Música y Libros

El revuelto de las noticias: entre el Quijote y la boda de Enrique

Mientras la cultura pierde batallas con el entretenimiento, la contracultura emerge con activismo.

Fiesta del libro 9

“Hoy, lo que no es divertido no es cultura; lo que tiene valor es lo que vende y lo que no consigue grandes audiencias es malo”: Frederic Martel.

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Guillermo Ossa / EL TIEMPO

25 de abril 2018 , 11:16 a.m.

Faltan cinco minutos para que termine el noticiero y se viene la información del entretenimiento. Alguna de las bellas que presenta esta franja final habla entonces del matrimonio del príncipe Enrique; luego, de un video viral de Shakira abriéndole los brazos a Milán en sus primeros pasos; después, del nuevo premio Alfaguara de novela, y aquí pronuncia mal el apellido de la ganadora; viene una corta información de una exposición pictórica, y termina con la última tendencia en trajes de baño.

¿En qué momento ocurrió este fenómeno de revolver la literatura, las artes plásticas, con el entretenimiento y de trivializar los contenidos tradicionales de la cultura con los de la farándula y el jet set? ¿Qué tan mala es esa tendencia? ¿Tiene aspectos positivos?

El tema lo vienen abordando desde hace tiempo nombres tan resonantes como Raymond Williams, Giles Lipovetski, Jean Baudrillard, Frederic Martel y Vargas Llosa, para exponer conclusiones que van desde el tremendismo hasta la resignación por lo inevitable. Lo cierto es que sí parece haber unas claves como la banalización, la masificación, el facilismo, el criterio contable, el triunfo de lo liviano y lúdico que han terminado cambiando para siempre la producción y el consumo de cultura. Y su difusión, obviamente. “Hoy, lo que no es divertido no es cultura; lo que tiene valor es lo que vende y lo que no consigue grandes audiencias es malo. Sin más consideraciones, es el mercado el que determina quién es artista y quién no; qué es arte y qué no”, escribió Martel.

Esa es una de las discusiones que abordará esta semana el X Encuentro Internacional de Periodismo, dentro de la Feria del Libro de Bogotá, bajo el nombre de ‘Comunicación, resistencia y contraculturas’. El encuentro es organizado por la facultad de Comunicación de la Universidad Externado de Colombia en asocio con la Cámara Colombiana del Libro, y va desde el 26 hasta el 28 de abril.

Entonces, ¿qué es lo cultural para el periodismo contemporáneo? Es la pregunta que intentarán responder el escritor chileno Rafael Gumucio, el mexicano Daniel Salinas y la portuguesa Inés Fonseca en una de las mesas centrales.

Ahora bien, la preocupación de los Vargas Llosa, los Lipovetski, los Martel acerca de la crisis por la trivialización y el viraje inevitable hacia el entretenimiento se enfoca básicamente en la cultura tradicional y hegemónica, o sea la de los museos, las galerías de arte, los parnasos de la poesía, el mundo sinfónico. Y eso está bien, pues el llamado de alerta es válido.

El cine de Ciudad Bolívar

Sin embargo, ese debate desdeña un poco otras formas menos visibles de cultura y las vigorosas corrientes de la contracultura, entendido el término como lo acuñó el profesor Theodore Roszak no solo de oposición a lo canónico sino de mutación y de resistencia. Y tampoco incluye los fenómenos ‘underground’ y los formatos no tradicionales de expresión.

Así, todo el mundo sabe que en Bogotá se celebra un Festival Iberoamericano de Teatro que llegó a tener importancia mundial, pero casi nadie sabe que en el barrio Potosí, de Ciudad Bolívar, señalado como uno de los más peligrosos de la ciudad, se celebra el Festival Internacional de Cine y Video Alternativo y Comunitario ‘Ojo al sancocho’, y que en esas cumbres pobres hay una alfombra roja para recibir personalidades de hasta 15 países.

Mucha gente conoce las grandes e imponentes librerías de la ciudad, como la Lerner o la del Fondo de Cultura Económica, que acercan a la gente a las corrientes del pensamiento mundial. Pero pocos conocen que en la calle 46 con séptima se encuentra la librería La Valija de Fuego, un sitio que, además de la oferta tradicional de títulos, ofrece libros, interacción y atmósfera para las tribus urbanas, los roqueros, punkeros, los anarquistas; un lugar donde caben y pueden dialogar amistosamente Bach y Kiss, Beethoven y Metallica. Lenin y Hitler.

Todos saben que en Bogotá se celebra un Festival Iberoamericano de Teatro, pero casi nadie sabe que en Ciudad Bolívar, se celebra el Festival Internacional de Cine y Video Alternativo y Comunitario

El Encuentro de Periodismo este año trata de no dejar por fuera esas miradas alternativas, bajo un supuesto arriesgado pero válido: en la medida en que la cultura se trivializa, las contraculturas parecen ir robusteciéndose como opciones cada vez más potentes de transmisión de saberes y sentires, de búsqueda estética y hasta de inclusión y reivindicaciones sociales.

‘Arte y periferia’ es una de las mesas que se ocupará de este tema. En ella estará Daniel Bejarano, de ‘Ojo al sancocho’, quien empezó hace 18 años su proyecto de cine comunitario, en el cual el vecindario produce sus propias historias, las actúa, las dirige, se encarga de grabar; del sonido. “En el cine comunitario es más importante el proceso que el producto final”, asegura él. De ese modo, se tejen redes, se construye identidad y memoria, y se mitiga el abandono estatal. Y esas películas caseras han terminado exhibiéndose en alrededor de 20 países, adonde las ha llevado Daniel.

Existen entonces unas “apuestas alternativas de arte, periodismo y denuncia”. Y así se denomina otro de los espacios de discusión en el cual el maestro Édgar Álvarez, quizás el animador más importante del país, contará cómo su documental ‘Invisibles’, hecho en figuras de plastilina para recrear a los habitantes de calle bogotanos, ha sido exhibido en cincuenta países y se llevó el premio a mejor animación en Milán, Los Ángeles, Cali y México.

En ese mismo espacio estará la actriz clásica del teatro colombiano Patricia Ariza, que es fundadora de La Candelaria y una activista de la paz desde hace varios años. En esa tarea, ha llevado a las tablas a actuar a las madres de Soacha en ‘Tribunal de mujeres’, una especie de Antígona colectiva. También, hizo un gran ‘performance’ con 300 víctimas del conflicto armado hace tres años en la plaza de Bolívar.

Esa es la otra faceta del arte que vale la pena rescatar y potenciar: la resistencia. ‘Activismo y nuevas culturas’ se denomina la discusión en la cual se planteará cómo la causa animalista, la LGBTI, la del consumo responsable (o al menos con menos riesgos) de drogas se vale de comunicación y arte para promover unas luchas que generen conciencia, inclusión y hasta cambios en los imaginarios colectivos y en las políticas públicas.

“Chapinero es una zona reconocida por ser amigablemente gay, pero hay un rechazo a los trans, sobre todo en los establecimientos comerciales –cuenta Sebastián Lanz, de la ONG Temblores–. Allí hicimos todo un trabajo de acercamiento y desmitificación. También hicimos intervenciones callejeras en el parque de los ‘hippies’, en las que se sensibilizaba a la gente, se escuchaban testimonios y se dejaban mensajes con tiza en el suelo”.

Marc Singer, el periodista de ‘The New Yorker’, es uno de los ejemplos de resistencia política (ahora más que nunca), plasmada a través de sus libros sobre Donald Trump. Singer estará presente para hablar sobre la megalomanía, el desdén por la verdad, la superficialidad y en últimas el carácter monstruoso que le ve al presidente de Estados Unidos.

Mujeres libres

Aunque el feminismo es, tal vez, la militancia más conocida y exitosa de todos los activismos, hay una vertiente menos publicitada y es la de la libre expresión de la sexualidad femenina que la escritora francesa Catherine Millet plasmó en su libro ‘La vida sexual de Catherine M.’, provocador, escandaloso, libertario y, para algunos, pornográfico. Catherine estará conversando con Melba Escobar.

Precisamente, el feminismo, en una de sus luchas más fogosas de los últimos años protagonizará el cierre del evento, cuando Laura Restrepo exponga las claves de su último libro, ‘Los divinos’, una queja dolorosa contra el feminicidio, en este caso el ejecutado contra la niña Yuliana Samboní, por una casta intocable, educada para creerse dueña de la vida y de la muerte, y de los otros.

Bueno, esos son los contenidos de cultura y comunicación que se dejan para los últimos minutos de los noticieros, después de los goles y las lesiones deportivas, y antes de las buenas noches y los créditos finales.

SERGIO OCAMPO
Para EL TIEMPO

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