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El girasol / En defensa del idioma

Un texto del que García Márquez consideró que tenía las respuestas a casi todo: el diccionario.

Diccionario

El diccionario ha incluido palabras que, por costumbre, se añadieron al lenguaje.

Foto:

123rf.com

28 de abril 2017 , 11:51 a.m.

En un juego entre amigos durante unas vacaciones, tomé una ficha en la que estaba escrita la palabra 'girasol', y debía procurar pistas (en eso consistía el juego) para que mis compañeros de equipo la adivinaran, por supuesto con base en unas reglas prefijadas. Se acabó el tiempo permitido y ninguno de ellos adivinó. “¿Por qué dijiste que era un vegetal?”, me preguntó luego uno de las participantes. “Porque el girasol es un vegetal”, respondí con plena seguridad. “¡Nooo! ¡Cómo se te ocurre! ¡El girasol es una flor!”, replicaron aquellos a quienes creí mis compañeros de juego.

Ante tal asedio, y cuando se sigue creyendo que la opinión de la mayoría es la “verdad”, opté por defender mi postura sugiriendo el uso de un texto, del que García Márquez consideró que tenía las respuestas a casi todo: el diccionario. Y con la primera de las definiciones, les marqué el gol del triunfo, y sin cometer falta alguna: “Perteneciente o relativo a las plantas. Especies vegetales” (www.rae.es). Es muy probable, como sucede con muchas personas, que mis apresurados coequiperos hayan adoptado una definición imaginaria en estos tiempos y derivada del esnobismo culinario (con unos 'reality' o máster de cocina incluidos), en el que ha proliferado como equivalente “vegetales” por “hortalizas” o “legumbres”, quizás de la misma manera en que llamarían “cuadrúpedos” solo a los “gatos”.

Muchas inferencias pueden surgir de esta circunstancia. Una de estas apuntaría a establecer uno de los motivos de la incomunicación: el uso de palabras en el que cada grupo humano asigna una definición arbitraria, o de aplicación apresurada, sobre todo en los medios masivos, que siguen constituyendo un referente (aquí me abstengo de usar la palabra “modelo”) en el habla. Algunos mercaderes de la información, inclusive, se atreven a afirmar que aquello que no aparece en los medios dizque no existe, y de esa manera también prolifera la difusión de la mentira.

Preocupa mucho la opinión de una persona experta en comunicación. La directora de 'The Guardian', Katharine Viner, dice: “La nueva medida de valor para demasiados medios es la viralidad, en vez de la verdad o la calidad”. Por lo menos, esa comparación semántica entre “viralidad” y “propagación” parece acertada, porque es un contagio y causa enfermedades: la irracionalidad y el mero instinto. Entonces, en ese tipo de empresas parece importar más que se diga mucho, que se replique, multiplique y publique cualquier mensaje, porque eso garantiza un número elevado de personas, y por tanto de publicidad y dinero. Es lanzar las redes y pescar muchas especies revueltas. Que el mensaje entrañe sensatez, argumentación, orientación certera y favorable, poco importa. Que crean o no las ideas que allí se pregonan, que estas se ajusten a la verdad o no, es lo de menos. Que enriquezcan y edifiquen a la sociedad y el valor de la persona es un objetivo de quinto orden para estos esclavos de la codicia.

Por su parte, Álex Grijelmo, periodista y lingüista español, dice: “Ya no importan la verdad demostrable ni la noticia cierta, sino la activación de emociones y de reacciones inmediatas, para lo cual se aprovecha la abundancia de canales que carecen de verificadores […], a pesar de que ello produzca fenómenos de imitación o se alienten consecuencias perjudiciales para todos”. Así, pisotear la dignidad ajena parece ser un hábito de quienes no cuentan con ella. También con la aparición de la palabra 'posverdad', se busca una definición maquillada de esta en el mundo de los negocios inhumanos, pero equivalente a “la banalización informativa y el engaño del público con titulares ambiguos, usados como cebo”, como añade Grijelmo. Sin embargo, creo contar con los sinónimos precisos: “falsedad”, “engaño”, “manipulación”, “trampa”, “simulación”, “mentira”.

Algún día cercano (no extrañaría), estas empresas anunciarían que el Sol se ha extinguido, y una incontable masa humana le daría crédito y, para esta, habrían desaparecido la luz y la vida.

Con vuestro permiso.

Por Jairo Valderrama V.
Profesor Facultad de Comunicación
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