Gente

Conozca a Chuck McCarthy, el paseador de personas

Un curioso servicio en Los Ángeles brinda acompañantes para caminar, hacer ejercicio y conversar.

Actor Chuck McCarthy

El actor Chuck McCarthy, a la derecha en la imagen, acompañado de dos clientes de su empresa de paseadores de personas.

Foto:

EFE

02 de julio 2018 , 07:28 p.m.

Los caminantes profesionales que ofrece el servicio The People Walker (TPW) no suponen una amenaza para las personas ni invitan a huir como los de la serie ‘The Walking Dead’. Todo lo contrario: paso a paso ayudan a combatir, durante un rato, el aislamiento, la soledad y la vida ajetreada propios de una gran urbe como Los Ángeles, California (Estados Unidos).

Chuck McCarthy, su fundador, es un joven actor de poco más de treinta años que en poco tiempo ha alcanzado fama, más que por su carrera actoral, por su carácter emprendedor que le ha permitido desarrollar este servicio de caminatas pagas que está demostrando ser todo un éxito.

En el 2016, cuando llevaba varios meses sin trabajar, el “primer paseador de personas de Los Ángeles”, como ya se le conoce, pensó en hacerse paseador de perros, un trabajo que está muy extendido en las principales ciudades estadounidenses —también en Colombia—. Se planteó incluso ser entrenador personal de gimnasia, otro trabajo muy demando.

“Quizá me convierta en un paseador de gente”, le dijo en broma a su novia en ese momento. Pero lo que empezó como un chiste fue cobrando forma en su cabeza al constatar la necesidad de vida social que experimentan muchos de sus conciudadanos. Terminó por poner la idea en práctica sin esperar la gran acogida que años más tarde acumularía.

En sus comienzos, Chuck recuerda que captaba a sus clientes mediante folletos pegados en las farolas de las calles en los que incluyó las siguientes preguntas: “¿Necesitas motivación para caminar? ¿No te gusta caminar solo? ¿No quieres que la gente te vea caminando solo y asumir que no tienes amigos?”. McCarthy comenzó a recibir cientos de correos electrónicos de solitarios, curiosos y aventureros en busca de la compañía ambulatoria de un extraño. Fue entonces cuando se animó a crear TPW.

Este hombre, de tupida barba y sonrisa contagiosa, comenzó solo a pasear gente por las calles y parques cercanos a su casa por una tarifa de 7 dólares la milla (1,6 kilómetros), algo más de 20.000 pesos. Así, se convirtió en “pionero de una alternativa al paseo de perros que, en lugar de correa, requiere la capacidad de caminar, hablar y, sobre todo, escuchar”, señala el diario británico ‘The Guardian’.

La demanda de su servicio, que se ha visto impulsada por el surgimiento de una nueva generación de trabajadores independientes que no tienen rutina, ni van a oficina y cuyos horarios semanales no coinciden con los de sus seres queridos, ha sido tan grande que ahora cuenta con un equipo de cuarenta caminantes.

Esta red de trabajadores de TPW son cuidadosamente seleccionados por medio de un test de personalidad, una verificación de antecedentes y varias entrevistas personales.

Las caminatas se ofrecen, no solo en Hollywood, donde McCarthy todavía se encarga de pasear a ciudadanos, sino además en zonas como Beverly Hills, Westwood, Brentwood, Culver City, Santa Mónica, Silverlake o Venice.

Negocio rentable

Desde su debut, estos paseos en compañía han incrementado su valor hasta los 15 dólares (44.000 pesos) por cada treinta minutos de recorrido, y 15 dólares adicionales por cada amigo que se lleve.

Esto permite extender las caminatas a discreción del usuario, que ya no paga por distancia, sino por el tiempo que quiera dedicarle a caminar y charlar.

Para contratar el servicio, hay que entrar al sitio web de TPW, elegir la localización donde se quiere caminar, leer las biografías y reseñas de los caminantes disponibles para dicha área y elegir el más adecuado.

Posteriormente se reserva el servicio a una hora específica y un lugar de inicio determinado. Finalmente, solo queda disfrutar de los beneficios de un paseo en compañía del caminante seleccionado, explica McCarthy.

Las caminatas pueden efectuarse entre las 6 de la mañana y las 9 de la noche, y las personas, que siempre deben ser mayores de 18 años de edad, pueden llevar consigo a sus perros, explica su fundador.

Conversar y escuchar

“Nuestra actividad tiene que ver con el movimiento y la conexión entre humanos, y está dirigida a personas como nosotros, que necesitan motivación para salir de casa, hacer ejercicio y hablar con alguien cara a cara, que a veces solo quieren la seguridad de un compañero, que no quieren caminar a solas pero que no siempre pueden coordinarse con amigos o familiares”, indican desde la página de TPW.

Quienes han vivido la experiencia comentan que estas caminatas acompañadas “por un extraño que se parece a un amigo” aumentan el bienestar y permiten disfrutar de una conexión emocional, hacer ejercicio físico, hablar con alguien, caminar más rápido que cuando se camina en solitario, y recibir una saludable dosis de movimiento, naturaleza y sentido de la comunidad.

En lugar de comunicarse a través de las pantallas y las redes sociales, que funcionan como una especie de sucedáneo de las relaciones humanas reales, los clientes de TPW se relacionan con personas reales que “no los juzgarán ni hablarán mal de ellos, algo muy similar a ir a un confesionario, a un bar, a ver a un terapeuta o a la peluquería”, dice McCarthy, quien camina y conversa con clientes muy diversos y con circunstancias de vida igual de dispares cuatro o cinco veces a la semana.

Aunque él respeta las confidencias, dice que las conversaciones con sus clientes rara vez son confesionales, y “suelen ser superficiales”. Aun así, Chuk cree que esas charlas “son terapéuticas aunque las personas no desnuden sus almas”.

Caminata terapéutica

Consultado sobre cuáles son las claves para que una caminata sea terapéutica, tanto para los usuarios que contratan el servicio, como para los caminantes que los acompañan, McCarthy comparte estos tres consejos prácticos:

Con los cinco sentidos

“Preste atención a lo que le rodea, y sea consciente de ello, en cada momento. Observe las cosas que no ve al conducir o al correr de un lugar a otro. Si usted atiende a su entorno, no prestará atención al estrés que pueda experimentar en otras áreas de su vida”, señala.

Sociabilizar

“Prestar atención debe ser algo mutuo. Escuchar es importante para el caminante de compañía, pero también para el peatón que es acompañado. Una conversación unilateral es como tratar de remar un bote usando solo uno de los remos: se termina yendo en círculo y no se llega a ninguna parte”, añade.

Respiración consciente

“Respire profundamente. Trate de inhalar por la nariz y exhalar por la boca. Cuando estamos sentados, podemos olvidarnos de respirar de ese modo. Nuestro cuerpo respira naturalmente, pero eso no significa que lo haga de forma correcta. Mantenga una buena respiración y muévase regularmente, y esto marcará una gran diferencia”, concluye.

OMAR R. GONCEBAT
EFE Reportajes
En Twitter: @EFEnoticias

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