Gente

Cómo desaprender el ‘machismo tóxico’

Con su taller, Tahir Ducket revisa estereotipos culturales y enseña a prevenir la violencia sexual.

Machismo

Hay talleres en EE. UU. que proponen que los hombres revisen estereotipos de ambos sexos

Foto:

123rf

11 de diciembre 2017 , 09:30 p.m.

Conceptos erróneamente asociados con la idea de “ser hombre” están detrás de la violencia sexual y de género, además de hacerles mal a los propios hombres. Con esta idea, varias universidades y ONG en Estados Unidos ofrecen talleres gratuitos en los que ellos revisan su mirada sobre lo masculino. “A veces lloran en las sesiones. Yo lo hice”, cuenta uno de los participantes.

Uno a uno, los 15 hombres que esa tarde están sentados en una sala de la ONG Collective Action for Safe Spaces, en Washington (EE. UU.), se levantan de su silla y en una pizarra anotan diferentes características de los seres humanos. Luego, el grupo discute para ordenarlas en una escala que va desde lo más femenino a lo más masculino. El resultado es claro y, quizás, algo predecible: en la mente de estos machos, los hombres son duros, agresivos, fuertes, mientras que las mujeres son retratadas como pasivas, blandas y regidas por las hormonas.

Pero el ejercicio no termina ahí. El siguiente paso es reordenar estos conceptos en una nueva escala, desde lo más saludable a lo menos saludable, en función del bienestar mental y de la sana convivencia entre ambos géneros. Entonces, la conversación se acalora. ¿Acaso ser ambicioso es malo? ¿No hay que ser agresivo a veces si quieres lograr algo?

La discusión se pone aún más álgida cuando se empieza a hablar de sexo. Específicamente, de cómo las mujeres comunican su visión al respecto. Para la mayoría, no hay duda alguna de que una mujer que se viste de manera provocativa está al menos abierta a la posibilidad de un encuentro casual.

Este ejercicio se hace al comienzo del taller, casi siempre en la segunda sesión. Es una actividad gratuita que dura dos meses y tiene una alta adhesión: casi todos siguen hasta el final, cuenta, al teléfono desde EE. UU., Tahir Duckett, fundador y director de ReThink, programa que funciona al alero de Collective Action.

Tahir se graduó con distinción máxima en la Escuela de Derecho de la Universidad de Georgetown y además tiene estudios en Ciencias Políticas y Religión en la Universidad de Emory, en Atlanta. Lleva años trabajando desde su ONG en la prevención de la violencia sexual, pero hace dos se dio cuenta de que era necesario incluir a los hombres en esa tarea para poder generar cambios más profundos y duraderos. Su idea es que sean los propios hombres los que revisen los estereotipos culturales en los que se anida la violencia de género en todas sus expresiones, desde la brecha salarial hasta su expresión más fuerte y básica: la agresión sexual.

La labor emocional

El taller se trata de una invitación abierta a hombres comunes y corrientes que quieran ser mejores personas; hombres que quieran descubrir el machismo que llevan dentro y entender cómo ese machismo daña no solo a las mujeres sino a ellos mismos, al no permitirles conectarse con sus propias emociones.

“Muchos hombres lloran en las sesiones. Yo lo hice”, acota Tahir, quien está casado hace varios años y participó en el primer taller realizado por su ONG en la sede de Collective Action. “Y lo hacemos porque es muy difícil para nosotros hallar un espacio en el que podamos mostrarnos frágiles frente a otros hombres. Aquí hablamos de nuestras culpas, de lo que hemos hecho mal y, también, de nuestras propias historias de abuso y violencia, cuando las hay. Me ha sorprendido descubrir cómo los hombres ansían tener un espacio en donde al fin puedan relajarse y ser vulnerables”, añade.

Aquí hablamos de nuestras culpas, de lo que hemos hecho mal y, también, de nuestras propias historias de abuso y violencia, cuando las hay

“Yo fui porque sentía que necesitaba un cambio”, agrega Stephen Hicks –profesional de la salud, 32 años, soltero–, quien dice haberse sentido especialmente tocado por la sesión en la que se habló de la “labor emocional”, es decir, el uso de los recursos emocionales propios para ser empático y tratar de que la otra gente se sienta cómoda. Una característica usualmente definida como “femenina”, pero disponible para todos.

“Me pareció una experiencia recomendable deconstruir mucho de lo que se acepta como ‘hombre siendo simplemente hombre’. Descubrí que gran parte de mi definición de lo que es una masculinidad fuerte se basaba en conceptos indebidos, míos o de otros. El curso da un espacio de preguntas sobre si queremos crecer como personas o seguir siendo complacientes y cómplices”, acota.

La idea de complicidad con el machismo es muy importante para ReThink: además de estas clases contra el machismo, su ONG trabaja con el personal de bares, discotecas y restaurantes en un programa llamado Bystander Intervention (intervención de los observadores), donde les entregan herramientas para actuar en caso de observar violencia de género en sus lugares de trabajo.

Hasta ahora, la concurrencia en el taller de ReThink ha sido más bien joven: se han inscrito desde universitarios de 20 años hasta adultos de cuarenta y tantos. Entre los más viejos, suponen, hay más resistencia.

“La mayoría llega por recomendación de algún amigo que ya participó, o porque rompieron con su pareja y algún comentario de ella los hizo sentir que tenían que repensar su forma de actuar. Al final, prácticamente todos los hombres han tenido algún problema relacionado con la masculinidad: no tienes que ser un violador para haber dicho algo inapropiado a una mujer o sobre la mujer en general. Estas son cosas que todos los hombres han hecho en algún punto porque no han sido educados para evitarlo”, acota Tahir.

El consentimiento

En el taller de Tahir, los 15 asistentes siguen discutiendo acaloradamente. A tono con el programa, en cada sesión han revisado una serie de conceptos sobre los que habían leído y luego han realizado actividades en torno a ellos. Emociones, violencia, empatía y vulnerabilidad han sido parte de ese proceso. Ese día, el tema es el consentimiento.

“¿Cuántas veces las mujeres dicen que no, pero en realidad sí quieren tener sexo y solo se están haciendo de rogar?”, acusa uno de los asistentes, mientras otro alega que si una mujer sube a su departamento luego de una cita, es evidente que está dispuesta a todo.

El monitor del taller intenta aplacar los ánimos y enseñarles a no ver señales de invitación sexual donde no las hay.

“Este tipo de malentendidos son el gatillo de la violencia de género. No son saludables porque permiten que el depredador sexual se esconda”, acota Tahir.

En rigor, dice Tahir, el consentimiento es algo simple que se resuelve simplemente preguntando directamente al otro si quiere un encuentro sexual o no. Por eso, parte del taller se destina a practicar cómo hacer esa pregunta de una manera que resulte cómoda, lo que no es precisamente fácil.

Pero los hombres suelen no estar entrenados para algo así. Culturalmente, muchos no aceptan un no como respuesta. Creen que la mujer solamente se está haciendo la difícil. ¿Y por qué creen eso? Porque saben que ellas también están atrapadas por estereotipos y presiones culturales en torno a lo femenino, de las que quisieran liberarse. En su caso, aún se anida muchas veces el temor a quedar como ‘sueltas’. Saber eso hace que los hombres, erróneamente, crean que en el fondo, ellas siempre quieren, y solo temen que las miren mal.

Aprender a desaprender

El taller de ReThink no es una iniciativa aislada. En Estados Unidos, algunas universidades han creado actividades similares, aunque en su mayoría no son abiertas a la comunidad, sino que se dirigen a los estudiantes y han surgido luego de olas de denuncias de violaciones y abusos sexuales ocurridos dentro de los campus.

En la Universidad de Brown se creó el programa Masculinity 101, que busca “desaprender el machismo tóxico” por medio de sesiones grupales semanales, en las cuales los jóvenes pueden hablar abiertamente sobre las dificultades con las que están lidiando como consecuencia de las expectativas en torno a la idea de lo masculino. Los hombres, dice la invitación a participar, suelen recurrir a la violencia porque la rabia es la única emoción para cuya expresión han sido socializados.

En la Universidad de Wisconsin, el área de servicios de salud gestó un ciclo de talleres que en seis semanas invita a discutir sobre la malentendida relación entre violencia y masculinidad. La meta es saber reconocer a tiempo los primeros signos de lo que describen como “machismo tóxico”.

Sofía Beuchat
El Mercurio / GDA

Ya leíste los 800 artículos disponibles de este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido digital
de forma ilimitada obteniendo el

70% de descuento.

¿Ya tienes una suscripción al impreso?

actívala

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA