Gente

El Miguel Ángel que recuerdo

Este viernes falleció en Madrid a sus 76 años Miguel Ángel Bastenier, maestro del periodismo.

Miguel Ángel Bastenier

El periodista Miguel Ángel Bastenier desempeñó cargos como los de subdirector de Información y subdirector de Relaciones Internacionales hasta 2006.

Foto:

Héctor Fabio Zamora / EL TIEMPO

28 de abril 2017 , 12:46 p.m.

Siempre creímos, los que tuvimos la fortuna de conocer a Miguel Ángel Bastenier, que mientras hablaba estaba escribiendo en su cabeza. Quizás esa es la razón por la cual Juan Cruz, periodista del diario ‘El País’ y su entrañable amigo, le dedicó su columna el pasado 17 de abril “al periodista más rápido del mundo”.

En vida, Miguel Ángel se ufanaba de lo mismo. Nos decía que con esos dedos cortos y gordos escribía tan rápido y de memoria que nadie lo podía igualar. Al tiempo que lo decía, movía sus dedos al aire como tocando un teclado imaginario, mientras se reía con su carcajada socarrona, interrumpida, casi siempre, por la tos.

Si alguien quiere encontrar al verdadero maestro de generaciones de periodistas latinoamericanos ese era Miguel Ángel o ‘Baste’, como algunos lo llamaban cariñosamente, quien falleció este viernes en Madrid a los 76 años debido a un cáncer de riñón.

Por su curso anual ¿Cómo escribir un periódico?, a mitad de año, en la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano en Cartagena, pasaron decenas de periodistas de América Latina, quienes tuvieron la oportunidad de ser parte de una especie de comarca de hijos menores que tenían a un ‘papá periodista’ para toda la vida.

Precisamente allí lo conocí, hace 13 años, junto con periodistas de distintas partes de América. Empezaba a hablar de un término que con el tiempo lo explicó en uno de sus libros: el ‘chip colonial’, algo que quería extirpar y que se convirtió en un mantra para los periodistas de este lado del mundo. Se trata de esa manera de “escribir con la corbata puesta”, que lo enreda todo desde el inicio, y la manía de hacer periodismo basados en comunicados y en ruedas de prensa.

Miguel Ángel tenía la facultad o esa vocación de nunca dejar de enseñar así fuera en bermudas en el calor del centro de Cartagena o de saco y pantalones de lino en el sector de Suánzes, en Madrid, donde queda el diario ‘El País’ y su Escuela de Periodismo, donde pasó los últimos 30 años formando a decenas de jóvenes europeos y latinoamericanos en lo fundamental del oficio.

Tenía respuesta para todo. Al iniciar sus clases desmenuzaba los periódicos del día con fiereza y, en muchos casos, con indignación, pero eso sí, con mucho humor. Armaba y desarmaba los artículos. Podía hablar horas de una pieza periodística y del mismo quehacer del periodismo. Sus charlas eran trepidantes, unos viajes por la historia del mundo y podía aterrizar de nuevo en Cartagena o Madrid, para después despegar al periodismo anglosajón, que, decía, era el mejor del mundo.

Podía hablar en francés o en inglés perfectamente, a veces tartamudeaba y en medio de sus charlas eran famosas los suspensos eternos por el ahogo y la tos. Siempre tenía a la mano un paquete de cigarrillos y unas cerillas para prender uno tras de otro, mientras explicaba, advertía y enseñaba sobre el oficio. Es bien recordado que después de un episodio de estos, decía, sin más, que debía “contraatacar”. Sacaba otro cigarrillo y se lo fumaba.

Tenía una memoria prodigiosa. De hecho, siempre nos había dicho que nunca grababa las entrevistas, a pesar de que duraran horas.

Miguel Ángel se hizo periodista desde muy joven tras haber estudiado Historia. A los 37 años dirigió el Teleexprés, fue subdirector de ‘El Periódico de Catalunya’ y después hizo toda su carrera en el diario ‘El País’, que era su vida. Allí fue subdirector de información y subdirector de relaciones internacionales hasta el 2006.

Su trayectoria le dio la autoridad para reinterpretar los géneros periodísticos, algo que se puede leer en su libro ‘El Blanco Móvil’ (2001), lectura obligada para cualquiera que quisiera estar en sus cursos.

En la última década se dedicó a enseñar a hacer sus columnas sobre el castellano y el oficio, y a hacer artículos sobre la realidad latinoamericana y del Medio Oriente, sus temas preferidos.

También, hace pocos años descubrió Twitter, que usó para dar consejos de periodismo a sus tantos alumnos y que disfrutaba y se sorprendía de todo lo que pasaba allí. Pero eso sí, siempre insistía en que había que regresar a la calle a escuchar y a apuntarle al blanco móvil. Afirmaba que un periódico tenía que tener el 80 por ciento de temas propios y un 20 por ciento de registro para garantizar la supervivencia del papel.

En sus últimos años, su pasión, sin duda, fue América Latina y en especial Colombia. De hecho, se hizo colombiano, por unos meses estuvo a cargo de ‘El Espectador’ y en las conversaciones hablaba de “nosotros”, con su acento español. Era conocida su relación con políticos y expresidentes; personalidades de la cultura y del periodismo, con quienes compartía para hacer lo que les enseñaba a sus estudiantes y que siempre insistía en hacer muy bien: escuchar.

Hoy se fue Miguel Ángel, un maestro de verdad. Y un ‘papá periodista’ para muchos.


ANDRÉS GARIBELLO
Director de la Escuela de periodismo Multimedia de EL TIEMPO

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