Gente

Con ayuda de patinetas, canadiense sana las heridas de la violencia 

Michael Brooke ayuda con su trabajo a niños y jóvenes de zonas complejas de 25 países.

Michael Brooke

Michael Brooke (en el centro, de lentes, sobre una patineta) es el gestor de esta iniciativa.

Foto:

Alice Martins

07 de noviembre 2017 , 09:42 p.m.

Quizás nadie apostaría a que, en una zona con un enfrentamiento ideológico milenario como el de Oriente Próximo, la paz podría venir en forma de una tabla con cuatro ruedas. Pero Michael Brooke, canadiense con más de 50 años, publicista y practicante de longboarding (deporte de la familia del surf y el skate), no les prestó atención a las apuestas en contra.

Y aunque su primer paso apuntó a unir a judíos y musulmanes en Jaffa ( Jerusalén), lo que obtuvo superó sus expectativas: un movimiento que aleja de las drogas, la violencia y la cárcel a niños y adolescentes de comunidades con bajos recursos en 25 países como Brasil, Japón, Alemania, Perú y el Reino Unido.

La génesis de esta historia se remonta a los años 50 en San Francisco, cuando los surfistas llevaron sus tablas al asfalto en las épocas sin olas. Fue en los 90 cuando se fabricaron las longboards, similares a las conocidas patinetas en Colombia, pero con ruedas grandes y ejes anchos que permiten un manejo similar al surf, pero sobre el cemento, con velocidades de hasta 40 km/h.

En 1978, Michael Brooke empezó a entrenar en Toronto con una de estas tablas, pero, más allá de su afición, siempre tuvo el interés de convocar comunidades alrededor de esa actividad. Por un amigo se enteró del programa Surfing for Peace, que trabaja para darles opciones a los niños de Israel. “Si los surfistas estaban haciendo algo, los longboarders también podíamos, y pensé: ¿por qué no? Si logro que algo suceda en ese lugar del mundo, cualquier cosa será posible”, dice el hombre, orgulloso.

Michael Brooke

Niños musulmanes disfrutan y comparten.

Foto:

Alice Martins

Huir del círculo

Brooks tomó su tabla, la ideología del equilibrio en la que se basa el longboarding y se las llevó a Jaffa. “Este deporte es una metáfora perfecta de la vida. Si te vas demasiado a la derecha o a la izquierda, empiezas a moverte en círculos. Necesitas mantener el balance para avanzar y que tu cuerpo vaya moviéndose en la medida justa hacia la izquierda y la derecha”, dice.

Con esa idea se puso en contacto con el Centro Peres para la Paz, creado para incentivar la convivencia entre palestinos e israelíes a través del deporte.

“Ellos llevaron niños desde vecindarios de Tel Aviv junto con niños de Jaffa para las primeras sesiones”, explica Brooke. Empezaron a practicar cerca del centro de la ciudad, donde encontraron colinas ideales para rodar y fueron apoyados por los fabricantes de tablas y accesorios, quienes patrocinan este proyecto al proveer los elementos necesarios para que niños y adolescentes lo ejerzan sin costo. Así fue como nació hace siete años Longboarding por la Paz (L4P).

Pero ¿cómo se logra unir enemigos históricos? Michael Brooke lo explica: “Los grupos eran tímidos al principio, pero las tablas rompieron el hielo. En cuanto empezaron a rodar, los chicos comenzaron a sonreír y disfrutar la sensación del balance”. Pero no fueron únicamente los niños los que aprovecharon esta experiencia, los adultos se unieron. “Cuando los niños sonríen, construimos oportunidades para el diálogo. Todos queremos un mejor futuro para ellos. Los padres definitivamente están en la vibración nuestra, y eso es realmente grandioso”, cuenta Brooke.

No es difícil ver cómo los niños palestinos toman de la mano a un israelí para sostenerlo mientras logra el equilibrio a bordo de la tabla. “Ver lo que ha sucedido allí me pone la piel de gallina. Estuve en Jaffa, en el este de Jerusalén y Jericó, y presencié cosas especiales como verlos juntos sentados compartiendo una pizza. Los voluntarios trabajan muy duro, pero inspirados en las sonrisas de los niños. Es genial sentir que estamos dando amor al mundo a través del longboard”, sigue.

Borja Muñoz–Cuéllar lidera la movida en Madrid, España, donde los corredores vendieron tablas y piezas de segunda para recaudar dinero a favor de las familias sin empleo. Steve Quinn hizo lo propio en Perú. Llevó L4P a Chorrillos, cerca de Lima, donde las familias sobreviven con poco dinero. “Los jóvenes tienen pocas opciones, y una longboard puede cambiar la trayectoria de una vida de manera positiva”, dice Muñoz–Cuéllar.

Michael Brooke

Un voluntario de Longboarding for Peace da consejos a un niño.

Foto:

Alice Martins

De pandilleros a corredores

Mikey Seibert se siente ganador al bajar una pendiente sobre la tabla. Es corredor de longboard desde su adolescencia. “Cuando uno crece pobre, hay pequeños detalles que hacen la diferencia. Una pieza de madera con cuatro ruedas fue mi tiquete para salir del infierno. Mi padre era surfista, y cuando llegamos a Houston se sentía como pez en el asfalto. Entonces decidió comprarme una tabla, a pesar de que sus zapatos estaban rotos. Desde entonces decidí dedicar mi vida a esto, y fue así como conocí a tantos amigos que me ayudaron a tener una vida decente”, escribió Seibert para la revista Concrete Wave.

Para él, los pandilleros son niños y jóvenes que no tuvieron perspectivas reales de vida y fueron descartados por la sociedad; pero las tablas les dieron un sentido y creatividad a sus objetivos. “Varios eran enemigos de bandos y trajeron armas a la primera sesión, que cambiamos por tablas. ¡El programa tiene una tasa de retención del ciento por ciento!”, cuenta Mikey desde Texas.

Los jóvenes que aprenden a montar sobre una tabla se sienten ganadores de una oportunidad para tomar mejores decisiones, disfrutar de otras posibilidades y convertirse en una fuerza positiva en su comunidad. “Esto es una catarsis a través de la risa y la diversión”, dice Brooke, mientras que Quinn asegura que los voluntarios obtienen beneficios al compartir tiempo y energía, porque ayudar es bueno para el corazón. Y los chicos no solo crecen como corredores, sino como mejores seres humanos.

Los recursos

Aunque Michael Brooks ha sido el inspirador del movimiento en distintas partes del mundo y coordina los grupos desde Canadá, cada líder regional se encarga de buscar patrocinadores para conseguir los equipos con los que los niños entrenan. En estos años, L4P ha recorrido el mundo a bordo de una tabla, aunque faltan muchos lugares, dicen los involucrados. Quienes quieran ayudar solo deben contactarlos a través de su página de Facebook: (https://www.facebook.com/Longboard4Peace).

EDNA ROJO
Para EL TIEMPO@Soymanzanadulce

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