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Estas fueron nuestras peores 'embarradas' como papás primerizos

Una carta para quienes sueñan con ser padres, ya lo son o no lo ven como una posibilidad.

Consejos para sobrevivir al primer hijo y no fallar en el intentoAna María Medina y Andrés Vargas García cuentan sus experiencias junto a 'Lolo', su primer hijo.
#CómoSalíDe

Ana María Medina y Andrés Vargas García

09 de julio 2018 , 07:36 p.m.

En este artículo, que bien podría sentirse como una carta, revelaremos uno de los secretos mejor guardados. Algo que deben saber quienes se estrenan como papás o los que planean serlo. Que puede ser confirmado por quienes ya lo fueron y que no está de más que lo sepa quienes afirman que no quieren tener hijos. 

¿Está listo para leerlo? Aquí va: ¡Criar un hijo, a diferencia de muchas otras cosas en la vida, jamás da el chance de cantar victoria! Cuando uno es primerizo en la universidad, basta pasar al siguiente semestre para que estar del otro lado y burlarse de los nuevos. Pero con los hijos uno no termina de superar una etapa cuando siente que necesita cambiar de chip y rediseñar la estrategia para superar la nueva.

La única manera de sobrevivir a la ansiedad, el cansancio, el estrés y la angustiosa felicidad es haciendo exactamente lo único que queremos evitar a toda costa: cometer todos los errores posibles.

No sienta culpa si las cosas no salen como esperaba, recuerde que primerizo es quien hace algo por primera vez y las probabilidades de que se atine en la primera oportunidad son bastante escasas.

De hecho, esta palabra es sinónimo de inexperto, bisoño e inhábil. Si a eso anteponemos la palabra “padre” o “madre” el resultado no puede ser otro que un cúmulo de amorosas equivocaciones.

El punto de partida (contado por Ana)
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Recuerde, al momento de ser papás todos los consejos dan dolores de cabeza porque te ponen una medida que a veces no va contigo.

Foto:

Ana María Medina y Andrés Vargas García

Lo que empezó como un casting para ser la actriz de una campaña en una agencia se convirtió en el punto de partida de nuestra historia en 2008, pues no solo me gané el trabajo, también el amor del productor del comercial, Andrés.

Nos enamoramos, salimos, lo intentamos como novios y todo fue un desastre, así que terminamos. Después volvimos, pasamos tiempo juntos, volvimos a ser una pareja en 2009 y a los dos años nos casamos. Con el tiempo decidimos que era momento de tener nuestro primer hijo y ahí fue donde llegó nuestro querido Lorenzo. 

Durante el embarazo me volví un poco torpe. Por ejemplo, una vez salí de la casa pensando que estaba hablando por celular y cuando cerré la puerta me di cuenta que tenía en la mano el teléfono fijo y que estaba sin llaves. Terminé caminando hasta la oficina de Andrés para que me diera las suyas.

Tener un hijo es empezar a vivir diariamente con una dosis de angustia

Sin embargo, si hay un momento que no vamos a olvidar es el día en el que nació 'Lolo', como le decimos de cariño a nuestro hijo. Me dio un hambre terrible mientras esperábamos a que nos subieran a la habitación del hospital. Por eso, mi esposo me trajo unas empanadas, nos la comimos todas y después las enfermeras nos regañaron porque en caso de tener que hacer cesárea no se podía tener nada en el estómago ¡Menos mal nació por parto natural!

Desde ese día entendimos que tener un hijo es empezar a vivir diariamente con una dosis de angustia. Uno no quiere que les pase nada, entonces el miedo siempre está presente.

Así empezó nuestra historia

Los errores que pueden ahorrarse
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Lo único que no puede olvidar es que nada es tan grave, todo se puede mejorar.

Foto:

Ana María Medina y Andrés Vargas García

No somos una familia perfecta, de hecho cometimos todos los errores posibles: desde comprar artículos innecesarios que usamos máximo una vez o que jamás funcionaron -como un calentador de pañitos que redujo su labor a contenedor de pañitos-, hasta huir despavoridos a una sala de urgencias por la más leve tos y regresar a casa agotados y arrepentidos.

Sabemos lo que es empacar corral, hamaca, caminador, cámaras de seguridad y nevera portátil para un viaje de dos días. Obligar a la familia a vacunarse y contenerse para no pasarlos por un baño maría antes de permitirles la entrada a la casa. Y dañar una velada por una indirecta disfrazada de consejo de la suegra.

El mejor consejo que podemos dar es: no oiga tantos consejos

Nuestro hijo fue creciendo y creímos que ya estábamos del otro lado, nos reímos de nuestras ridículas exigencias del pasado y nos sentamos a observar como una nueva generación de padres buscando aciertos cometía errores. Pero la verdad es que al hablar de maternidad no se es experto con los días, ni con los años. Cada etapa nueva implica esfuerzos, batallas y retos diferentes.

El mejor consejo que podemos dar es ¡no oiga tantos consejos! Haga caso al instinto y la justa dinámica familiar, que otra familia haga algo y le funcione no significa que todos debemos hacerlo de esa manera.

Lo que hemos aprendido

Si se trata de hablar de lecciones personales, estas fueron las nuestras:

1. Aprender a amar:

Ser amado por un niño es alucinante, entiendes las dimensiones del amor y su pureza por primera vez. Uno los ama infinitamente, pero sentir el amor de ellos es donde radica la grandeza.

2. Aprender a perdonar:

Los niños tienen una manera inocente de ver la vida, de solucionar los problemas, de olvidar al instante. Esa lección la deberíamos aprender los adultos, la mitad de los conflictos en el mundo no existirían.

3. Se vale no tener la razón:

Entre más aceptamos que somos humanos, más fácil se hace. Cuando nos las queremos dar de perfectos la carga es muy pesada. Poder decirle a mi hijo: "mira, acá me equivoqué" o "perdóname" es muy valioso. La relación se afianza y también le da libertad a él para reconocer cuando algo no está bien.

4. Disfrutar las pequeñas cosas:

Con un hijo en casa es inevitable no entender que los mejores momentos son los que estamos ahí los tres sin celular, sin juegos, sin grandes cosas. 

5. Conocerse:

La crianza es la única manera en la que todos tus defectos y virtudes quedan expuestos. Tus demonios y tus miedos, te ves de verdad. Te conoces y reconoces porque te descubres en situaciones extremas. Al final te reinventas, que es algo maravilloso de ser padre.

Reírnos de nosotros mismos
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Decidimos con todas nuestras experiencias hacer un #StandMomComedy en el Teatro Nacional Fanny Mikey.

Foto:

Ana María Medina y Andrés Vargas García

No podemos dar por terminada esta carta sin compartir nuestro gran descubrimiento: como padres jamás podremos dejar de sentirnos inexpertos, pero sí podemos elegir burlarnos de ello y disfrutarlo. De cierta manera, papás y mamás, sin importar cuantos hijos tengamos o la edad de nuestros hijos, siempre seremos primerizos.

Aunque no somos expertos, nos atrevimos a compartir nuestra experiencia a través de este artículo y de un 'Stand Mom Comedy' que se titula 'Si crees que es fácil ser mamá, eres el papá', un show que nos ha permitido compartir con todo tipo de parejas que, al igual que nosotros, podrían escribir páginas enteras contando lo que han vivido durante la aventura de ser papás.

ANA MARÍA MEDINA Y ANDRÉS VARGAS

*Este texto contó con la edición, construcción periodística e investigación de DIANA MILENA RAVELO MÉNDEZ, periodista de ELTIEMPO.COM. Twitter: @DianaRavelo)

Si quiere compartir su testimonio con nosotros en la sección #CómoSalíDe puede escribirnos al correo diarav@eltiempo.com. Todas las historias son valiosas para este espacio.

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