Música y Libros

Benjamin Lacombe presentó su trabajo sobre Frida Kahlo en Bogotá

El famoso ilustrador francés, de 34 años, habló con EL TIEMPO sobre las claves de su obra.

Benjamin Lacombe

El artista francés vino a presentar su último trabajo sobre la vida de la célebre pintora mexicana Frida Kahlo.

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Cortesía Benjamin Lacombe

07 de mayo 2017 , 01:03 a.m.

La tristeza, el miedo y la nostalgia confluyen en los rostros que dibuja Benjamin Lacombe, un ilustrador de 34 años y “de seis brazos”, como se retrata él mismo para dejar en claro su laboriosidad. Durante su tercera visita a Latinoamérica, con ocasión de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, EL TIEMPO habló con este artista francés, que vino a presentar su último trabajo, sobre la vida de la célebre pintora mexicana Frida Kahlo.

“Pintar a Frida no solo me significó meterme bajo su piel, conocer sus dolores, la polio, las lecciones de anatomía y, claro, su amor por Diego (Rivera). Pintarla fue pasar de los tonos opacos, en ocasiones sombríos, plasmados en mis anteriores libros, a una paleta más llena de vida. La paleta de colores que, en general, tiene todo este continente”, señala Lacombe, quien asegura que este libro, titulado simplemente ‘Frida’, ha sido el desafío más grande de su carrera.

Sin embargo, no es la primera vez que el ilustrador galo incursiona en un arte más ‘vivo’ del que abordó en las reediciones de clásicos como ‘Alicia en el País de las Maravillas’, de Lewis Carroll, y los ‘Cuentos macabros’ de Edgar Allan Poe.

En el 2014 publicó una reedición de ‘Madama Butterfly’, la novela de Pierre Loti que inspiró a Puccini, a principios del siglo pasado, a componer la ópera homónima. En la versión de Lacombe, los tradicionales kimonos, rojos como la sangre, se mezclan con el azul eléctrico de centenares de mariposas, mientras se va contando la historia de una quinceañera de Nagasaki que está por casarse.

“Aunque retrate emociones que no son propiamente felices, no considero que a mis dibujos les falte vida. Es más, siento que mis libros están llenos de vida, de expresiones humanas. Estoy seguro de que esto es lo que atrae a mis lectores. Pero Frida… con toda su pasión y fatalidad, fue el paso más razonable después de ‘Madama Butterfly’ ”, comenta pocas horas después de cruzar el Atlántico.

Durante tres meses, Lacombe, acompañado del escritor francés Sébastien Perez, visitó casi a diario la Casa Azul, el hogar de la artista en Coyoacán, Ciudad de México, con el único propósito de alimentar su libro, que busca un equilibrio entre anécdotas de la artista y reproducciones de sus famosos cuadros.

“Pintar lo que ya ha sido pintado es complicado. Es un ejercicio de admiración al autor al que se le rinde tributo. Sébastien, con los textos, y yo, por mi lado, encontrábamos que nos parecíamos a Frida en su dedicación al trabajo, al amor que le imprimía. Pero también queríamos dejar sentada nuestra originalidad”, dice el artista.

Lacombe usó la simbología de las pinturas de la mexicana para darle sentido a su propia obra. Por ejemplo, dibujó solo nueve ilustraciones para todo el libro, en respuesta a las nueve flechas que atraviesan a la artista en el autorretrato en el que se la ve como un venado malherido. Por supuesto, a su versión de Frida no olvidó agregarle unos ojos inmensos, rasgo que comparten sus personajes: “Es mi estilo, es mi firma. Unos ojos grandes no son solo una expresión, es mi manera de aceptar siempre que me enamoré del dibujo viendo la profunda mirada de los personajes de Disney, y los grandes ojos, más grandes que los de mis dibujos, que tienen mi mamá y mi hermana”.

Como en otras ocasiones, retrató también a su propio perro, Virgile, junto con Frida y Diego. Ambos, maquillados de catrinas, caminan en medio de una marcha de esqueletos amarillos. La lámina se llama ‘La muerte’. Dos meses después de hacerlo, cuando el dibujo ya había sido impreso, el ‘shar pei’, de 13 años, murió. Fue la primera vez que el artista ‘de seis brazos’ encaró un bloqueo creativo. Aferrado a su arte había sobrevivido a otras tristezas, como los atentados de París en el 2015, a pocas cuadras de su taller. Entonces pintó un Charlie Brown cuya cabeza roda por el suelo.

“No pude dibujar nada hasta principios de este año, cuando inicié un nuevo proyecto: ‘Carmen’. Sigo la misma línea de ‘Frida’ y recreo a otra ‘femme fatale’. He extrañado mucho a mi perro, pero siempre termino mis proyectos y este rondaba desde hace un tiempo por mi cabeza”, explica.

En las pocas imágenes que se conocen de la que sería la publicación número 40 de Lacombe se revelan los románticos labios y el cabello de una gitana de inmensos ojos –cómo no–. Todavía no se sabe su fecha de publicación o si la historia se ciñe a la ópera que George Bizet compuso en 1875 o a la novela que la inspiró, de la francesa Prosper Mérimée, o si será una narración parecida a la de ‘Frida’.

Entre los proyectos del ilustrador figura también otra reedición de Lewis Carroll: ‘A través del espejo y lo que Alicia encontró allí’, más conocida como ‘Alicia a través del espejo’, gracias a las películas de Disney.

Con ambos libros, Lacombe demostraría de nuevo que no es un autor de un solo público, el infantil, con el que tanto lo relacionan, sino para todas las edades. “Cuando me dedico a un libro no pienso en el público objetivo, en si lo van a comprar más los niños, los estudiantes o los trabajadores, o en si va a ser un éxito. Trato de ser lo más honesto conmigo y con mi arte, y de pintar o escribir lo que me gusta y llama mi atención desde que era niño”, afirma el artista.

Por lo visto, la fórmula da frutos. El sábado de la semana pasada, unas 100 personas de todas las edades esperaron hasta dos horas en Corferias para que Lacombe les firmara un ejemplar de alguna de sus obras. Y algo parecido ocurrió antes en la librería Tornamesa, en el norte de Bogotá.

“Quiero pintar una historia de García Márquez. Es lo mismo que con Cortázar: no solo me causan curiosidad sus historias, sino lo que para él significaba ser escritor. Como no prometo imposibles, ahora mismo no tengo pensado un proyecto que recree alguna de sus obras, pero estoy seguro de que lo voy a ilustrar. Lo sé”, dice a manera de despedida.

La celebración de lo macabro

Uno de los libros que más autografió Lacombe en Bogotá fue ‘Cuentos Macabros’, una reedición que contiene los 68 relatos de Edgar Allan Poe que el escritor argentino Julio Cortázar tradujo en 1956, y cuyo remate es un ensayo de Charles Baudelaire sobre el autor norteamericano.

En ella, el ilustrador francés despliega todo un universo de personajes, sobre todo animales: conejos, lechuzas y un gato negro y tuerto, que habitan mansiones y parajes escabrosos.

“No es que haya algo sombrío en mis dibujos. Pintar algo muerto, por ejemplo, no necesariamente va a evocar terror. Los personajes de estas historias están llenos de detalles en su ropa y rostro, están llenos de vida. Además, el miedo es una emoción tan humana como la alegría o la tristeza; si lo sientes, es porque estás vivo”, comenta.

PABLO ARCINIEGAS
Redactor de EL TIEMPO

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