Música y Libros

Carla Morrison, la primera dama del ‘indie’ mexicano

La premiada cantante habla del éxito de su último trabajo, ‘Amor supremo’, nominado a los Grammy.

Disco Amor supremo de Carla Morrison

Carátula del disco ‘Amor supremo’, que fue nominado al Grammy como mejor álbum alternativo latino.

Foto:

carlamorrisonmusica.com

16 de abril 2017 , 07:08 a.m.

La mexicana Carla Morrison es una vieja conocida de los escenarios. Hace tres años debutó en la región con la gira de ‘Déjenme llorar’, su primer trabajo de larga duración, que ganó disco de oro en su país y dos Grammys Latinos.

A esta mujer le han pasado muchas cosas en sus 30 años de vida, incluido un rayo que golpeó el avión en el que iba a viajar a Chile en noviembre del 2014. “Estábamos a punto de despegar. Nos cancelaron el vuelo y al final no fuimos. No soy muy supersticiosa, pero creo que las cosas pasan por algo, y esa vez no me tocaba ir”, cuenta la cantante, que volvió a Chile el año pasado para presentarse en el Festival Internacional de Innovación Social (Fiis).

Pero lo más importante que le ha pasado últimamente es sacar un nuevo disco, llamado ‘Amor supremo’, que presentó el año pasado y que fue nominado al Grammy como mejor álbum alternativo latino. Esa nominación terminó por consolidarla como una de las cantantes imprescindibles de la escena pop mexicana. Tanto, que Zane Lowe, uno de los DJ y programadores musicales más influyentes del mundo (ex-BBC), la invitó hace pocas semanas a su programa en Beats 1, de Apple Music, para entrevistarla y presentar ‘Un beso’, la primera canción en español que se escuchó en la historia de esa emisora virtual.


Antes de eso, ‘The New Yorker’ le dedicó una larga reseña a ‘Amor supremo’, diciendo que la voz de Morrison tiene una “desesperada grandeza” como la de Robert Smith, vocalista de The Cure, y la de la cantante islandesa Björk. Atrás quedó la adolescente de Baja California (noroeste de México), que a los 17 les dijo a sus padres, un camionero y un ama de casa, que se iría a terminar el colegio a Phoenix (EE. UU.), a donde ya habían emigrado sus dos hermanos mayores, y luego estudiaría música en la Universidad de Arizona.

Allá estuvo durante seis años, durmiendo en el sofá de la pequeña casa que arrendaban sus hermanos. Y aprendió de música, pero también de lo que significa la independencia. “Mi mamá me mandaba dinero para comer y moverme, pero muy poquito –recuerda–. Mis hermanos también me ayudaban, pero éramos una familia de clase media baja. Trabajé como recepcionista, mesera y secretaria. Cuando ya no me quedaba nada, iba a un lugar donde donaba sangre y me daban 30 dólares. Era muy difícil colgarme de mi familia, siempre tuvo mucho sentido ganarme las cosas por mí misma”.

Por eso, decidió que su carrera no la haría al alero de una casa disquera. Sería ella misma quien estaría encima de la composición, los arreglos y la grabación. “Cuando hice mi proyecto, fue natural que quisiera que fuera mío, no tanto por el poder de control, sino porque me gusta valerme por mí misma, que las cosas me sepan a esfuerzo, a que yo las he moldeado, a que todo tiene que ver conmigo. Siento que ser la líder, ver qué pasa y tener esa sabiduría me empodera como mujer”, explica.

La verdad cruda

Su camino partió tímidamente, en Estados Unidos, cantando con una banda ‘indie’ de Arizona llamada Babaluca. Pero lo que Morrison quería era convertirse en solista. Por eso, cuando volvió definitivamente a México, en el 2009, lo hizo con una propuesta clara: hacer música que hablara del amor, pero sin letras ni acordes lacrimógenos. “Cuando empecé a hacer mi música fue porque sentía que en la escena no había nadie que me hiciera sentir comprendida en ese aspecto –cuenta–. Aunque había mucha gente en México a la que admiraba y que me gustaba escuchar, hacía falta alguien que hablara con la verdad cruda. Yo quería hacer canciones que alguien pudiera escuchar y decir: ‘Justo me sentí así ayer. No sabía que tú te sentías igual’. Para mí era importante crear empatía, que la gente sintiera que había canciones para ellos”.

Morrison comenzó cantando sus propias canciones y colaborando con Julieta Venegas y Natalia Lafourcade, quien fue productora de su disco ‘Mientras tú dormías’, la antesala de ‘Déjenme llorar’, con el que ganó el Grammy en el 2012 –mejor disco y mejor canción alternativa– y que le abrió las puertas al público internacional. Fueron los tiempos en que se convirtió en referente de la escena mexicana –le dicen la ‘Primera dama del ‘Indie’ ’– y empezó a recorrer el continente con su música.

“Este es un disco más introspectivo, más profundo. Decidí jugar más con sintetizadores y sonidos más oscuros, porque la vida y el amor tienen muchos colores, no solo rosa, rojo o amarillo. El amor supremo es el que va mucho más allá de lo físico y lo mental, esa conexión en que tú dices: ‘con esta persona puedo estar toda la vida y le perdono cualquier cosa, pero también me valoro a mí’. Lo oscuro no siempre es negativo, aunque tendemos a juzgar al primer vistazo, y creo que eso a veces nos crea barreras mentales”, afirma la cantante, quien estuvo en Chile el año pasado para el Festival Internacional de Innovación Social (Fiis) y luego en Buenos Aires donde participó en un tributo a Gustavo Cerati.

Este es un disco más introspectivo, más profundo

Una mujer suprema

‘Todo pasa’, una de las canciones del último disco de Carla Morrison, ‘Amor supremo’, es un himno a los cambios internos de las personas, algo que la cantante ha vivido mucho en los últimos años.

Por ejemplo, en medio de su gira suramericana dejó el azúcar y empezó a escribir un ‘blog’ al respecto.

“Lo hice como un experimento y me cambió por completo. Renunciar al azúcar completamente me ha cambiado el sueño, los nervios, el enfoque. Me siento como otra persona y me gusta mucho”, cuenta.

El tema del cuerpo es sensible para ella. Desde sus comienzos como cantante, Morrison ha transmitido a sus seguidores la importancia de aceptarse a sí mismos. Ocupa habitualmente sus redes para hablar del tema, y en ellas sus seguidores le agradecen que busque empoderar a las mujeres, física e intelectualmente.

Pero también recibe mensajes en contra, como hace unos meses, cuando hizo unas fotos para una marca de ‘jeans’, con el fin de promover la inclusión de cuerpos reales en la publicidad, y recibió críticas por no verse como una modelo.

“Las chicas me dicen que las inspira mucho ver que he luchado por mis sueños, que me veo normal, que soy una artista con curvas y que no pasa nada. Que no por ser mujer tengo que quedarme guapa y solamente encargarme de mi imagen. Porque aunque es superbonito ser guapa y tener una buena imagen de uno mismo, tan importante como eso es que el cerebro te funcione, te puedas valer por ti misma y puedas tomar decisiones”, dice.

Otro cambio importante que vivió este año fue cumplir 30 años, una edad que la ha hecho sentirse más madura y sabia.

“En mis 20 me sentía confundida, sacada de onda (...). Aunque todo el mundo ve que mi éxito ha sido rápido, mi vida personal no ha sido completamente rosa. He tenido problemas emocionales”, confiesa.

“La música ha sido terapéutica, una forma de conocer mi propio espíritu. Ha sido terapéutica en el sentido en que me ha enseñado cómo llevar mi vida y cómo trabajar mis emociones, mi energía, cómo sacarla, cómo entregarme y descansar en ella. La vida para mí es algo milagroso, bonito y abrumador”, concluye.

MAGDALENA ANDRADE N.
EL MERCURIO (Chile) - GDA

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