Música y Libros

Atlantis, la comunidad irlandesa en Colombia que no vive en consumismo

Esta es la historia de Katie James, quien tiene el ideal de una vida sencilla, sana y natural.

Katie James, cantante

Su álbum ‘Respirar’ (2016) fue producido por Francisco Castro y Mauricio Cano.

Foto:

Cortesía Katie James

13 de mayo 2018 , 11:06 p.m.

Katie James llegó a Colombia en 1988 con apenas 2 años de edad. De madre inglesa y padre irlandés, creció en tierras colombianas, en un ambiente natural en medio de la comunidad Atlantis, un grupo muy particular de personas que este año cumple 30 años de estar radicado en el país y casi 50 de haberse conformado.

Maestra en música de la Universidad Incca de Colombia, compositora y cantante de 32 años, James narra su vida en ‘Cold and Dry’ y ‘Respirar’, los dos álbumes que ha publicado, en los que explora ritmos y desmenuza sonidos.

Ella es sencilla, delgada, de piel luminosa y unos ojos azules que desbordan transparencia y pasión, las mismas que refleja cuando canta y cuando habla. Se siente libre, sin ataduras y es consecuente con su historia al transitar el mundo.

En el 2015 recorrió Ecuador, Perú y Chile en compañía del tiplista Jorge Zárate. Con guitarra, tiple y pareja al hombro, Katie conoció una diversidad de culturas y amplió su lenguaje musical. Compuso e interpretó temas que se convirtieron en himnos de su travesía.

A su regreso a Colombia dedicó tres meses a pulir sus composiciones, crear nuevos temas y supervisar la participación de 21 músicos en la grabación del disco, que dio como resultado 12 canciones, 6 en inglés y 6 en español.

Cada vez que puede se fuga a Atlantis a cultivar la tierra, una de sus fuentes de poder e inspiración. Pues en ese, su ‘paraíso’, es donde junto a su familia comenzó todo para Katie.

Atlantis

En 1969 su madre, Jenny James, organizó una comunidad llamada Atlantis. Formada por ecologistas, activistas antinucleares y practicantes de una terapia de recuperación mental y emocional basada principalmente en el grito. Y en las ideas del médico, psiquiatra y psicoanalista austriaco Wilhelm Reich, discípulo de Sigmund Freud.

Este grupo, conocido en Inglaterra e Irlanda como ‘The Screamers’ (Los Gritadores) recibía a personas que necesitaban sanar problemas profundos y no querían ser medicados.

Este grupo, conocido en Inglaterra e Irlanda como ‘The Screamers’ (Los Gritadores) recibía a personas que necesitaban sanar problemas profundos

A mediados de los años 70 la comunidad se estableció en Inishfree, una pequeña y desolada isla al norte de Irlanda en la que permanecieron por 15 años. Pero, debido a dificultades logísticas, de convivencia y al clima extremo, decidieron migrar a otro lugar.

En esta isla nació Katie en 1985. De allí partió con apenas un año junto con su madre, Jenny James; su padre, Frederick Moloney, y sus dos hermanas, Alice, de 3, y Louise, de 5 años, todas nacidas en Inishfree.

Bajo la concepción de libertad, en Atlantis cuidaban el medioambiente, el agua y mantenían la tierra con una dieta vegetariana e independiente de la economía general. Sin culto religioso, educaban a sus hijos con un alto nivel ético y de responsabilidad.

En este contexto emprendieron la búsqueda de nuevos caminos a tierras del trópico. Se embarcaron en 1987 hacia las islas Canarias, donde permanecieron cinco meses entre una isla y otra.

Luego de este tiempo tomaron un barco suizo rumbo a Venezuela que se detuvo a medio camino entre África y Suramérica, en Cabo Verde.

Durante esa travesía les informaron que sus tiquetes no cubrían la alimentación. Jenny enfermó como consecuencia de sacrificar su comida
para que sus hijas no aguantaran hambre, y su parada en Cabo Verde se prolongó inevitablemente.

Los asuntos familiares no venían bien, y este viaje precipitó la decisión de Frederick Moloney de continuar por su cuenta rumbo a Venezuela y separarse definitivamente de sus hijas y su esposa.

“No supimos de él durante mucho tiempo. En 1996, cuando tenía 11 años, lo visité en Venezuela; ese fue el primer contacto real que tuve con mi padre. Trece años después vino a buscarnos a Colombia, y luego de tres años de convivencia en el Puracé descubrió que tenía un cáncer muy avanzado y decidió volver a Irlanda para someterse a un tratamiento de quimioterapia. Falleció en el 2014”. Cuenta Katie James sobre su padre.

Luego de recuperarse, Jenny James y sus hijas continuaron el viaje, esta vez en un barco francés. A diferencia de la embarcación suiza, que era elegante y pulcra pero no tenía casi comida, en la nave francesa había buena alimentación, pero era sucia y sin un puerto claro de destino en Suramérica.

Su primer arribo fue en la isla Margarita (Venezuela), desde donde partirían hacia la frontera con Colombia. En 1988 ingresaron con todos los papeles en regla al país; iniciaron su recorrido en Cúcuta, pasando por Santander y Boyacá, hasta llegar a Bogotá.

Jenny, además de haber estudiado lenguas, había estado casada muy joven con un español con quien tuvo una hija, Rebeca, hermana mayor de Katie. Por ello se desenvolvía bien con el idioma.

“Nunca tuvimos la intención de vivir en Colombia, íbamos camino a las montañas de Bolivia, pero al pasar por la terminal de transporte del sur en Bogotá, una mujer joven muy amable, con un niño, nos invitó a ir con ella a su casa en Pandi, Cundinamarca, y estuvimos encantados de hacerlo”, cuenta Jenny James sobre su llegada al país.

“Luego de unos días, como la zona era muy calurosa para nosotros, nos fuimos para las colinas de Icononzo. Ahí fue cuando conocimos a la familia que nos invitó a su cafetal y así comenzó nuestra gran historia en Colombia”, agrega Jenny a su relato.

Nunca tuvimos la intención de vivir en Colombia, íbamos camino a Bolivia, pero al pasar por la terminal de transporte  una mujer joven muy amable, con un niño, nos invitó a ir con a su casa en Pandi

Encontró entonces un territorio con un clima tropical perfecto, ni muy caliente ni muy frío, rodeado de una increíble vegetación y altas montañas. Un lugar ideal para vivir, cultivar y echar la tierra a andar, en el que permanecieron durante casi 11 años.

“Si vas a vivir al campo, existen unas condiciones mínimas: te levantas muy temprano a ordeñar las vacas, colaboras con los quehaceres de la cocina, les das comida a los animales, recoges los frutos maduros y en la tarde puedes tomarte el tiempo para hacer lo que quieras. Las personas muchas veces no entienden que para estar aquí tienes que trabajar, no para ganar dinero sino para vivir”, comenta Jenny a propósito de la convivencia en la comunidad.

Desde muy pequeños, los niños de Atlantis viven en casas sin energía eléctrica, aprenden a seleccionar las semillas, a cultivar la tierra y a explorar el territorio. Los ríos, árboles y cascadas son su lugar favorito para jugar y compartir.

A Katie le gusta trabajar la tierra por considerarse meticulosa, delicada y constante.

En 1994 formaron un grupo llamado Teatro Verde, con el que durante varios años se presentaron en las plazas de muchos pueblos de Cundinamarca, Tolima y Huila. Incluso, tuvieron un bus propio en el que se transportaban para hacer las presentaciones.

Según cuenta Katie, en la comunidad todos los niños aprendían a hablar inglés y español, y los primeros libros a los que se acercaban eran de historias tradicionales irlandesas; cada uno crecía y aprendía a su ritmo.

Entre el amor y la guerra

En 1998, luego de haber estado ahí durante tres años y medio, la comunidad salió desplazada de Rovira, Caquetá, pues durante las conversaciones de paz del gobierno de Andrés Pastrana este territorio fue tomado como parte de la zona de despeje del Caguán.

“Antes de venir a Colombia vivíamos en una remota isla irlandesa, y nunca tuvimos radio, televisión o periódicos. No conocíamos absolutamente nada sobre paramilitares, narcotraficantes ni nada por el estilo”, explica Jenny James.

Su regreso al Tolima no fue fácil debido a la fuerte presencia guerrillera. Allí se produjo el momento más difícil de sus vidas. El 9 de julio del 2000, Tristan —nieto de Jenny, hijo de Rebeca y sobrino de Katie— y su amigo Javier Novoa —alguien muy importante en la vida de Katie—, ambos de 18 años, miembros de la comunidad y del Teatro Verde, fueron asesinados por las Farc.

Fue un momento muy doloroso, del cual Katie poco habla y que dividió su historia vital en dos. La guerra los había tocado. Jamás pensaron que su existencia, llena de despertares maravillosos en medio de la naturaleza, se convertiría en horror, miedo y generaría un nuevo desplazamiento.

“Hemos conocido lo más bello y lo más amargo de vivir en un país como Colombia. Tuvimos que dejar las tierras que cultivamos durante años y vivimos la misma experiencia que los campesinos de la zona. Fuimos desplazados varias veces, estuvimos en Tabio, Bogotá y Pacho. Volvimos a empezar una y otra vez”, cuenta Katie sobre su vida en Colombia.

“Al final, mi madre logró hacer un convenio con Parques Nacionales Naturales de Colombia para tener la oportunidad de estar en la zona de amortiguación del parque Puracé, Huila, donde actualmente vive y mantiene la comunidad Atlantis junto con mi hermana Rebeca”, añade la artista.

Para ella, la idea de familia está ligada al sentido de comunidad y no al de padre, madre e hijos. Señala que la conexión que tiene con su madre y sus hermanas es distinta, puesto que, más allá del gran amor que se profesan, cada una es un mundo que vive su individualidad.

Jenny cree que el mundo puede y debe ser distinto. Y en su libro ‘Atlantis Adventure’, que por ahora solo tiene versión en inglés, plasmó la historia de su comunidad.

“Por Atlantis pasaron miles de personas, más de las que puedo recordar o contar. En este momento es muy pequeña, está en el otoño de su vida, como yo. Solo somos cuatro los que mantenemos el lugar andando, con frecuente ayuda de visitantes, indígenas y campesinos”, cuenta Jenny, que acaba de cumplir 76 años.

Atlantis sigue siendo hoy un espacio de puertas abiertas a las personas interesadas en un estilo de vida alternativo, sano y natural.

Atlantis, Katie y Jenny James son un grito irlandés de libertad en Colombia.

ÁNGELA LÓPEZ CELIS
Periodista, agente de prensa y gestora cultural

Ya leíste los 800 artículos disponibles de este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido digital
de forma ilimitada obteniendo el

70% de descuento.

¿Ya tienes una suscripción al impreso?

actívala

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA