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Lillian Bassman, la fotógrafa de las mujeres

En los 40 fue una de las artistas más atrevidas. A un siglo de su nacimiento, su obra sigue vigente.

Lillian Bassman, fotógrafa

Tuvo una vida plena, fue una pionera con el lente. En 2012, Lillian Bassman murió en su departamento de Manhattan, a los 94 años.

Foto:

Staley-Wise Gallery

25 de febrero 2018 , 12:30 a.m.

En 1997, un editor de modas de ‘The New York Times Magazine’ le contó a Lillian Bassman un sueño. Le habló de una mujer montada en un caballo blanco en medio de Times Square. “Yo tengo un caballo y una mujer. Vamos a trabajar”, le respondió Bassman, quien entonces había cumplido 80 y mantenía el espíritu que la había transformado en una de las fotógrafas más influyentes de mediados del siglo XX. Luego de dos décadas de retiro, Lillian había retomado su trabajo en 1996 para retratar las colecciones de moda de París para el ‘Times’. Era conocida como “la fotógrafa que mejor podía retratar a las mujeres”, y para el editor de moda era la única que podía recrear la imagen con la que había soñado.

En un mundo dominado por fotógrafos como Richard Avedon o Irving Penn, se hizo un espacio. “Retrataba a las mujeres cuando estaban relajadas, naturales. Le pedía a mi asistente que saliera a dar una vuelta mientras yo conversaba con ellas sobre sus esposos, sus amantes o sus hijos. Algo que los hombres no hacían”, dijo al ‘The New York Times’ en el 2009.

Dos elementos marcaron el trabajo de Bassman: la intervención meticulosa de sus fotos en blanco y negro y resaltar la figura femenina –en una combinación de líneas imprecisas y siluetas fantasmagóricas– en el centro de sus composiciones.

Esos elementos estaban ahí por una razón. En una entrevista con ‘Vogue’ Italia en 2009, lo explicó: “No era solo una representación de la realidad, sino más bien una expresión artística. Un día empecé a trabajar con los negativos, deslavando el color de estos y experimentando con los efectos obtenidos de este ejercicio. El resultado fue un material de una calidad nueva hasta ese momento”. Que la mujer fuera siempre lo más llamativo tenía otra razón. “Yo era una fotógrafa de mujeres. La moda siempre fue algo secundario”, dijo en 2009 a la revista ‘Interview’.

Bassman nació en Nueva York y creció entre Brooklyn y el Bronx, donde tomaba clases de baile. Pero una lesión en la espalda la obligó a dejar la danza. Influenciada por el mundo de jóvenes artistas que la rodeaban durante sus años como bailarina, decidió dedicarse al modelaje.

A los 15 años se fue a vivir con quien más tarde sería su esposo, Paul Himmel, fotógrafo documentalista tres años mayor que ella. “Nunca tuve una educación formal, excepto por la que yo y Paul nos dábamos el uno al otro cuando visitábamos el Metropolitan Museum of Art (Met), que era todo el tiempo”, dijo a la revista especializada en arte ‘Newwork Magazine’, en 2010. En esas visitas conoció las obras de El Greco, influencia clara en el trabajo que desarrollaría más tarde.

En 1940, cansada del modelaje, tomó una clase de ilustración de moda. Su profesor fue Alexey Brodovitch, el influyente director de arte de Harper’s Bazaar, quien la reclutó como su asistente. Después fue directora de arte de ‘Junior Bazaar’, versión infantil de la revista. Al cerrar esa publicación en 1948, Brodovitch le preguntó: “¿Qué vas a hacer?” “Pienso que voy a ser una fotógrafa”, respondió.

La idea fue de su amigo y colega, Richard Avedon, uno de los fotógrafos de moda más destacados del siglo XX. La llamó para ofrecerle su departamento-estudio fotográfico de Nueva York por unas semanas, mientras él trabajaba en París. Ella aceptó. Sobre el trabajo de Lillian, Avedon comentó: “Hizo visible ese desgarrador espacio invisible entre la apariencia y la desaparición de las cosas”.

El fin del cuarto oscuro

Una de sus primeras interacciones con el cuarto oscuro –que más tarde formaría una parte esencial de su trabajo– fue la intervención de los negativos originales. Lillian comenzó a decolorar los paisajes o los rostros de las modelos, para crear un contraste entre la mujer y el fondo. Una de sus fotografías más famosas, “Anne Saint-Marie”, la tomó durante una sesión para Chanel, en 1958. “Cuando miro esta foto, pienso: esa es una mujer que se conoce a sí misma”, decía.

En 1951, Bassman ya era una fotógrafa de moda establecida. Ese año fue elegida como una de los mejores fotógrafos del siglo XX por la revista 'Popular Photography'. Pero, a mediados de los 70, todas las singularidades que habían hecho de su trabajo fotográfico un éxito empezaban a ser molestas para la industria de la moda.

Una nueva presentación de la sexualidad y el ascenso de una nueva camada de modelos-celebridades como Jerry Hall o Iman quitaron su gusto por retratarlas, y abandonó su carrera. “Mostrar ropa que cuesta tres o cuatro mil dólares en adolescentes, de 17 o 18 años, es ridículo. No les queda bien. Para mí, simplemente destruye toda la ilusión de sofisticación, de conocimiento, de saber cómo funciona tu cuerpo”, dijo a ‘Newwork Magazine’.

Mostrar ropa que cuesta tres o cuatro mil dólares en adolescentes, de 17 o 18 años, es ridículo. No les queda bien

Dos décadas más tarde, a principios de los 90, la pintora Helen Frankenthaler y el historiador Martin Harrison la convencieron de volver a la fotografía. Así lo hizo. Entró al cuarto oscuro e imprimió las fotografías de las cuales se había sentido satisfecha en su momento, pero sus editores no.

Bassman volvió a tomar una cámara a fines de los 90. En 1996, ‘The New York Magazine’ le pidió fotografiar la nueva colección de otoño de Neiman Marcus. Poco después viajó a Alemania para fotografiar para la revista Vogue. En 1997 publicó una autobiografía.

A los 87 años abandonó el cuarto oscuro para aprender a intervenir tonos y luces de sus fotografías digitalmente. Consultada por la revista ‘Interview’ sobre si volvería a trabajar de esa forma, exclamó: “¡No puedo! Los químicos son distintos, el papel es distinto. Todos los materiales que yo usaba en el cuarto oscuro ya no existen. Los tiempos cambian, y las técnicas también”.

En 2012, Bassman murió en su departamento de Manhattan, a los 94 años. Tres meses después de su muerte, la galería Staley-Wise organizó una exhibición dedicada a su obra. En una entrevista en ‘The New Yorker’, dijo: “Pienso que mi contribución más grande ha sido fotografiar moda desde una mirada de mujer que entiende los sentimientos más íntimos de otra mujer”.

MONSERRAT MIRANDA ARRAU
EL MERCURIO (Chile) - GDA
En Twitter: @ElMercurio_cl

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