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Sin viento no hay raíces / Opinión

¿Qué pasaría si entendemos que las adversidades son parte integral de la vida?

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05 de septiembre 2017 , 09:30 p.m.

Recientemente me enteré de un experimento, el Biosphere2, que se realizó hace más de 20 años en las montañas de Arizona. Se recreó un ecosistema completo bajo un domo cubierto y cerrado en el que se sembró diversidad de árboles y plantas. Ajustaron el oxígeno, el agua y hasta la luz, buscando las condiciones óptimas para el crecimiento y desarrollo perfectos.

Inicialmente los árboles crecían a una mayor velocidad que en su hábitat natural, pero apenas llegaban a cierta altura y etapa de maduración, se desdoblaban y caían.

Al principio los científicos no entendían el fenómeno, pues estaban seguros de haber creado el ambiente ideal para que los árboles sobrepasaran, en todo sentido, a aquellos que soportaban los duros elementos del exterior. El descubrimiento me pareció fascinante. Los árboles se caían solos, porque al no estar expuestos a la fuerza de los vientos, no lograban desarrollar raíces lo suficientemente fuertes ni profundas para sostenerse.

Además de resaltar la sabiduría perfecta e infinita de la naturaleza, este experimento es una metáfora impresionante para nosotros. Nos la pasamos permanentemente tratando que nuestras vidas sean domos cubiertos en condiciones idealizadas. Hacemos hasta lo imposible para hacerlas “perfectas” y nos frustramos cuando no lo son.

¿Qué pasaría si la próxima vez que la vida nos confronte con un ventarrón, en vez de renegar su existencia agradecemos por la oportunidad para aprender, crecer y evolucionar?

En internet hay millones de fórmulas para evitar el famoso y temible “estrés”. Los padres hacen campañas en los colegios para que no les dejen tareas a los niños, pues les generan estrés. Evitamos conversaciones duras con nuestras parejas porque “qué estrés”. El tráfico nos causa estrés, el matrimonio es origen de estrés como también la soltería, y el trabajo ni hablar. Todo nos causa estrés y debemos esquivarlo a toda costa. ¿Será que tratar de suprimirlo nos ha hecho más tolerantes a esas situaciones? O, por el contrario, ¿nos enfermamos más, padeciendo en mayor medida sus males y derrumbándonos más rápido?

¿Qué pasaría si entendemos que las adversidades son parte integral de la vida e indispensables para que crezcamos con raíces fuertes y sólidas, para que cuando venga un huracán o un sunami podamos desdoblarnos con tranquilidad porque sabemos que nuestras bases llegan hasta el centro del universo?

¿Qué tal si afrontamos las dificultades y los retos de frente, con la certeza de que están ahí para hacernos más fuertes y resilientes, en vez de suprimirlos y enmascararlos con cosas artificiales como medicamentos, trago o una completa negación? Les pregunto: ¿Qué pasaría si la próxima vez que la vida nos confronte con un ventarrón, en vez de renegar su existencia agradecemos por la oportunidad para aprender, crecer y evolucionar?

ALEXANDRA PUMAREJO​@detuladoconalex

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