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La increíble historia del amigo de adolescencia de Cristian Zapata

Héctor Fabio y su padre acompañaron al defensa central de la Selección en sus inicios en el fútbol.

Héctor Fabio Molina y Cristian Zapata, los mejores amigos en la adolescencia

Héctor Fabio y Cristian se volvieron a encontrar en 2014, cuando terminó el Mundial de Brasil. El jugador de la Selección Colombia visitó a su amigo en Corinto.

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Cortesía: Héctor Fabio Molina Ospina.

27 de junio 2018 , 06:48 p.m.

A 40 minutos de Corinto, Cauca, está el corregimiento de El Tetillo, la tierra de Cristian Zapata. Cuando era un niño, el jugador de la Selección Colombia llegó por casualidad a la casa de Eduardo Molina, mejor conocido como ‘Chuma’, quien manejaba y lideraba el famoso club de fútbol del municipio: Huracanes. Allí se encontraría con el hijo de Molina, Héctor Fabio. Ambos tenían 14 años y, aunque amaban el fútbol, tenían sueños distintos.

Cristian viajó a Corinto para entrar a formarse a Huracanes. Por ese tiempo, que no resultó ser mucho, ‘Chuma’ le ofreció la casa para quedarse luego de los entrenamientos. Así pasaron casi ocho años, tiempo suficiente para que -entre el colegio y el fútbol- naciera una hermandad entre los pequeños, en un pueblo acogedor, lleno de comercio y tierra de plátanos, naranjas y sancocho de gallina.

Periódicamente iban grupos de fútbol profesional en busca de niños con buena actitud para llevarlos a sus equipos. En un día del 2004 llegaron los delegados del Deportivo Cali. Les gustó Cristian, que ya sobresalía a su temprana edad. Para Héctor Fabio, “Cristian tuvo una suerte muy bonita”, porque lo eligieron muy pronto y comenzó su formación con una liga aún más importante.

Cristian y Héctor se comenzaron a distanciar. Para el actual jugador de la Selección Colombia, en ese momento se abrían las primeras puertas en el fútbol, pues tiempo después de continuar su preparación en Cali, a sus 19 años, el 31 de agosto de 2005, fue comprado por el Udinese Calcio de Italia, su primer equipo. Héctor continuó con sus estudios, aunque junto con ‘Chuma’, su padre, estuvieron pendientes de la evolución de Zapata.

No era tan importante saber cuándo se volverían a encontrar, hasta que un trágico e inesperado suceso, que le cambiaría por completo la vida a uno de ellos, los reunió nuevamente años después.

Una tragedia para el pueblo de Corinto

Era un martes. 2 de marzo del 2007. Héctor debía regresar a Santander de Quilichao por la universidad, había quedado con sus compañeros en hacer la despedida del último semestre antes de comenzar las prácticas. Algo le quedó sonando ese día antes de irse, fue la manera en cómo se despidió de Deisy, su novia, y de su abuela. Sintió aferrarse a ellas como nunca antes, mientras ambas le repetían al oído -como siempre lo hacían- que tuviera cuidado con la moto. Se echó la bendición y abandonó Corinto, sin saber lo que vendría.

La fiesta era a eso de las ocho de la noche. Mientras comenzaba, bajó a visitar a una compañera. Estaban conversando cuando llegaron dos hombres en una moto, cada uno con casco, y sacaron un revólver. No mediaron palabra, simplemente uno de ellos disparó. La bala fue directo a la cabeza de Héctor, dejándolo aturdido, desubicado. Sintió un fuerte corrientazo que le bajó por todo el cuerpo, un calambre ardiente que lo partía en dos. Cayó al suelo y lo último que recuerda fue pedirle a su compañera que le avisara a Pablo, el amigo con el que vivía, lo que había pasado.

Los delincuentes habían ido por su moto, una Auteco Pulsar. Esa marca apenas había salido al mercado y ya era codiciada en el pueblo, de hecho, Héctor dice que por esos días estaban alborotados los ladrones de motos. Le costó cinco millones ochocientos mil pesos, y era la tercera que tenía. La primera fue un regalo de Cristian Zapata, que tuvo por un buen tiempo hasta que la vendió para comprarse otra.

Despertó hasta pasados tres meses. Desde que volvió a abrir los ojos, Héctor no había caído en cuenta del tiempo que había permanecido en pausa. Todavía no entendía qué le había sucedido, apenas se estaba reconociendo. Sentía extraño su cuerpo, o mejor dicho, no lo sentía en su totalidad. Su familia le decía que era por causa de la anestesia, pero que poco a poco pasaría. La verdad era otra, había quedado cuadripléjico, inmóvil de los hombros para abajo.

La verdad era otra, había quedado cuadripléjico, inmóvil de los hombros para abajo

Sin embargo, la vida de Héctor continuaba

Ese resto de 2007, Héctor lo pasó en el hospital, recuperándose. La noche del accidente, fue remitido de urgencias a la ciudad de Cali, al Hospital Universitario del Valle. Ingresó con pérdida de movilidad de extremidades, como síntoma inicial, y signos vitales estables.

Héctor fue intervenido a nivel cervical. Quedó dependiendo de ventilación mecánica, entubado. Su respiración estaba comprometida por la gravedad de la lesión. Fueron unos meses difíciles, los médicos aseguraron a su familia que posiblemente le quedaba poco tiempo de vida. Las terapias no estaban ayudando y -aunque a diario lo visitaban cientos de personas, entre amigos y conocidos- la pesadilla no terminaba.

Los doctores le pusieron una meta: regresar a casa en diciembre y sin el ventilador. El pueblo de Corinto quedó lastimado con este suceso, así que por iniciativa de ‘Chuma’ y la ayuda de todos, organizaron una Teletón. Recogieron suficiente dinero para un respirador personal para Héctor, pero como si fuera un milagro, Héctor nunca lo necesitó. El dinero se destinó a otras cosas que lo ayudaron posteriormente.

Llegó diciembre de 2007 y Héctor salió del hospital. Lo llevaron a un apartamento en Cali, lugar a donde le llegó un oficio de la Universidad del Valle diciendo que por sus buenas notas y por todo lo que había desempeñado durante sus estudios le otorgaban el grado como Tecnólogo en Informática y Telecomunicaciones. Para Héctor era claro, sentía que la vida le decía que su destino era haber pasado por esa dificultad para aprovechar más su pasión por los computadores y la informática y así enseñarle a los demás a salir adelante.

La vida lo había preparado antes del incidente

Cuatro años antes, cuando estaba en el colegio, Héctor trabajaba en una sala de Internet digitando textos. Averiguó en Google sobre programas para poder dictarle a Word o a algún procesador de texto para que le ayudara, y así agilizar su trabajo. Encontró ‘Dragon Naturally Speaking’, un programa que le dictaba al computador y ayudaba transcribiendo. Luego de lo que le sucedió y contando ahora prácticamente con su voz, sus ojos y sus ideas, recordó esa experiencia y se le ocurrió que tal vez el programa había evolucionado. Y sí, comenzó a manejarlo de nuevo, utilizando otras partes de su cuerpo.

Héctor se fijó que Microsoft en el sistema operativo Windows Vista ya implementaba el reconocimiento de voz. Esta herramienta estaba más avanzada que ‘Dragon Naturally Speaking’, así que entró a Internet y comprobó que su voz era suficiente para manejar los procesadores de texto, mover ventanas, mover el mouse y usar aplicaciones de Microsoft Office.

Comenzaron a buscarlo amigos y cercanos para que los asesorara antes de comprar un equipo e incluso para arreglarlos. “Héctor, usted tiene el conocimiento, por favor usted me va diciendo cómo lo voy organizando”, le decían. Con la ayuda de dos o tres amigos, que eran como sus manos, fue que Héctor comenzó a poner en práctica sus conocimientos, a ejercer su carrera y a consolidar su propia empresa.

Héctor, usted tiene el conocimiento, por favor usted me va diciendo cómo lo voy organizando

La fuerza de Héctor más allá de la medicina

A partir del año 2008 comenzó a asistir al fisiatra, llevaba mucho tiempo postrado en su cama y la idea era que pudiera sentarse, de a poco. Además, muchos de sus trabajos los hacía desde ahí y él tenía el deseo de buscar más espacio. Su familia le había comprado una silla de ruedas convencional, pero esta tenía un problema, no contaba con un soporte del tronco y Héctor requería un soporte especial para su cabeza por la cuadriplejia.

Con esperanza, le comentó al doctor su situación. De entrada le dijeron que con la silla de ruedas era suficiente, sin embargo, convocaron a una junta médica para deliberar su caso. A los dos meses lo llamaron y le hicieron muchas preguntas, a las que Héctor respondió que su única intención era consolidar su pequeña empresa y necesitaba más comodidad para movilizarse. A los médicos les quedó la espinita y le programaron una visita a su casa en Cauca.

Los dejó impactados. Héctor no solo estaba trabajando, estaba creando, utilizando la tecnología a su favor, generando empleo y dando ejemplo a los demás. Aceptaron darle la silla y, aunque temía que todo quedara en ilusión ya que su EPS es subsidiada, a los 15 días lo llamaron desde la Fundación Cirec, en Bogotá, confirmando que ellos enviarían la silla hasta Corinto. Un detalle más: la silla vendría con un control cefálico, para que la condujera con el movimiento de su cabeza.

Héctor Fabio Molina y Cristian Zapata, los mejores amigos en la adolescencia

Héctor Fabio logró su lucha ante la EPS y le fue entregada una silla con control cefálico, para que la condujera con el movimiento de su cabeza.

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Cortesía: alejo.arias/PICTURE studio.

Héctor Fabio Molina y Cristian Zapata, los mejores amigos en la adolescencia

Luego de un proceso de varios meses, la Fundación Cirec, en Bogotá, envío hasta Corinto la nueva silla para Héctor Fabio.

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Cortesía: alejo.arias/PICTURE studio.

Héctor Fabio Molina y Cristian Zapata, los mejores amigos en la adolescencia

Era la primera vez que en Corinto entregaban una silla de estas y solo había una condición para Héctor: si recibía esa silla, debía registrar su negocio ante Cámara y Comercio.

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Cortesía: alejo.arias/PICTURE studio.

Era la primera vez que entregaban en Corinto una silla a un cuadripléjico con ese tipo de tecnología. Héctor se estaba convirtiendo en una especie de precedente para que, de ahí en adelante, pacientes con este tipo de discapacidad pudieran beneficiarse también y que su caso pudiera servir a estudiantes de medicina. Solo había una condición para Héctor: si recibía esa silla, debía registrar su negocio ante Cámara y Comercio y comenzar a mostrarle al mundo lo que él estaba haciendo.

El dinero comenzó a llegar, así como los proveedores. Ya podía viajar a Cali por mercancía y cada día se multiplicaba el apoyo de sus amigos y personas allegadas. Héctor Fabio Molina Ospina tiene claro que nació para ayudar, desde su experiencia, negocio, ideas y voz. “Quiero que las personas sepan que todo computador que tenga Windows cuenta con este programa que puede ayudar a las personas con discapacidad y que tienen la cuadriplejia. Es mucho lo que podemos hacer con el reconocimiento de voz”, asegura.

Quiero que las personas sepan que todo computador que tenga Windows cuenta con este programa que puede ayudar a las personas con discapacidad y que tienen la cuadriplejia

La asombrosa historia del héroe de Corinto

La vida continúa y Héctor sigue la rutina que le permite compartir con sus amigos y hacer su trabajo. La enfermera llega a las 8:00 a. m. para ayudarlo con su aseo y a las 11:00 a.m. llega la fisioterapeuta. Mientras tanto, en su habitación tiene una pantalla grande de 49 pulgadas, conectada al computador, desde el que se conecta en redes sociales y atiende uno a uno los pedidos, realiza asesorías, responde preguntas o cuadra cuentas.

“Gracias a Dios tengo un árbol de almendro grandísimo que da sombra a la calle. Cuando no hay trabajo, me voy con mi silla a la ventana y me siento a ver a la gente. Eso me relaja”, cuenta Héctor, quien está tranquilo y sueña con llevar su mensaje de inspiración a muchas más personas, especialmente a las que están atravesando por una dificultad como esta discapacidad.

Cristian le trae alegría al país con el fútbol, mientras que Héctor, con su ejemplo de vida, motiva a los demás a salir adelante

En 2014 volvió a encontrarse con Cristian Zapata. Luego del Mundial de Brasil, el jugador aprovechó la visita de la Selección al país para pasar a la casa de Corinto y ver a su amigo, quien también lo visitó en su apartamento en Cali. Desde entonces no han hablado seguido, pero

Héctor Fabio Molina y Cristian Zapata, los mejores amigos en la adolescencia

Esta fue la camiseta de la Selección Colombia que Cristian Zapata firmó y dejó para su amigo Héctor, luego del Mundial de Brasil de 2014.

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Cortesía: Héctor Fabio Molina Ospina.

Héctor Fabio Molina y Cristian Zapata, los mejores amigos en la adolescencia

Esta fue la camiseta de la Selección Colombia que Cristian Zapata firmó y dejó para su amigo Héctor, luego del Mundial de Brasil de 2014.

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Cortesía: Héctor Fabio Molina Ospina.

La amistad de Héctor y Cristian nos muestra que hay varias maneras de triunfar. En su adolescencia sus destinos bien pudieron haber sido parecidos, pero la vida los llevó por rumbos. Ahora, en las canchas, Cristian Zapata le trae felicidad a un país entero al que el fútbol lo pone feliz y lo une, mientras que Héctor Fabio, con tecnología y ejemplo de superación, ha transformado la vida de los niños, jóvenes y adultos que han conocido su increíble historia.

VALERIA CUEVAS GONZÁLEZ
Periodista de Redes Sociales
En Twitter: @Olarevuccello

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