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Las enseñanzas de un hombre llamado Beethoven

Por más de 40 años, el economista tolimense ha sido docente universitario. La UN le rindió homenaje.

Las enseñanzas de un hombre llamado Beethoven

Herrera es doctor en Economía Internacional del Instituto de Estudios Políticos de París y fue merecedor 12 veces del premio Docente Excepcional en la Universidad Nacional, de los alumnos.

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Claudia Rubio / EL TIEMPO

04 de abril 2017 , 10:50 p.m.

El pasado 31 de marzo, en el auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional, se le rindió homenaje al economista Beethoven Herrera Valencia. Sus alumnos, para citar a unos pocos de los cientos que han sido sus pupilos, Consuelo Araújo, Sergio Díaz Granados, Javier Díaz, Claudia López, Iván Duque y Dimitri Zaninovich se alegraron por él.

Es de los profesores que siempre se evocan con gratitud y aprecio. Por eso, el equipo directivo de la facultad de Ciencias Económicas de la Nacional decidió, en la primera graduación de este año, rendirle un tributo por “su amor a la docencia, calidad humana, sentido por lo justo, compromiso con su misión y su capacidad para hacer de la vida una historia extraordinaria”. Así decía la invitación.

Siempre enseñando

Beethoven Herrera Valencia fue maestro fundador de la Escuela Nacional Sindical (ENS), en los años 80 del siglo pasado y aún más atrás, a finales de los 70. Terminaba sus carreras de economía y filosofía cuando fue profesor de bachillerato en los colegios Inem, del barrio Kennedy, y en el Salesiano León XIII, de Bosa. Enseñó también economía básica y materialismo histórico y dialéctico en varios grupos de estudio que se multiplicaban por esta ciudad y en numerosos sindicatos.

“En 1974, el sindicato de trabajadores del Instituto Geográfico Agustín Codazzi inauguró una escuela sindical donde la economía, la filosofía y la historia eran temas centrales. En muy corto tiempo se convirtió en el profesor estrella. Su mérito fue hacer atractivas disciplinas tan áridas y distantes para los sindicalizados”, cuenta Augusto Ramírez, dirigente en esa época, radicado en España.

Desde los años 80 ha sido catedrático por horas y de tiempo completo en los programas de pregrado, posgrado y doctorado en las universidades Externado de Colombia, Nacional y Sergio Arboleda de Bogotá y en las del Norte y del Magdalena de Barranquilla y Santa Marta, respectivamente.

Édgar Bejarano, decano de Economía de la Universidad Nacional, afirma que “el profesor Beethoven logra capturar la atención de los estudiantes mediante historias y relatos a través de los cuales conecta la teoría con la realidad. Este pragmatismo, que hoy en día conquista a los jóvenes, constituye a mi modo de ver una de las principales promesas de valor de la educación actual”.

Profesor ‘Reca’

Durante años, Beethoven Herrera fue conocido como el profesor ‘Reca’, apodo que recibió en recuerdo del famoso arquitecto y dibujante español José de Recasens, quien, en la recién nacida televisión, explicó durante mucho tiempo, con gran eficiencia y amenidad, temas diversos ayudándose de dibujos y de gráficas.

Beethoven Herrera Valencia, haciéndole honor a ese apodo, ha utilizado como el profesor Recasens la tiza, los marcadores y ahora el PowerPoint y demás herramientas modernas, que ha integrado a su cotidianidad, a pesar de ser un migrante en el mundo tecnológico.

A medida que habla, va dejando en dibujos, curvas geométricas y gráficos conceptos que, con dificultad, se borran.

Su permanente y, casi siempre, acertado sentido del humor; su aguda percepción para detectar quién anda en problemas o quién lo necesita en el aula de clase o fuera de ella; su forma coloquial de tratar los más abstrusos fenómenos económicos; su pericia para conectar las economías entre sí, de modo que se logren grabar los PIB de países diversos y las relaciones capital-trabajo de economías opuestas, así como la relación que establece entre categorías económicas con situaciones triviales (inaccesibles a los profanos) lo han hecho merecedor 12 veces del premio de docente excepcional en la Universidad Nacional, otorgado por los alumnos.

También, el periódico Portafolio le entregó el galardón al mejor profesor del país en el 2009.

Y más que doctor, que lo es en Economía Internacional del Instituto de Estudios Políticos de París, que lo llamen profe o maestro es el título que lo hace feliz, importante, notable y que le produce tanta satisfacción.

Él, dueño, como sus paisanos, de un espíritu contestatario y libertario, escogió el camino de la teoría de la liberación y trabajó varios años con curas y monjas rebeldes, así como con grupos de base de campesinos, indígenas y trabajadores, en distintas regiones del país, de los que aprendió que la solidaridad, la honradez y la tolerancia son valores esenciales para ejercer como buenos ciudadanos y mejores seres humanos. Virtudes que ya le habían sido inculcadas por sus padres y que se practicaron en su casa en la vida diaria.

Libres y contradictores

Nacido en el hogar de Jesús Herrera y de Dioselina Valencia, en su infancia practicó la labor de monaguillo en su natal Líbano (Tolima), mientras que sus amigos lo que querían ser era bolcheviques o bochincheros.

El padre, lector voraz, librepensador y comprometido con las buenas causas, entregó a sus hijos un regalo, recién nacían: nombres de personajes históricos que lucharon y, algunos, hasta perdieron la vida por sus ideas.

Darwin, Sócrates, Galileo, Lincoln, Benhur y Tirza, los hermanos de Beethoven, como él mismo, han llevado con honra ese premio que recibieron de don Jesús.

Han sido buenos y exitosos profesionales, desde médicos hasta ingenieros, pero no se han podido sustraer a chistes reales o ficticios que giran a su alrededor.

Como el que cuenta que un limosnero tocó a la puerta de la casa paterna, y doña Diosa, como le dicen a la madre, los fue llamando uno a uno, a ver cuál aparecía, mientras el hombre aterrado le gritó que no le diera nada, pero que no le sacara los perros.

O el que narra que cuando Beethoven se encontraba adelantando su magíster en el Centro de Investigación y Documentación (Cide) de la ciudad de México y se produjo un fuerte terremoto, algunas cadenas de radio abrieron sus micrófonos para que los colombianos se conectaran con sus familias.

Beethoven hizo uso de ese medio para avisarles a los suyos que se encontraba bien, y sin haber terminado de nombrar a su parentela ya le habían arrebatado el micrófono diciéndole que fuera serio, que se trataba de una emergencia, que no era hora para hacer chistes. O cuando llamó a la casa del director de la Fundación Friedrich Ebert en Bogotá, buscando a Schubert (Klaus) y la esposa le preguntó que de parte de quién y él contestó, con ingenuidad calculada, que de Beethoven. La señora le tiró el teléfono no sin antes haberle soltado un taco chileno.

No siempre le hace gracia al profesor Beethoven que se repitan estas simpáticas anécdotas y otras más que circulan entre sus allegados y amigos, pero que hacen parte de su historia de vida como, también, lo son su afición por el fútbol, nacional e internacional; sus viajes que lo han llevado por buena parte del mundo, conoce setenta países de los que habla con solvencia, o la costumbre de regalar recortes de periódicos o revistas con noticias relacionadas con los destinatarios.

Papeles y más

Una costumbre que repite cuando viaja. Siempre tiene a dónde llegar. Hasta en los sitios más alejados se encuentra con alumnos, amigos o comadres, que le dan el tratamiento de ‘patriarca’ y agradecen esas hojas amarillentas que él ha guardado por meses y ha llevado a viajar miles de kilómetros.

“Mi relación con Beethoven comienza cuando fue mi gran profesor, luego se convierte en mi mejor amigo y, finalmente, es a quien elijo de padrino para mi primer hijo. También tiene defectos: siempre está enseñando, le gustan los vallenatos de Diomedes Díaz. Cuando viene a París me trae súper cocos, y algunas veces, maní motos”, dice la abogada y economista Violeta Valencia, quien reside en París desde hace años.

Algunos alumnos afirman que habla muy rápido y que, por eso, a veces, hay que pedirle que no acelere para no perder el hilo de su discurso. Pero ese afán por decir mucho en poco tiempo pasa a un segundo plano porque siempre conecta con sus alumnos, desde el primer día. No existe un último, porque queda unido a ellos con indisolubles lazos de amistad.

Para las fiestas de fin de año, el profesor Beethoven manda tarjetas con una frase, una poesía, un pensamiento o una idea novedosa que se vuelve viral, porque concuerda con la situación que atraviesa el país o el mundo.

Pero que no se crea que es una persona tacaña, que solo regala papeles y pensamientos. Sus alumnos, sus sobrinas, sus ahijadas, en fin, su círculo más cercano siempre ha gozado de la solidaridad económica y en especie que Beethoven les ha brindado en los momentos que más lo necesitan sin pedírselo y sin que haya que agradecérselo. Y cómo no, de su consejo desprevenido, de invitación a espectáculos, de la entrega de dulces y frutas exóticas que carga, y encarga, para que sus mochilas, arhuacas o koguis, estén siempre llenas.

Palabras, palabras

Las entrevistas radiales y de televisión a las que concurre periódicamente, los seminarios y conferencias que dicta con frecuencia, las tertulias que alienta, su columna semanal en Portafolio y la nutrida agenda social que cumple en Bogotá, Santa Marta, El Líbano y en cada lugar que visita reconfirman sus calidades de expositor privilegiado que deja a su audiencia enterada a satisfacción y siempre con inquietudes intelectuales, no solo a nivel de economía, sino de los temas que expone.
No se miente cuando se afirma que persona que oye a Beethoven, en cualquiera de esos escenarios, no lo olvidan porque lo que dice y cómo lo dice, lo hacen una de las personas con alta tasa de recordación.

Quienes hablan mucho saben a lo que se exponen, porque no siempre se acierta y esta exposición pública cuesta y trae enemigos que, en el caso del profesor Beethoven, ni se oyen ni se ven. Él, pragmático y realista, confiesa que son varios y que ha hecho intentos de domeñarlos.

Decía el excéntrico y genial pianista canadiense Glend Gould que: “El mayor peligro para aquel que intenta expresar sus ideas más serias con humor es el de no ser creído”.

El profesor Beethoven asegura que esa sentencia no es cierta.

Se sustenta en su larga experiencia en la enseñanza y basado en diversos estudios neurológicos que afirman que la risa libera endorfinas que mejoran el aprendizaje.
Él hace que sus alumnos se relajen, disfruten de sus clases y aprendan mucho más con chistes que le salen de manera espontánea. Y en las charlas y seminarios, gracias a esos chascarrillos con los que alegra pesados y ácidos análisis, se echa a sus oyentes al bolsillo.

Por el sentido del humor que compartieron durante varios años, en las aulas y fuera de ellas, con el asesinado Jaime Garzón, quien lo consideraba uno de sus “padres putativos”,
de los varios que el humorista y periodista decía tener, se hicieron entrañables amigos y hasta militaron en un grupo de tomadores de pelo, el Movimiento Rotundo Vagabundo.

También son famosas las parábolas que va construyendo el profesor Beethoven sobre la marcha, emulando a los grandes maestros de las religiones, para que sus enseñanzas no se olviden.

“Su gran capital para la docencia, su excelente relación con alumnos diversos y su capacidad para hacer entender, en sus columnas, conceptos económicos por medio de un lenguaje muy comprensible para toda clase de público hacen de Beethoven Herrera uno de nuestros mejores profesionales”, afirma el doctor Édgar Revéiz, secretario general de la Academia Colombiana de Economía, de la que el profesor es su Vicepresidente.

MYRIAM BAUTISTA
Especial para EL TIEMPO

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