Gente

‘La inmoralidad en las redes sociales nos está poniendo en peligro’

Si no se usan con cuidado las tecnologías podrían romper el orden mundial.

Orlando Ayala Lozano

Ya jubilado, Ayala se ha dedicado a dar conferencias por todo el mundo, “como un apóstol tecnológico”, dice Gossain.

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Claudia Rubio / EL TIEMPO

08 de marzo 2018 , 08:41 p.m.

En esta época de elecciones, un huracán de mentiras se desgaja diariamente sobre Colombia.

Proviene de la izquierda, de la derecha, del centro, de los ambidiestros, de todas partes. El mensaje de cada uno es peor que el del otro. Las redes sociales echan chispas. A la gente se le nota la rabia en los ojos. Arden los ánimos. Cunden la furia y el caos.

Todos los días aumenta en este país el abuso que se comete con las comunicaciones, blogs y portales, WhatsApp, los aparatos electrónicos. El periodismo tradicional tampoco se queda muy atrás. Hay una frenética manipulación de la verdad. Nos estamos ahogando en un oleaje de difamación y el cinismo campea con apariencia de realidad. La calumnia está a la orden del día. Los demagogos electorales y sus seguidores no dan abasto.

El talento humano duró cinco mil años buscando y trabajando sin descanso hasta descubrir los formidables avances tecnológicos de nuestra era. Las redes sociales no dan abasto. Pero en solo dos años, desde la terrible campaña a favor y en contra del plebiscito, los colombianos despojamos a esos inventos de lo más valioso que tenían: su credibilidad y la confianza, el respeto y el crédito que se merecen, sin lo cual no tienen sentido.

‘¿Será verdad?’

Díganme ustedes si esta escena que les voy a describir no es verídica o si estoy exagerando un milímetro. Está uno en su casa, a las siete de la noche, viendo televisión o leyendo un libro. De repente repica el celular. Lo primero que uno hace es pegar un salto y, mientras mira el teléfono con recelo, se hace estas preguntas: ‘¿Ahora sí será verdad? ¿Será otra mentira? ¿Y ahora con qué me irán a salir?’.

La política ha enloquecido a Colombia hasta el punto de convertir la tecnología en infamia. La razón ha sido sustituida por la chifladura electoral. No queda maldad que no se haya cometido. El país está desenfrenado. La intolerancia anda por la calle como un perro con mal de rabia, buscando a quién morder. Lo que hoy llaman ‘posverdad’ se ha convertido en prementira.

Ahora los mismos dirigentes que han venido azuzando al pueblo se declaran perplejos por los ataques y agravios que les hacen en diferentes lugares, como acaba de suceder en Cúcuta y Popayán. Están tomando de su propia medicina.

Un motivo de orgullo

A fin de no perder la esperanza, y seguir alimentando el optimismo, encuentro un buen ejemplo que sirve para sentirme orgulloso de ser su paisano. Hablando con él compruebo que, a pesar de tanta maldad y de tanta perversidad, y de tanto escándalo diario, todavía quedan personas que enaltecen al país.

Este hombre es una autoridad en las grandes ligas de la tecnología mundial. Su familia procede de dos poblaciones del Valle del Cauca: su padre nació en Pradera y la madre, en Candelaria. Se llama Orlando Ayala Lozano, tiene 61 años y nació en Bogotá. Allí mismo se graduó como administrador de sistemas de información en la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

Durante veinticinco años, entre 1991 y 2016, fue funcionario de Microsoft, la empresa de informática más importante del mundo, en su sede internacional de Estados Unidos. En 1995 fue promovido a vicepresidente corporativo con el encargo de abrir 35 subsidiarias por todo el mundo.

Luego fue ascendido a uno de los cargos más apetecidos: vicepresidente mundial de ventas y mercadeo, nada menos, con responsabilidades en ciento diez países.

Naturalmente, en semejantes cargos trabajó de cerca con Bill Gates, el creador y líder de la compañía. Cuando se jubiló, en el 2016, Ayala recibió un video personal de Gates, “que guardaré como un tesoro el resto de mi vida”.

Tecnología y ética

Hoy sigue viviendo en la ciudad de Seattle, Estados Unidos, pero viaja por el mundo entero dictando cursos y conferencias. La oportunidad me la pintaron calva para conversar con él sobre la actualidad colombiana cuando supe que estaba de paso por Bogotá.

Empezamos por hablar de la gran revolución tecnológica que se está desencadenando hoy en el mundo entero.

–Esa formidable revolución –empieza por decirme– tropieza con gravísimos problemas de orden ético. Si siguen siendo mal utilizadas, las tecnologías podrían romper el orden mundial de una manera que no tiene precedentes en la historia humana. Así de grave es el asunto.

Ayala piensa que la relación entre la tecnología y la ética se ha vuelto confusa y dispersa, “y eso podría conducir a terribles consecuencias negativas para toda la humanidad”.

–¿Cómo empezamos a resolver ese dilema? –le pregunto.

–Lo primero que hay que hacer es abrir una compuerta de diálogo sin exclusiones. De lo contrario, las brechas sociales, morales y económicas se volverán insalvables. Esa es la razón por la que ando dictando charlas y haciendo asesorías en el mundo entero, donde quiera que me inviten.

Colombia y las elecciones

Le planteo al señor Ayala el caso concreto de lo que ocurre en Colombia con los mensajes de redes sociales en estos días de elecciones.

Empieza por decirme, con un acento preocupado, que “estamos, sin duda, frente a un gran desafío no solo en Colombia, sino el mundo entero, un desafío global inclusive en los países más avanzados, como es el caso de Estados Unidos (las recientes elecciones presidenciales y el factor Rusia) y el Reino Unido con el brexit”.

Es entonces cuando le pregunto si los fabricantes de los avances tecnológicos no tienen también una responsabilidad moral con sus equipos y el uso que se está haciendo de ellos.

–Hoy, más que nunca, estamos sufriendo la falta de un gran liderazgo ético –me responde–. Palabras como valores y principios son violadas diariamente. Sin valores éticos y sin principios sólidos lo que queda es una mala persona.

Luego agrega que, en el caso de Colombia, “lo que estamos viendo es el uso de lo que ahora se llama posverdad o verdad alterna. Lo que están intentando es lograr el aterrizaje de agendas políticas peligrosas y extremistas. Está en peligro, con repercusiones impredecibles, el propio orden democrático, nada menos”.

Cómo enfrentar la mentira

–Infortunadamente –se lamenta Ayala–, no existe una fórmula mágica para atacar ese problema. Apenas ahora estamos empezando a entenderlo en su etapa más temprana. En mi opinión, existen dos frentes que son imprescindibles para contener las noticias falsas.

El primero de esos frentes, según me explica, es la respuesta tecnológica. “Google, Facebook, Twitter, Instagram son las grandes rutas por donde viajan las mentiras. Gobiernos y ciudadanos del mundo les están exigiendo que respondan por las consecuencias”.

Ayala recuerda “cómo fue que Facebook y otros aceptaron las ganancias millonarias que les reportaron los rusos por repartir falsedades en las últimas elecciones presidenciales de Estados Unidos”.

–Esas grandes empresas tienen que refinar sus tecnologías para detectar de dónde vienen las mentiras y manipulaciones. Deberán unirse con la industria de noticias a fin de crear a corto plazo un servicio fidedigno de lo que yo llamo noticias curadas”.

Educación más temprana

La segunda solución tiene que ver con la educación de los usuarios de tecnología.
–Hoy en día –comenta Orlando Ayala–, más del 95 por ciento de quienes usan la tecnología no tienen una preparación que les permita detectar si una noticia es cierta o falsa, si es pagada o analítica.

Como el caso colombiano merece un examen más detenido, Ayala prosigue así:
–Colombia tiene realmente que comprometerse con su modelo educativo desde temprana edad. Sin mentes reflexivas que tengan capacidad de pensamiento crítico, al país lo espera un futuro fallido –luego se detiene.

Y después de unos segundos de meditación remata con esta frase:

–En Colombia no falta talento, pero sí faltan oportunidades.

Imagínese usted si él sabrá por qué lo dice.

Hablando en concreto de estos días electorales, me dice que “las convicciones políticas están tan polarizadas que la gente se niega a consultar diferentes fuentes de información. Esa es la tendencia voluntaria a tragar entero, como la llamamos los colombianos”.

Epílogo

Ahora recuerdo lo que dijo hace pocos años el astrónomo contemporáneo Carl Sagan, agobiado por estas mismas preocupaciones: “Nos estamos comportando como adolescentes tecnológicos; actuamos como el muchacho irresponsable que juega con una pistola cargada”.

A la hora de despedirnos, Orlando Ayala, que debe seguir haciendo su recorrido de apóstol tecnológico por todos los rincones del mundo, me añade esta advertencia:

–Ojalá yo tuviera una respuesta mágica, pero no la hay. Sigo siendo un convencido de que, aunque dispongamos de toda la tecnología del mundo, un pueblo sin educación está condenado a que lo engañen en forma sistemática para beneficio de unos pocos.
Y yo me quedo pensando que cualquier parecido con…

JUAN GOSSAÍN
ESPECIAL PARA EL TIEMPO

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