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‘Hay que repensar qué significa ser hombre’: Jessica Bennett

Esta periodista es referente del feminismo. El ‘New York Times’ la convirtió en editora de género.

Jessica Bennett, escritora

Bennett se hizo famosa por el libro ‘El club de la lucha feminista: manual de supervivencia en el trabajo para mujeres’, publicado en el 2016.

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Cortesía Sharon Attia

12 de mayo 2018 , 10:08 p.m.

Jessica Bennett está resfriada. Su voz suena rasposa. Esto es, de cierta manera, irónico, dado que cuando ella llamaba a personajes de la política para sus notas de investigación en algunos de los principales medios de EE. UU. (trabajó en ‘The Boston Globe’, ‘Time’ y ‘Newsweek’), le decían que sonaba como una ‘valley girl’, una adolescente de la soleada California, y no la tomaban en serio.

Este es un ejemplo de lo que ella llama el “sexismo sutil” que enfrentan las mujeres. Un par de años atrás, exasperada, armó el Club de Lucha Feminista. Cada dos meses se reunía con amigas a contar sus experiencias y compartir técnicas para salir adelante. En el 2016, las publicó con humor en el libro ‘El club de la lucha feminista: manual de supervivencia en el trabajo para mujeres’.

Sheryl Sandberg lo calificó de “provocador, divertido y útil, con las herramientas que toda mujer necesita”. ‘The Observer’ lo llamó la nueva “Biblia para el trabajo”, y hasta ‘Playboy’ dijo “que se necesitaba tremendamente”.

Varios términos que compiló en su libro se volvieron parte del léxico cotidiano y armas del movimiento #MeToo. Pero su coronación más simbólica ocurrió unos meses atrás: ‘The New York Times’ la nombró editora de género, un puesto nuevo que atraviesa secciones y plataformas.

Jessica Bennett es hoy el nombre de rigor al invocar temas de género. “Yo soy de la generación de las Spice Girls, del ‘girl power’, y pensaba que nuestras luchas iban a ser otras —cuenta—. Hasta que terminé la universidad y entré a ‘Newsweek’ no me había dado cuenta de que mujeres y hombres no éramos tratados de la misma manera. Ahí pensé: ‘Parece que debo ser feminista’, algo que hasta ese momento consideraba una reliquia de la época de mi madre”.

¿Cuál fue la mayor sorpresa tras publicar el libro?

¡Donald Trump! Como gran parte de los que trabajamos en los medios, daba por hecho que íbamos camino a la primera presidenta. Imagínate lo que se siente hacer todo un libro sobre las formas sutiles en las que se siente el sexismo y que, de pronto, veas cómo el país elige un presidente que es todo lo opuesto a lo sutil, incluyendo sus comentarios sobre las mujeres y las acusaciones de acoso sexual en su contra. Sentí: “Quizá no debería estar escribiendo sobre el sexismo sutil, sino sobre el sexismo abierto”.

Quizá no debería estar escribiendo sobre el sexismo sutil, sino sobre el sexismo abierto

¿Por qué siguió adelante con el sexismo sutil?

Porque el sexismo sutil fue, en buena parte, lo que llevó a Trump al poder. Estaba implícito en la forma como se cuestionaba si Hillary Clinton —pero no él— era confiable y estaba calificada. Esto concuerda con estudios que prueban que las mujeres deben estar doblemente cualificadas que sus pares masculinos para ser percibidas como igualmente buenas. Se le pedía a ella —pero no a Trump— que sonriera más; se la calificó de chillona, lo cual nunca se hace con los hombres. Y Hillary tenía que encontrar ese balance casi imposible entre ser agradable y tener autoridad. Si era cálida, era débil; si era fría, era mandona. El sexismo sutil hizo que fuera fácil perdonar a Trump una carrera llena de errores, pero los errores de una mujer son más duramente criticados y se recuerdan más tiempo.

¿Cree que la gran cobertura del #MeToo se diluirá?

No creo que muera en el futuro cercano. Ahora la discusión está girando hacia cómo prevenirlo. Un área en la que quiero que nos metamos de lleno es repensar lo que significa ser hombre. Hay temas de fondo sobre sexo, género y poder que pueden abrir la conversación. Lo que se intentó hasta ahora no funcionó.

The New York Times’ está repensando cómo cubrir los temas de género y ha tenido éxito publicando los obituarios de mujeres que lo merecían pero que el diario omitió. Para mí fue un ‘shock’ ver que faltaba Charlotte Brontë...

Este caso es el ejemplo perfecto de lo que quiero lograr, porque critica la sociedad y, a la vez, los prejuicios del diario. Desde 1851, solo entre un 15 y un 20 por ciento de los obituarios fueron para mujeres. Efectivamente, no publicamos nada cuando murió Charlotte Brontë, pero lo peor es que cuando murió su marido, sí le publicamos un obituario, en el que decíamos que era famoso por ser “el marido de Charlotte Brontë”. Algunas sí tuvieron obituarios, pero la crítica va también a la forma como los escribimos. Por ejemplo, dimos como noticia que murió “la mujer de Diego Rivera”. Solo mucho más abajo en la nota se mencionaba que Frida Kahlo era artista.

Muchos advierten que inocentes pueden ser víctimas del #MeToo o que el movimiento puede ser contraproducente si lleva a una reacción negativa de quienes lo ven excesivo...

Siempre habrá quien llame a esto una cacería de brujas. Pero quien mire las estadísticas encontrará que generalmente no se hacen acusaciones falsas. Dicho esto, hay que tener una conversación importante respecto del debido proceso. El castigo debe ser acorde con el crimen. En algunos casos hablamos de violadores seriales, como Harvey Weinstein; en otros, sobre nociones complicadas respecto del consentimiento de una relación. ¿Todos merecen el mismo castigo? No creo.

Términos elocuentes

“El sexismo cotidiano es universal. Un ejemplo es el doble estándar que se nos impone a la hora de ser líderes: si somos flexibles, nos ven débiles; si somos duras, unas perras nada femeninas”, asegura Bennett.

El sexismo cotidiano es universal. Un ejemplo es el doble estándar que se nos impone a la hora de ser líderes: si somos flexibles, nos ven débiles; si somos duras, unas perras nada femeninas

Y en su libro utiliza términos que muestran estas sutiles pero efectivas formas de discriminación. “Como ‘manterruptor’ (mezcla de hombre e interruptor), que alude a que los hombres tienden a interrumpir cuando hablan las mujeres, o ‘mansplainer’ (la forma condescendiente como los hombres tienden a explicar algo cuando se dirigen a las mujeres). No todos los términos en el libro son invención del club de Bennett. Por ejemplo, ‘mansplainer’ nació con una anécdota de la novelista Rebecca Solnit. En una fiesta, un hombre la acorraló para hablarle de un libro que ella tenía que leer. Le habló con aire de superioridad y no la dejó intervenir, ni siquiera para explicarle que ella era la autora del libro en cuestión y que, por los comentarios que hacía, era claro que no se lo había leído. La historia se convirtió en un ensayo que fue el germen del libro ‘Men Explain Things to Me’ (‘Los hombres me explican cosas’), que en el 2014 fue uno de los pioneros del renovado género de feminismo mordaz.

El cliché es que las feministas no tienen sentido del humor, pero su libro lo usa muchísimo...

Es mi estilo, pero también refleja que en el club había comediantes. Algunas hacían stand-up, otras eran guionistas, otras cineastas, y nos dedicábamos a abordar estos temas tan serios, pero al mismo tiempo nos matábamos de risa. El humor sirve para abordar asuntos complicados. Y yo quería que mi libro lo leyeran hombres, necesitamos que sean parte de esto. Ahora, no espero que lo que escribo le sirva a todo el mundo. Pero sí estoy segura de que muchos encontrarán algo útil, sea una mujer que busca consejos para manejarse con el sexo opuesto, u hombres que notan comportamientos con los que no comulgan y quieren saber cómo apoyarlas. Son tácticas simples con las que creo que es muy práctico contar, más allá de toda la filosofía que hay detrás.

¿Cómo lo ve en la educación de las nuevas generaciones?

Cuando se habla de preparar a las chicas para enfrentar los desafíos, es importante hacerlo también con los varones. Por ejemplo, en las tareas del hogar. El problema no es solo cuáles se asignan a cada sexo, sino que son muchas más las que se asignan a las mujeres. También es importante estar atentos, como padres, a los medios, para ver cómo se muestra en ellos el liderazgo. Si en todo lo que están viendo, o jugando, el héroe es un varón, hay que hablar con ellos. Hay que enseñarles a mantener una perspectiva crítica. Y agrandar la biblioteca con libros que tengan mujeres protagonistas.

Cuando las mujeres tengan las mismas posiciones de los hombres, ¿no abusarán?

Siempre habrá problemas, pero soy optimista. No tenemos un mundo con igualdad en las posiciones de liderazgo, así que no podemos saber qué sucedería. Pero ya hay estudios que muestran que si logramos una paridad de géneros en todos los niveles, las cosas deberían mejorar. Las empresas tendrían una mayor ganancia y el PIB, por solo mencionar a EE. UU., aumentaría 26 por ciento. Cuando los hombres toman un papel activo en la crianza de los hijos, los niños son más felices, más sanos y más listos. Así que creo que si tenemos más mujeres en posiciones de poder, algunas cosas se corregirán solas. Ciertamente, nada será perfecto. Todo poder corrompe. Pero nunca hemos tenido la oportunidad de ver qué pasa, y creo que llegó el momento de intentarlo.

Una vida en cinco fechas

1981. Nace en Seattle en un ambiente muy progresista. Cuando un periodista local visita su escuela, decide que esa será su profesión.

2004. Como estudiante en la U. de Boston, hace un programa de seis meses en la UBA e investiga el fenómeno de las fábricas recuperadas.

2012. Luego de pasar por ‘Newsweek’ y ‘Time’, comienza a escribir para ‘The New York Times’. Entre sus notas está la primera entrevista de Monica Lewinsky en una década.

2016. Publica la primera edición de 'El club de la lucha feminista'.

2017. Es nombrada editora de género en ‘The New York Times’.

JUANA LIBEDINSKY
LA NACIÓN (Argentina) - GDA
Nueva York
En Twitter: @LANACION

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