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Un café con Steve Coll, el decano de periodismo de Columbia

El ganador de dos premios Pulitzer fue el orador central de los premios Simón Bolívar.

Steve Coll

Steve Coll, decano de la Escuela de Periodismo de Columbia University.

Foto:

Mauricio León / EL TIEMPO

14 de noviembre 2017 , 09:16 a.m.

Justo al día siguiente del primer aniversario de la elección de Donald Trump en Estados Unidos, el decano de la facultad de periodismo más prestigiosa de ese país, Steve Coll, explicaba en Bogotá los retos que trajo a este oficio la histórica elección. “Se siente como si hubiera sido más de un año. ¡Como diez años! –exclamó Coll, bebiendo café colombiano–.

Siendo objetivo, su presidencia no ha sido muy exitosa hasta ahora, porque no ha podido lograr ninguna de sus metas legislativas más significativas. No pudo convencer al Congreso de cambiar el sistema de salud. Ahora tiene una reforma de impuestos, con una mayor unidad en el partido republicano, pero su popularidad ha bajado de manera sostenida desde que fue elegido (...). No habíamos tenido un presidente de Estados Unidos que atacara la legitimidad de la prensa. O que cuestionara principios de la primera enmienda de la Constitución (la cual defiende la libertad de expresión). Al menos, no en toda mi vida. Richard Nixon, que fue hostil con la prensa, y esta fue hostil con él, no hizo estos ataques retóricos, que animan a sus seguidores a arremeter contra la prensa y reduce su legitimidad”.

Coll, que trabajó por años en ‘The Washington Post’ y ‘The New Yorker’ y que ha escrito ocho libros, entre ellos los premiados ‘Ghost Wars: The Secret History of the CIA’, ‘Afghanistan and Bin Ladens’ y ‘Private Empire: ExxonMobil and American Power’, habló con EL TIEMPO.

¿Qué lecciones quedan de este primer año de Trump?

La lección es que hasta ahora el sistema constitucional de pesos y contrapesos se ha sostenido bien. Ha sido fuerte y ha cumplido con su labor alrededor de temas como la prohibición de viajes y ha impuesto límites a sus cambios en la política de inmigración. La prensa ha hecho su trabajo de manera efectiva. El ‘Washington Post’ y el ‘New York Times’ han hecho su reportería de manera muy profesional sobre conflictos de interés y otros temas. Es difícil ver hacia dónde irá en dos o tres años, tenemos elecciones de Congreso en el 2018. Hay algunas señales de que los demócratas tendrán un regreso fuerte y eso podría hacerle revisar su posición. Pero los demócratas también están teniendo conflictos internos sobre la dirección del partido.

¿Cuál es el estado del periodismo en EE. UU.?

Los ataques contra la prensa en los últimos años han fortalecido el periodismo en mi país. Han clarificado el papel del periodismo en nuestro sistema, de acuerdo con la primera enmienda. Incluso, pienso que el periodismo se ha recuperado de la recesión. Nuevas empresas se están formando, se están haciendo nuevas inversiones en el periodismo. Y luego ves instituciones antiguas como ‘The New York Times’ y ‘The Washington Post’ sobreviviendo. Nuevos inversionistas de Silicon Valley, todas estas son cosas positivas.

La otra cara de la moneda es una terrible pérdida de reportería en el periodismo que se hace en algunas pequeñas comunidades locales de todo el país, en áreas que apoyaron a Donald Trump, sobre todo rurales. También en ciudades intermedias e incluso lugares como Chicago, Dallas, pero especialmente pequeños pueblos de Ohio, Pensilvania, donde solía haber periódicos fuertes, apoyados por la comunidad y los anunciantes, y en los que a menudo los periodistas provenían de esos lugares y su trabajo jugaba un papel en la política de la comunidad. Ha sido una terrible pérdida de reportería profesional en pequeñas ciudades del país. Eso ha contribuido a esta crisis de confianza y de credibilidad en el periodismo. La gente tiene la razón: los periodistas se han convertido en una institución de élite en EE.UU., se concentran en Nueva York, California, Washington, y hay cada vez menos reporteros profesionales en el interior del país.

¿Qué tan importantes son los premios para un periodista?


Para mí, fueron muy importantes, he visto un efecto claramente positivo en la vida de los periodistas. Especialmente si eres joven, o estás aún en mitad de tu carrera, ganar un premio por un trabajo que realmente quieres hacer, te motiva a continuar, a ser más ambicioso en tu trabajo. También hay gente que obtiene un premio cuando es joven y eso casi que lo arruina. Pero la mayoría encuentra que es una experiencia positiva. Hay una frase en inglés: ‘thought leadership’. Liderazgo de las ideas. De la excelencia en la práctica. Lo que es importante es modelar cómo se ve la excelencia. Y debatirlo. Quizás algunas personas pensarán que no es excelente. El premio no se trata solo de celebrar, sino de crear un liderazgo público. Y también una forma de protección al periodista: es difícil despedir al ganador de un Pulitzer (risas).

¿Cuál fue el mayor hallazgo de su libro sobre la Exxon Mobil?

Fue una corporación muy difícil de investigar. Con tiempo y mucho esfuerzo pude entrar bajo la superficie. Lo que más me interesaba era la forma de poder que ejerce en el sistema político estadounidense, por medio de lobistas, sus estrategias en Washington, su influencia en temas de políticas sobre el clima (…). En un país como Chad (en África), su poder es mucho mayor que el del gobierno de Estados Unidos. La embajada estadounidense allí puede invertir diez millones de dólares al año en ayuda cultural o entrenamiento contra el terrorismo. Y por supuesto, es bueno para Chad tener un aliado, en medio de un barrio peligroso. Pero la contribución de Exxon Mobil al gobierno es del orden de 600 millones de dólares por año. ¿Quién crees que tiene el verdadero poder?

Muchas investigaciones periodísticas de hoy provienen de las filtraciones. ¿Es ese un camino inevitable?


Estas filtraciones son señales de un cambio en el periodismo investigativo. Y pienso que hay complicaciones alrededor de ellas, como vimos en la campaña del 2016 y la probabilidad de que Rusia haya utilizado el periodismo para intervenir y distribuir correos y grabaciones sobre la campaña de Hillary Clinton. (…) En EE. UU. tuvimos el famoso caso de 1971 sobre el cual Steven Spielberg está haciendo una película. Se conoce como los papeles del Pentágono, y consistió en que un empleado del Pentágono llamado Daniel Ellsberg, que fue como el Edward Snowden de esos días, sacó de su oficina muchos archivos sobre la historia secreta de la guerra de Vietnam. Y los entregó a periodistas de ‘The New York Times’ y ‘The Washington Post’. Le tomó días y días cargar con estos papeles, esconderlos y copiarlos. Ahora basta con meter una memoria USB en un computador y sales con 20 veces más información que la que sacó Ellsberg. Hay dos formas diferentes de grandes filtraciones que están dando forma al periodismo. Una es el clásico soplón, que piensa que algo está equivocado en el sistema (la ‘garganta profunda’ del Watergate), que toma esa información con la creencia de que es de interés público. Y, como en el caso de Ellsberg, se da a conocer a los periodistas, responde preguntas sobre sus propias motivaciones y no había misterio sobre quién era, cómo obtuvo la información y por qué la está compartiendo con los reporteros.

Pero hay otras filtraciones que son controversiales, como el ataque a Sony por parte de Corea del Norte, luego de que hicieron una película que no le gustó al régimen norcoreano. ¿Deben los periodistas simplemente aceptar grandes filtraciones como esas, cuando no conocen la fuente o la motivación de las mismas? Hay un poco de negación en el periodismo acerca de los dilemas éticos que presentan esta clase de filtraciones. No tengo problema con la versión de Snowden o de alguien que se dé a conocer. Puedes evaluar sus motivaciones, porque sabes quién es y por qué lo hace. Creo que hace falta una conversación más amplia sobre las consecuencias de esto en el periodismo. Y una razón para ello es que la profesión puede arriesgar su credibilidad.

Usted estudió lengua inglesa e historia, tiene una esposa poeta, pero también cubrió temas económicos e hizo investigaciones jurídicas. ¿Cuál lado pesa más en usted, el artístico o el de ciencias formales?

Creo que es una buena idea en la universidad aprovechar no haberse graduado para leer literatura e historia. Y guardar el estudio del periodismo para después de la universidad. Solo tienes un momento en tu vida para leer y disfrutar del lenguaje y la historia. No creo que hubiera podido desarrollar mi carrera de periodista si no hubiera pasado esos cuatro años inmerso en mí mismo y en los libros, en nuevas formas de narrativa y de contar historias. Luego, cuando obtienes un trabajo periodístico, los temas que cubres son parcialmente decididos por tus jefes. Yo fui asignado a India, porque quería ser corresponsal extranjero y el Washington Post trabaja de una manera en que el periódico decide dónde enviarte. Ellos me enviaron a India y eso cambió mi vida.

JULIO CÉSAR GUZMÁN
EL TIEMPO@julguz

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