Música y Libros

Alci Acosta viste el bolero con sonidos sinfónicos

El cantante y pianista completa 52 años de vida artística todavía vigente y lejos del retiro.

Alci Acosta

Alci Acosta estuvo en los grupos de Jesús Nuncira y Los Diablos del Ritmo.

Foto:

Carlos Capella / EL TIEMPO

20 de noviembre 2017 , 05:49 p.m.

Para Alci Acosta, el piano es la extensión de su ser en el escenario. Sin rodeos, asegura que este ha sido ese fiel escudero que le permite expresarse con comodidad cuando se presenta ante la gran cantidad de público que todavía acude cada vez que el cantante y músico, nacido en Soledad (Atlántico) hace 79 años, se presenta con sus boleros de siempre.

Por esa razón, las teclas blancas y negras no dejarán de acompañarlo una vez más este 24 de noviembre, 19 días después de su cumpleaños, en el teatro Jorge Eliécer Gaitán de Bogotá, donde presentará un concierto especial denominado ‘Alci Acosta Sinfónico’.

Allí, La copa rota, La cárcel de Sing Sing, Traicionera y El último beso, entre otros de sus éxitos, sonarán interpretados por 40 músicos que, de la mano de los maestros Alexánder Paredes, Cristiam Vallejo, Ángelo Dávila y Luis Medina, y bajo la dirección de Albeiro Quiroz, han preparado junto con él todos los arreglos musicales.

Desde su acogedora casa en el barrio Oriental de Soledad, municipio del área metropolitana de Barranquilla, explicó que será la cuarta ocasión que presente sus canciones con otra vestidura.

Alcibiades Acosta Cervantes, como fue bautizado, asegura que el concierto de este viernes representa un reto importante.

“Lo mío es más sencillito: con mi piano y cuatro o cinco músicos más, por lo que este espectáculo sinfónico amerita mucho ensayo y responsabilidad. Soy un artista que le gusta que todo salga bien siempre, y esta no va a ser la excepción, aunque me siento más cómodo en mi formato original”, dice, para luego reírse con modestia.

Aunque siente que su carrera musical todavía no se detiene, Acosta confirmó que será la última oportunidad de tener sus canciones con un acompañamiento poco convencional. “Querían una gira, pero este será el último sinfónico”, anota.

Y es que al maestro le fascina la idea de continuar encontrándose con su público porque considera que sus aptitudes vocales y musicales le siguen respondiendo en tarima, pero de unos años para acá se preocupa cada vez más en la organización de sus giras, en las que tiene que realizar desplazamientos largos, ya sea en carro o en avión.

“Gracias a Dios la gente me quiere en muchos lugares, pero me toca pensar muy bien en los detalles de los desplazamientos. Este año estaremos ocupados hasta el 18 de diciembre, y entre febrero y marzo del año entrante volvemos a Estados Unidos”, comenta Acosta.

Pero la carrera de Alci Acosta es mucho más extensa y está muy cerca de cumplir 60 años desde que se inició en la música como pianista de reconocidas orquestas de la región Caribe, como las de Jesús Nuncira Machado y Los Diablos del Ritmo, de Peyo Torres, en Sincelejo.

Con esas agrupaciones, el maestro recorrió una nutrida gama de aires tropicales (todavía no aparecía la salsa) como la cumbia, el porro, el pasodoble y la guaracha, entre otros, siempre como músico, lejos de ser la figura central como cantante.

Tenía menos de 19 años cuando comenzó a labrar su nombre en el ambiente artístico, primero con un grupo tipo Sonora Matancera que fundó con amigos y al que bautizaron Los Jóvenes de Ritmo.

“No era el superpianista, pero me volví apetecido porque hice 4 o 5 años de estudio de música en el conservatorio de Bellas Artes en Barranquilla, por lo que más o menos sabía leer partituras. Estuve en un sinnúmero de orquestas como la de Francisco Zumaqué y la de Simón Mendoza, entre otras”, recordó.

Alci Acosta ha grabado 67 producciones en su carrera, pero se emociona al traer a colación que la canción con más éxito en la que ha participado no es un bolero sino la cumbia La pollera colorá en su versión original y a la que le grabó el piano en la orquesta de Pedro Salcedo.

El salto al bolero

Cuando Alci Acosta se hacía más conocido en el ambiente tropical fue precisamente tocando con la orquesta de Nuncira Machado, en un programa de la emisora La Voz de la Patria que se hacía cada domingo con orquesta en vivo. Fue ahí que su vida cambió para siempre.

Y es que en ese espacio radial se tocaban varios de los mosaicos de la venezolana Billo’s Caracas Boys. Iniciaban con pequeños segmentos de bolero que el director musical le permitía a Acosta interpretar porque lo hacía muy bien.

Entonces fue descubierto por Cristóbal San Juan, un compositor y personaje del medio musical que vio en él un exponente distinto del género en el que creyó desde un principio y al que invitó a lanzarse a la aventura de ser solista.

“A San Juan le debo mucho porque fue quien proyectó lo que podía hacer en el bolero. Él me llevó a discos Tropical, extinto sello musical, donde me hicieron una prueba con dos canciones de la autoría de Cristóbal, entre ellas la legendaria Odio gitano, pero los empresarios concluyeron que no querían un disco normal sino uno de larga duración. Han pasado 52 años y lo demás es historia”, dijo el artista.

Sobre el bolero, que conoció de niño gracias a su tío Teódulo Cervantes, también músico, el padre de Checo Acosta considera que es un género que nunca va a desaparecer por su vasto legado. Sin embargo, cree que los compositores de hoy no piensan en nutrirlo y por eso no surgen más exponentes.

En su caso, admite que parte de su éxito obedeció a que se enriqueció musicalmente de las obras de los mejores compositores de distintos países, sobre todo de habla hispana.

Con orgullo, recuerda que fue amigo del ecuatoriano Julio Jaramillo, con quien hizo tres trabajos a dos voces, así como de las vivencias con Olimpo Cárdenas, también ecuatoriano.

“Los conocí a todos y trabajé con varios de mis colegas. Tengo preparado un trabajo que se llama Alci Acosta de gala, en el que grabé varios de mis éxitos en formato de orquesta. Hace unos meses hice un bolero con Juan Piña”, destacó.

Acosta es feliz con su piano sobre los escenarios, pero también en su casa, donde en su radio suenan más noticias que música. Allí no se cambia por nadie, tranquilo y lidiando nietos y bisnietos. Es feliz en Soledad, de donde nunca se ha mudado ni espera hacerlo y donde goza del cariño de sus vecinos, que saben que es una megaestrella, aunque más lo trasnoche que lo vean como un buen hijo de ese suelo que tanto ama.

ANDRÉS ARTUZ FERNÁNDEZ
EL TIEMPO
@Andretuz

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