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No, porque no / Opinión

Es hora de reflexionar: no todo lo que se niega es malo ni todo lo que se acepta es bueno.

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29 de agosto 2017 , 10:00 p.m.

Aún resuena en mi cabeza el lema ‘Sí se puede’, el cual formó parte de la campaña presidencial de Barack Obama, cuyo eje hacía alusión a un futuro maravilloso. A nivel comercial, expertos en mercadeo y publicidad señalan que para vender un artículo debe usarse la palabra ‘sí’ y jamás el término ‘no’. 

Yo misma adoctrino a mi hija sobre el hecho de que en la vida es importante tener una actitud de ‘sí’, porque en general ese sencillo monosílabo está atado a lo positivo y a la forma correcta de cómo se debe afrontar la vida.

Por el contrario, cuando una persona dice no, se considera amargada y difícil. Incluso se da cierto rechazo colectivo no solo hacia quienes son tajantes al usarla, sino ante la palabra, debido a ese halo negativo que tiene.

Sin embargo, debemos recordar que aunque el término ‘no’ ha sido satanizado, la realidad es que es igual –y en muchas circunstancias más importante– a la palabra ‘sí’. Utilizado correctamente, puede estar lleno del amor más profundo y de los sentimientos más positivos. Es posible seguir siendo una persona dueña de un corazón grande y generoso y todavía decir no.

Por ejemplo, en la crianza de nuestros hijos, la palabra ‘no’ debe estar en nuestro vocabulario permanente. Hoy parece que nos da miedo negarles cualquier cosa, llevados por el pánico a no ser considerados chéveres o porque los vamos a frustrar.

Pues bien, resulta que decir sí a todo es más nocivo y puede demostrar menos amor por ellos. Es imprescindible que nuestros hijos entiendan que no es posible tener todos los bienes materiales que quieren, que no pueden tomar trago antes de la mayoría de edad, que no deben consumir drogas, que no tienen derecho a ser irrespetuosos o agresivos y que no serán tratados como adultos hasta que se ganen el privilegio de serlo.

También nos da pena establecer límites a la sobrecarga de compromisos laborales o sociales. Nos angustia decir no a las expectativas de la familia o de nuestra pareja; nos sentimos incómodos e incluso preferimos mentir a la hora de proteger nuestro tiempo o nuestra integridad.

Nos vemos obligados a justificar con argumentos sólidos la razón por la cual no queremos hacer ciertas cosas o pensar otras. Preferimos sufrir en silencio y estudiar una carrera equivocada, negar nuestra orientación sexual, casarnos con la persona errónea o incluso tener hijos, con tal de no decirle no a la sociedad.

A veces nos encontramos en situaciones incómodas, aburridas y hasta dolorosas por dejarnos llevar por la facilidad del ‘sí’. Es hora de reflexionar: no todo lo que se niega es malo ni todo lo que se acepta es bueno.

ALEXANDRA PUMAREJO​@detuladoconalex

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