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Desde que era un crío, quería tocar como Paco de Lucía: Alejandro Sanz

Lea un fragmento de la biografía del músico español más vendedor de la historia.

Alejandro Sanz, cantante español

Alejandro Sanz, cantante español.

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Mario Ruiz / EFE

03 de febrero 2018 , 11:30 p.m.

‘Más’, de Alejandro Sanz, el disco más vendido en la historia de la música española, con más de dos millones de copias solo en ese país, cumplió 20 años en el 2017. Como parte de la celebración se relanzó el álbum en formato de lujo, se grabó el éxito Y ‘¿si fuera ella?’ con las voces de los artistas más importantes del momento, se llevó a cabo un gran concierto en el estadio Vicente Calderón –con Miguel Bosé, Juanes, Juan Luis Guerra y Laura Pausini, entre otros–, se rodó un documental y se editó un libro, que vio la luz en noviembre.

Ese libro, titulado ‘#Vive’, acaba de llegar al país. Su autor es Óscar García Blesa, quien trabaja con Sanz desde 1995, cuando este iba apenas por su segundo disco (‘Si tú me miras’). En él, García usa más de 200 testimonios para construir una biografía coral del cantautor que alcanza las 600 páginas.

A continuación reproducimos fragmentos del capítulo 27, titulado ‘Paco’, en el que se recrea la entrañable relación de Sanz con el genio del flamenco Paco de Lucía, que falleció en el 2014.

Paco de Lucía: me gusta Alejandro por su actitud como artista. Tiene la actitud de un músico más que la actitud esa de vedete y de estrella que tienen generalmente los cantantes. Entonces la comunicación con él es mucho más fácil, ya que su lenguaje es el lenguaje que usamos los músicos.

Alejandro Sanz: Paco lo es todo para mí. Si bien no pude conocer a Picasso ni a Dalí, tuve la suerte de encontrarme con Alberti y con Paco de Lucía. Ha sido mi amigo, mi maestro, la persona que ha estado conmigo en las buenas y en las malas. Él tiene la mirada de los semidioses, porque cada cosa que dice es una verdadera sentencia.

Con Paco hablábamos de todo y nos reíamos mucho. Por muy trascendente que fuera la conversación, tenía que terminar con un buen remate, como él decía. Es como la bulería (una de las variedades o palos del flamenco), si no tiene buen remate no tiene gracia.

Musicalmente, lo primero que me llegó fue el ‘Romance anónimo’, que me enseñaron cuando empecé a recibir clases de guitarra. En esa época, cuando lo que se oía era Parchís, yo ya escuchaba a Paco de Lucía. Había encontrado una cinta suya que se llamaba ‘Temas del pueblo’, y era una recopilación de temas latinoamericanos y populares como ‘El vito’. Yo era un crío, pero ya quería tocar como Paco.

Paco me llamó cuando hice el primer disco (‘Viviendo deprisa’). Yo ya lo conocía de Algeciras. Lo sabía todo de él, soy capaz de tararear cualquier canción suya. Eso se lo decía siempre a él y no se lo creía, así que me tocaba ponerme a cantar...

Ramón Sánchez (amigo de Sanz desde la niñez): la casa de Pepe (de Lucía) está cerca de la mía. Alejandro me decía: “A ver si vamos un día para que tu tío me escuche”, y en un par de ocasiones estuvimos allí con José Carlos Gómez a la guitarra, y cantó temas propios. A mi tío le gustaron mucho.

Pepe de Lucía (hermano de Paco): Capi (Miguel Ángel Arenas, productor y descubridor de Alejandro Sanz) me hablaba mucho de un niño, su padre era de Algeciras, que cantaba muy bien, que le iba a grabar un disco. Yo no caía en quién era su padre hasta que al cabo del tiempo me di cuenta: el Jesuli (Jesús Sánchez), compañero y casi familia nuestra. Y recordé al niño, que venía a cantar a casa, al patio de poniente.

Malú (cantante, hija de Pepe de Lucía): él venía a ver a mi padre y le enseñaba las canciones, pero esto ocurría de una manera natural, no programada. (...)

Ramón Sánchez: Alejandro y Paco se admiraban mutuamente y pasaban el día riéndose.

La Tata (Pedro Ledo, amigo y asistente de Sanz): Antonio Sánchez, el patriarca de la familia De Lucía, era muy duro. A Paco lo encerraba en una habitación, desnudo y con una guitarra, y hasta que se aprendía el ejercicio no lo dejaba salir. Por cierto, que Paco de Lucía era un cantaor excelente, pero era tan tímido que necesitó la guitarra para esconderse detrás. Antonio Sánchez escuchó un día a Alejandro y le dijo: “Eso que estás haciendo es una mierdaaaa” (risas).

Alejandro: todo el mundo se nutre de todo el mundo. Somos el resultado de las vivencias que tenemos con los demás y lo que nos aportan unos y otros. Paco no hubiera sido Paco si no hubiera vivido lo que vivió en su época, todo lo que vivió cuando conoció a Camarón (de la Isla)...

Malú: mi tío tenía un humor irónico negro, muy parecido al de Alejandro, un humor un poco horrible que no todo el mundo entiende. Alejandro es un hombre de carácter y es otro genio. Tenían una especie de lucha de genios, entre el amor y el respeto.

Pepe de Lucía: “Abuelos, padres y tíos, de los buenos manantiales nacen los buenos ríos”. Su forma de ser me recuerda mucho a mi hermano Paco. Una persona a la que no le gustan las cosas superfluas.

Alejandro: Para mí los artistas se dividen entre los que son flamencos y los que no. Prince es flamenco; levantarse a las 3 de la tarde y comerse un puchero y echarse una siesta, también. Pero gastarse mil duros en un taxi no es flamenco. No es solo música, es un estilo de vivir.

Paco y Alejandro han sido compadres. Él, que es tan flamenco, y le gusta tanto el arte, la música, los matices y el buen hacer, ha sentido por Paco un respeto, un cariño y una admiración infinitos. Y Paco también lo admiraba muchísimo, por lo que hacía, por cómo era y por la renovación del pop que ha hecho en España.

Paco era un hombre generoso, amigo de su gente. Todo el mundo quería que pusiera un cachito de su arte en sus discos...

Paco de Lucía: Julio Iglesias me estuvo persiguiendo hasta que le pedí una cantidad de dinero imposible. Sin embargo, cuando fui a Miami a grabar con Alejandro conocí a Julio y me rompió los esquemas: es simpático, entrañable, cariñoso. Así que terminé lamentando no haber tocado para él. En realidad no soy tan selectivo.

Alejandro: una cosa que destacaría de Paco es su generosidad musical y su falta de ego. Siempre tenía una palabra de apoyo para un músico. Recuerdo una vez que entré en un taxi, al principio de mi carrera, y el taxista llevaba detrás una revista, un dominical, en el que aparecía un titular que decía: ‘Paco de Lucía: Me siento más cercano a Alejandro Sanz que a muchos otros músicos’. Esto lo dijo en una época en la que muchísima gente dudaba de mi capacidad musical o ponía en duda que tuviera proyección. Aquello se lo agradeceré toda mi vida y cambió mi forma de enfrentarme a una carrera tan larga como la que me ha tocado vivir.

Paco imponía mucho, aunque fuéramos tan amigos. Vino a verme una noche al Auditorio (Nacional) de México. Yo no sabía que venía y de repente me entró carraspera. Le dije: “Paco, estoy un poco rozao, no me lo tengas en cuenta”, y me respondió: “Voy a ser muy estricto contigo y cada nota que hagas mal te la voy a decir. No te voy a pasar una”. Me metí al baño los últimos cinco minutos antes de salir, esa es la única vez que he querido quedarme solo. Cuando salí, Paco ya no estaba en el camerino. Me dice mi asistente: “Paco ha dicho que te diga que, ronco y todo, eres el mejor”.

Salgo al escenario y lo veo en la segunda fila, mirándome como un águila, y a medio concierto le dedico una canción. Y cuando termina el concierto viene a verme y me dice: “¿Tú pa’ qué me dedicas a mí na’?”... Hombre, Paco, porque te admiro... Y me dice: “Había una delante mía que ha estao todo el concierto cantando, no me ha dejao escuchar nada, y cuando me has dedicado la canción me ha mirado de arriba abajo como diciendo: ¿quién es este para que le dediquen una canción?”. Ese era Paco.

En los últimos discos venía al estudio, me pedía que le pusiera las canciones y me soltaba olés. Su hermano Pepe (cantaor) se enfadaba mucho. “A mí nunca me dice olé y a ti te ha dicho tres”, se quejaba. Porque un olé de Paco era como una medalla.

Alejandro y Paco vivieron una amistad pura. La admiración de uno por el otro empezaba en el respeto y el amor a la música.

Alejandro: Paco tenía una pandilla de amigos en Madrid, se hacían llamar La Banda del Tío Pringue. Ya solo queda uno, porque Carlos, que era su mejor amigo, se fue detrás de Paco, al mes de morirse él. La Tata y yo a veces íbamos con ellos y organizábamos unas buenas.

Pepe de Lucía: el nombre del grupo se lo puse yo. El Tío Pringue era un hombre que había aquí en La Cañada, con un abrigo muy grande. (...) Salíamos juntos y alguna vez vino Alejandro a comer con nosotros a un restaurantito de comida casera de la Cava Baja, que se comía muy bien, y luego nos íbamos por ahí de cachondeo a reírnos.

Alejandro: una vez vino el Pollito de California, un guitarrista de origen californiano pero que vivió muchos años entre flamencos, que iba a tocar por el Madrid de los Austrias. Pepe le dijo que estaban cenando con José Parra, el Camarón malagueño, y me señalaba a mí. Yo le dije: “A mí no me vayas a cantar pamplinas, me tienes que cantar bien por soleares y por seguiriyas y por todos los palos”. Y se va al baño, y le quitamos la guitarra, la llevamos al coche y en la funda metimos un sifón del restaurante. Nos fuimos con él andando hasta el sitio y cuando sube al escenario y abre la funda... Se pone a cantar, muy malamente el pobre, y Paco gritaba: “¡Que le echen del país por favor! ¡Fuera!” (ríe).

Yo conocía tan bien a Paco que sabía cuando llevaba mucho tiempo sin estudiar y eso le daba mucha rabia, no le gustaba estar en desventaja en ningún aspecto. La segunda vez que grabó conmigo llevaba un año sin tocar, y solos en el estudio yo lo notaba, y él me miraba de reojo para ver si me estaba dando cuenta, y lo sabía y le daba una rabia que me quería matar. Le dije: “Paco, ¿tú no entiendes que a mí hasta tus defectos me aportan algo? Tú me dices que llevas un año sin tocar y yo soy capaz de taparme los sentidos y escuchar lo que ya tengo tuyo dentro de mí, y con eso puedo vivir el resto de mi vida, aunque no vuelvas a tocar más...”.

Paco era el más perfeccionista. Una noche en Miami vino a grabar ‘Regálame la silla (donde te esperé)’ y nos metimos en el estudio a las 10 de la noche. Pues eran las 6 y todavía no terminaba de verlo bien. Yo ya desesperado con el ordenador, lo miro y le digo: “Paco, con lo que yo te admiro y te quiero y te adoro, ahora mismo no te puedo ni ver”. “Pues yo a ti tampoco”. “Pues vámonos a dormir”. “Pues vámonos ya”. Hubo un segundo, que no me lo perdonaré jamás, ¡que no podía ni verlo!

A Paco le encantaba venir al estudio y que yo le pusiera las pistas, porque, desde que en el Más descubrí el mundo de los programas de música, los ‘home studios’, me hacían prácticamente todo: las baterías, los bajos. A él le encantaba escuchar las pistas y analizarlas, era como un trabajo de arquitectura.

Para mí, Paco ha significado mucho, creo que es lo más grande que ha ocurrido en la música de este país, y para mi cultura musical lo es todo.

El nombre de Chan me lo puso Paco de Lucía hace años, un día que fuimos a jugar al fútbol con la gente de Ketama. Ellos juegan de maravilla y yo fatal, así que al primer balonazo me dije: “¡Anda ya!”. Paco se vino conmigo a un bar y tomando unas cañitas se nos acerca un borrachillo (con acento andaluz): “Vosotro soi eso do tipo: Alejandro Chan y Paco de Lucía, ¿no?”. Y le dije: “Sí, hemos venido a jugar un partidito...”. Y salta: “Pue pa’ echo e pa lo único que valéi”. Y Paco empezó con lo de Chan (risas).

ÓSCAR GARCÍA BLESA

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