebre escritor argentino revela por qué, a los 80 años, publica su primer libro.

María Kodama, viuda de Jorge Luis Borges

María Kodama es hija de un químico japonés y de una pianista descendiente de alemán y española.

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Arantxa Iñiguez / EFE

07 de enero 2018 , 10:34 p.m.

María Kodama dice que escribe desde que tiene memoria. Y, desde que empezó a tener memoria, su vida estuvo ligada a la figura de Jorge Luis Borges. Dice que a los 5 años creó su primera pieza teatral y que también a esa edad almacenó el primer recuerdo relacionado con el escritor. Fue cuando su profesora particular de inglés le leyó los versos de ‘Two English Poems’. Entonces ella, sin saber que pertenecían al más célebre de los escritores argentinos, retuvo un fragmento: “Te puedo dar mi soledad, mi oscuridad, el hambre de mi corazón”. ¿Qué sería aquello del hambre del corazón?

Kodama se define en una palabra: hedonista. Cuenta que sale todas las noches con sus amigos y que no se acuesta sino hasta las 2 o 3 de la madrugada. Cuenta además que le gusta bailar a solas, en su casa, para relajarse después de sus días laborales, que se dividen entre su trabajo en la Fundación Internacional Jorge Luis Borges y las conferencias que da, en distintos lugares del mundo, sobre la obra del autor de ‘Ficciones’. Cuenta que le gusta bailar ritmos muy diversos, pero de lo que más disfruta es del rock. Es fan de los Rolling Stones y de los Beatles. Y dice que jamás pisó una cocina porque no le interesa la comida ni mucho menos cocinar. Es una clienta habitual del local de McDonald’s que está cerca de su casa.

No es fácil adivinar su edad. La tarde de la cita para la entrevista en un bar del barrio bonaerense de Recoleta lleva puesta una camiseta con la estampa de un tigre y la leyenda ‘Stay Strong’. Y es así, fuerte, como se la ve a los 80 años. Se ríe mucho mientras conversa. Se divierte. Pero se pone seria y tajante cuando una pregunta no le gusta.

Ha cosechado enemigos, durante y después de Borges. Y ha sido muy combatida por buena parte de su entorno. Sus batallas legales contra todos aquellos que a su entender usufructúan la obra del autor de ‘El libro de arena’ son famosas. Su último pleito, que tuvo mucha repercusión en el mundo literario, fue con el escritor Pablo Katchadjian, al que demandó por la publicación casi artesanal de 200 ejemplares de ‘El Aleph engordado’, un ejercicio literario escrito a partir del célebre cuento de Borges, que ella no dejó pasar y atacó con la fiereza del tigre. Este año, tras varias instancias, Katchadjian fue sobreseído.

Kodama acaba de publicar ‘Relatos’, su propio libro, el primero, ilustrado con pinturas del italiano Alessandro Kokocinski que fueron inspiradas por los relatos. El nombre del artista no es un dato ni una mera elección estética. Fue por una situación dramática vinculada con este pintor que Kodama se decidió a publicar sus escritos. El momento llegó 31 años después de la muerte de Borges, quien, según cuenta ella, le había insistido en que lo hiciera. Kodama atribuye esto al destino, un tema que aparece de modo recurrente en sus relatos.

¿Por qué se decidió a publicar su libro?

La decisión surgió de una manera muy rara. Tuvo que ver con Kokocinski, un pintor italiano que había donado un cuadro extraordinario a la Fundación. Un día me llama mi amigo Fernando Flores, director del Foro Ecuménico Social, a quien yo le había regalado estos cuentos. Me dice que Kokocinski andaba muy angustiado porque estaba quedándose ciego y que quería algo para inspirarse y poder pintar. Entonces me preguntó si podía darle uno de mis cuentos. Como mis cuentos son tan terribles como las pinturas de Kokocinski, le dije que sí, que se los enviara. Así fue, y resultó. El pintor realizó luego una exposición en Italia y en China, con gran éxito. Al cabo de un tiempo, Fernando me contó que Kokocinski estaba muy enfermo y le había expresado su deseo de ver esas obras en un libro. Así fue como me decidí a hacerlo. Yo no tenía interés en publicar, pero fue una cosa muy dramática, especial. Sería un monstruo si no lo hubiera hecho.

¿Cómo nacieron estos cuentos?

Yo escribo siempre. Borges quería hacer el prólogo de mi libro, pero yo no quería. Alberto Girri también quería hacerlo, y eso, te imaginás, no iba a permitirlo: a Borges le iba a dar un ataque de celos.

¿Por qué no quería publicar?

Para mí escribir es como bailar. Es la forma de evadirme de la realidad. Yo nunca tuve interés. Borges se enojaba porque yo no quería publicar.

¿Y qué hacía usted cuando Borges se enojaba?


Cuando él estaba enojado yo publicaba algo, pero en alguna revista. Para darle el gusto. Él me preguntaba: “¿Por qué hace eso?”. Y yo le contestaba: “Déjeme que haga mi camino a mi modo, de la misma forma en que usted hizo el suyo”. Ahí cortaba la historia.

Pero ahora que ve el libro publicado, ¿está contenta?

No siento nada. Fue un deber moral cumplido.

¿Borges leyó todos los cuentos?

Leyó algunos. ‘John Hawkwood’, por ejemplo, y ‘El dinosaurio’, que le pareció divertido.

¿Cómo era como lector?

Muy exigente. Pero estos cuentos le encantaron.

Lo admiraba, como todos. Pero no me cohibía. Yo escribía desde antes de conocerlo

Como escritora, ¿se sintió alguna vez incómoda ante la gran figura de Borges?

Para nada. Lo admiraba, como todos. Pero no me cohibía. Yo escribía desde antes de conocerlo.

Usted ha dicho que el primer recuerdo de su encuentro con la escritura de Borges la lleva hasta la infancia, cuando tenía apenas 5 años...

Cuando mi profesora me leyó ‘Dos poemas ingleses’, yo no entendí. Pero me quedó grabado el verso de “el hambre del corazón”. Para una criatura de 5 años el hambre es del estómago, no del corazón. Entonces le pregunté a mi profesora a qué se refería. Y ella me dijo: “Es el amor”. Durante años esperé saber qué era el hambre del corazón.

¿Y lo aprendió?

Por suerte no. Porque se refería al amor no correspondido. Y cuando una vivió un amor ultracorrespondido no tiene hambre del corazón. Así que, por suerte, no. Luego, la segunda vez que me encontré con un texto de Borges, cuando tenía 10 años, sin saber que era de él, fue en una revista que había en mi casa. Probablemente era ‘Sur’. Ahí leí: “Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche”, la primera oración de ‘Las ruinas circulares’. Sentí algo muy fuerte y me dije: “¿Qué es esto?”. Leí el cuento hasta el final, por supuesto, pero no entendí nada. De todos modos, quedé presa de tal forma de ese cuento que si al día de hoy alguien dijera que tengo que quemar toda la obra de Borges para salvar solo una pieza, yo salvo esa. Estuve años sin saber quién era el autor.

En su libro, usted habla del destino. Y esto que está contando tiene que ver con cierta predestinación. ¿Cree en el destino?

No lo sé. Borges decía que nosotros debíamos estar juntos desde muchas vidas anteriores y entonces teníamos que prometernos reencontrarnos en la próxima. Pero no creíamos, era como un juego. Entonces yo le decía: “Sí, perfecto, nos reencontramos, pero usted sabe que yo soy muy sincera, y en la próxima voy a ser científica”. Y entonces él me decía: “No me diga eso”, porque quería volver a ser escritor.

Otro de los temas que aparecen en sus relatos es la finitud de la vida. ¿Cree en la reencarnación?


Bueno, es una posibilidad. Borges me decía: “Si no es así, qué horror, porque no vamos a reencontrarnos”. Y yo creo que sí, que en el infinito las paralelas se unen. Entonces, antes del infinito, nos reuniremos. Yo no pienso en la muerte. ¿Para qué?

Respecto de su rol como custodio de la obra de Borges, le quedan 39 años más de derechos, antes de que pase al dominio público cuando se cumplan los 70 años de su muerte. ¿Ha pensado en su legado?

Esa es mi historia. Dejo sin contestación esa pregunta.

¿Se siente atacada?

He sido muy atacada. Me han acusado de usar la figura de Borges. Con ese argumento, yo pienso que también me habrán usado a mí, en todo caso. ¿Quién usa a quién en una relación? El rol de la viuda malvada a mí me entra por un oído y me sale por el otro. ¿Qué me importa? Los que critican son pobres personas. Son personas en las que vos ves la misoginia, ves la misión frustrada, el deseo de ser otro. Ves todo lo negativo. Yo nunca he contestado a esas críticas. Eso sí, hasta que se meten con la obra de Borges. Eso es otra cosa, porque es mi responsabilidad.

¿Se siente atacada también como mujer?

Mi padre me crió de una manera muy especial. Para él no existía ninguna diferencia entre el hombre y la mujer. Y todo lo que hacía un hombre podía hacerlo yo. Mi padre me hizo libre. Me dijo que a medida que yo creciera, él me iría diciendo lo que le parecía bien o mal, pero que sería yo quien tomaría mis propias decisiones. “Si usted contradice todas mis enseñanzas y yo me doy cuenta de que no es un capricho, sino que realmente es lo que usted siente que debe hacer, va a tener mi respeto hasta el último día de mi vida”, me dijo. Después de eso, ¿quién va a venir a decirme cómo vivir o qué hacer? ¿Te das cuenta? Yo soy libre, y eso es fascinante.

¿Y a vos qué te parece? Alguien que agarra una obra, le cambia palabras, la ‘engorda’, palabra que a Borges lo hubiera horrorizado. Yo soy responsable

¿Por qué dio esa batalla contra Katchadjian? Le pregunto desde lo personal, no desde lo legal.

¿Y a vos qué te parece? Alguien que agarra una obra, le cambia palabras, la ‘engorda’, palabra que a Borges lo hubiera horrorizado. Yo soy responsable. Con ese criterio yo agarro la obra de Borges y hago lo que se me canta. La diferencia es que yo tengo todo el amparo de la ley. Hay otros escritores que se han inspirado en Borges a los que no he demandado. Pero lo suyo no fue que se inspiró. Agarró el cuento, cambió palabras dentro de la obra y agregó cosas. Pero eso qué importa ahora.

¿Esas cosas la enfurecen?

No, no. Yo no me enfurezco con nada. Soy japonesa. Tengo otra formación. Actúo porque siento una responsabilidad.

¿Cómo siguió la historia de aquella frase de ‘Las ruinas circulares’ que la marcó?

Fue fascinante. Muchos años después me dieron para prologar un libro de entrevistas que Victoria Ocampo le hizo a Borges. Era un libro en el que él, que ya estaba ciego, escuchaba la descripción de una fotografía y contaba la historia de esa imagen. En una de ellas, Victoria le dice: “Acá hay una casa”. Y se la describe. Borges le responde que aquella era la casa de la calle Anchorena en la que había escrito, en una semana, ese relato. Y ahí le dice que ni antes ni después de ese cuento le había pasado de sentir la escritura con tanta intensidad. Y fue esa misma intensidad la que sintió una chica de 10 años que no entendió nada, pero quedó prendada del texto, presa de ese cuento hasta hoy. Y lamenté tanto que Borges no estuviera, porque fue una cosa maravillosa. Es algo que yo le hubiera señalado como uno de esos hitos mágicos. Le hubiera dicho: “¿Ve? La reencarnación”. La unión de las almas es muy impresionante.

María conoció a su esposo a los 16 años

María Kodama nació en Buenos Aires en 1937. Se graduó como profesora de literatura en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y conoció a Jorge Luis Borges en 1953, durante un curso que él impartía. Desde 1975 lo acompañó en sus viajes al exterior. Se casaron en 1986, poco antes de la muerte del escritor, ocurrida en Ginebra (Suiza). Hoy, como presidenta vitalicia de la Fundación Internacional Jorge Luis Borges, se ocupa con ahínco de preservar y difundir su obra.

NATALIA PÁEZ
Para EL TIEMPO

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