Música y Libros

‘El Papa es hoy el único hombre justo en el lugar justo’: Camilleri

Andrea Camilleri, uno de los escritores italianos más leídos, reflexiona sobre la política actual.

Andrea Camilleri, escritor italiano

A pesar de no ser creyente, Andrea Camilleri dice en su estudio que él se rinde ante el liderazgo y bondad del papa Francisco.

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EFE

08 de enero 2018 , 10:22 p.m.

Tiene 92 años, ya no ve –un glaucoma lo condenó a una ceguera que para él fue como que a un obrero le cortaran las manos, según confiesa–, pero su cabeza sigue más lúcida que nunca y con ganas de más. Tanto es así que, ayudado por Valentina, su asistente de toda la vida, Andrea Camilleri, el escritor más importante de Italia –con 103 libros escritos y 26 millones de copias vendidas solo en la península–, no deja de producir.

Sentado en su despacho romano, el padre de las novelas policiales protagonizadas por el policía Salvo Montalbano –llevadas a la televisión con inmenso éxito en todo el mundo– cuenta que está por salir en Italia ‘La red de protección’, el primer Montalbano no escrito, sino dictado (a Valentina): todo un cambio.

En esta entrevista, en la que, como siempre, fumó varios cigarrillos (Muratti) y se tomó un vaso de cerveza, Camilleri, un siciliano, comunista y ateo, dice que el papa Francisco es, “actualmente, el único hombre justo en el lugar justo”.

¿Qué piensa de Trump?

Pertenece a esa categoría de políticos que me dan miedo. Porque son unos improvisadores de la política. Y hoy no creo que exista mucho espacio para los improvisadores, porque el riesgo de la improvisación hoy es el de empeorar la situación mundial en la que nos encontramos.

Usted no es creyente, pero ¿qué idea tiene del papa Francisco?

Una idea extremadamente positiva. Mire, cuando Ratzinger renunció se reunieron en cónclave los cardenales. La tradición católica indica que la designación del nuevo papa tenga lugar a través de las votaciones de esos cardenales, pero también por la presencia del Espíritu Santo. Ahora se ve que ese día el Espíritu Santo estaba especialmente despierto y comprometido. Porque después de Ratzinger bien podía venir alguien no capaz de hacer lo que su sucesor tenía que hacer: es decir, una cierta limpieza en lo que era la curia romana, limpieza en lo que habían sido los asuntos del Istituto per le Opere di Religione (IOR), el ‘banco’ del Vaticano, y, sobre todo, una nueva actitud respecto de las novedades mundiales. Y afortunadamente ha ocurrido que fue elegido el hombre justo en el lugar justo. Esto es lo que pienso de Francisco: que es el hombre justo en el lugar justo. Y pienso que actualmente, y a nivel mundial, es el único hombre justo en el lugar justo.

Hay una decadencia de la dirigencia política evidente...

Para un hombre como yo, que tiene 92 años y que cuando era muy joven, con el fervor de ‘rehacer la Italia democrática’, y siendo comunista, me encontraba frente a hombres de la estatura de un De Gasperi (Alcide, político de la Democracia Cristiana 1922-1954), resulta algo raro extrañar a personas como De Gasperi. Pero, ¡es así! Es decir, lo terrible, sobre todo en Italia, es que los que se ocupan de política han perdido totalmente el sentido de Estado.

Para usted, ¿a qué se debe esta decadencia de la élite política, que no es solo italiana, sino mundial?


No lo sé. Yo he visto en la historia ciclos maravillosos. He visto a Kennedy, al papa Juan XXIII, a Kruschev, en su locura; lo que usted quiera... Pero eran líderes que siempre estaban con un pensamiento positivo que generaba actos positivos. Ahora veo gente que no es capaz siquiera de pensar, ni en positivo ni en negativo. Hoy, toda la política parece moverse al día a día. No hay una perspectiva a largo plazo. Y hablar de todo esto no solo me da dolor, sino que me molesta. Podría parecer que yo, como todos los viejos, tengo el humor negro del ocaso, como decía Alfieri (Vittorio, dramaturgo italiano). Pero, ¡yo no lo tengo!

Ha escrito 26 novelas de Montalbano y cinco antologías de cuentos. Cuando lo entrevisté en 2012, le pregunté si había algo de usted en Montalbano, y me dijo que había mucho de su padre. Esta vez le pregunto: ¿no se ha cansado de Montalbano?

Mmmhh (risas). La suerte es esta: que no escribo solo Montalbano. Por lo tanto, como escribo otros libros, esto me permite mantener por algún tiempo alejado al lobo. Una vez leí un libro en el cual hay un trineo con dos hombres a bordo que están siendo perseguidos por los lobos. Entonces, uno de los dos, que es el más práctico y tiene un bolso con carne, cada tanto, agarra y les tira carne... Y los lobos se detienen a comer, y ellos adquieren una cierta distancia. Bueno: afortunadamente escribo carne para Montalbano, le tiro algunas cosas, él se distrae y yo puedo seguir adelante con mi trineo para contar otras cosas.

La mafia es un tumor. Si se interviene enseguida, quirúrgicamente, el tumor no tiene tiempo de hacer metástasis

¿Qué edad tiene Salvo Montalbano?

Me lo dijeron algunos estudiantes de Cagliari, eso está declarado en una de las primeras novelas, que nació en Catania en 1950. Ha superado la edad para jubilarse. Pero en la ficción se puede (risas).

Usted dijo en una entrevista que escribió poco de mafia para no darle “nobleza”. Este año se cumplió el 25.° aniversario del asesinato del juez antimafia Giovanni Falcone. ¿Usted, que es siciliano, qué opina de la mafia?

Para el aniversario yo no quise hacer declaraciones. Estas conmemoraciones no sirven para nada. Es justo hacerlas, pero pensar que de estas cosas pueda brotar una energía nueva que pueda hacer ver las cosas bajo otro punto de vista, que dé fuerza a los que combaten verdaderamente... La verdad, yo no lo creo.

¿Qué recuerda de ese día del magnicidio, el 23 de mayo de 1992, una fecha que marcó a todos los italianos?


Volvíamos del Salón del Libro de Turín con mi esposa, porque se presentaba un libro mío. Había un tren, un tren increíblemente vacío, que se detuvo en la estación de Viareggio. Y vi a un señor con un portafolio de cuero que corriendo atravesaba el andén y subía al tren. El hombre estaba llorando, tenía el rostro lleno de lágrimas. El tren volvió a partir y de golpe oí ruidos muy fuertes: me di vuelta y era esta persona que golpeaba su portafolio contra las paredes del tren gritando: “¡sicilianos puercos, sicilianos asesinos!”. Y lloraba. Tuve miedo, pensé que estaba loco y que si descubría que yo era siciliano, me mataría. Volví a mi asiento y le dije a mi mujer que “había un loco que detestaba a los sicilianos”. Cuando llegamos a la estación Termini, en Roma, la persona que me vino a buscar me contó la noticia del asesinato de Falcone. Y entonces entendí la rebelión moral, la indignación de un italiano ante este hecho. Y siendo yo siciliano y considerando que también la víctima era siciliana, no pensé “puercos sicilianos, asesinos”. Pero creo que sentí en mi interior la misma sensación de rabia que ese señor había sentido.

Falcone dijo: “La mafia es vencible”. ¿Usted qué piensa?

Es fácilmente derrotable si se tiene la voluntad política y social de derrotarla. La mafia es un tumor. Si se interviene enseguida, quirúrgicamente, el tumor no tiene tiempo de hacer metástasis, es decir, de esparcirse por todo el cuerpo. La mafia no vive de por sí, sino a través de las metástasis. ¿Y cuáles son las metástasis? Las metástasis son las relaciones con la política, con los bancos, con el mismo Estado. En tanto no se trunquen estas relaciones, la mafia seguirá existiendo, asumirá formas distintas, disparará menos, pero seguirá viviendo. Es fácil eliminar a la mafia, pero es necesario que estemos todos de acuerdo.

Ahora usted le dicta a Valentina. ¿Cómo vive este cambio?

¡Mal! Pero, atención, esta ceguera mía no vino de un día para el otro, fue como una muerte anunciada, lo sabía. Pero, por más que uno sepa, nunca se logra entender cuál es la realidad. Y la realidad es mucho más fea de lo que me imaginaba. Por lo tanto, sentí una suerte de desesperación. Esto ha sido como cortarle las manos a un obrero. Pero Valentina empezó con algunas sugerencias, y, como ella trabaja conmigo desde hace 15 años, ha corregido bocetos... Es capaz de manejar este lenguaje mío con cierta desenvoltura. Y así, hicimos un intento, que es justamente el libro que está saliendo ahora, que se llama ‘La red de protección’. Dictar no es fácil, porque uno debe mantener siempre en la memoria lo que ha dicho antes.

En sus últimas novelas policiales, usted ha descrito mucho el drama de la inmigración. ¿Qué opina de esta ola migratoria, la mayor desde la Segunda Guerra Mundial?

Pienso que era previsible, pero no pudimos anticiparlo. Cuando llegaron los albaneses (fin de la década de 1980) fue una clara señal de lo que podía llegar a suceder en otros países del mundo. Y yo me quedé maravillado de cómo, por la miseria, podían ir llegando las primeras barcazas y que nadie se diera cuenta de que nos encontrábamos al principio de una transmigración de millones de personas y de que nadie tomara las medidas necesarias. Ahora, las medidas necesarias, sobre todo porque existe Europa, no son poner un acorazado en medio del mar y disparar a las barcazas de los refugiados.

¿Y qué hay que hacer?

Se trata de acogerlos. Y, por lo tanto, tener un plan que cada honesta familia pondría en marcha: si me llama por teléfono un primo que me dice que perdió su casa porque hubo un terremoto y me pregunta si lo puedo hospedar junto con su familia, yo digo ‘bueno, tengo tantos ambientes, podemos poner dos camas acá...’. Aún hoy, hay una parte de Europa –del este de Europa– decididamente negativa a cualquier acogida. Esto no puede suceder. Europa debe actuar unitariamente. No se dan cuenta de que los muros, incluso de cuatro metros de alto, se superan. Basta que se pongan uno arriba del otro.

¿Qué opina de los políticos que piden muros?

La única política sabia es una sabia política de acogida. La globalización ha achicado el mundo. Alguien que se escapa de las bombas en Siria es como si se escapara de Palermo para llegar a Roma. Es lo mismo. Creo que estamos ante una suerte de culpable ceguera, porque aún estamos al comienzo de esta migración.

ELISABETTA PIQUÉ
LA NACIÓN (Argentina) - GDA
Roma
En Twitter: @bettapique

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