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José Clopatofsky, años sin cuenta

El fundador de la revista ‘Motor’ celebra cinco décadas de carrera periodística en EL TIEMPO.

José Clopatofsky

José Clopatofsky, en un evento organizado por EL TIEMPO para conmemorar sus 50 años en el periódico.

Foto:

Néstor Gómez / EL TIEMPO

14 de septiembre 2017 , 05:07 p.m.

José Clopatofsky se ha pasado la vida untado de grasa y gasolina, armando y desarmando motores, escuchando en el autódromo ese poderoso ¡run, run! de los carros que pasan a más de 120 km/h, sintiendo de cerca los chirridos, los frenazos y el vértigo de la velocidad. Pero Clopatofsky no vive a las carreras. José, a sus 70 años, se mueve con calma, como si calculara cada giro con pericia y prudencia. Así ha transitado 50 años de carrera periodística en EL TIEMPO. Ahora, en esa conmemoración, hace una parada técnica para mirar en su retrovisor el camino andado.

Desde su oficina esquinera en el segundo piso de la redacción de EL TIEMPO, detrás de tres columnas de revistas 'Motor' apiladas, José trabaja todos los días desde las 10 a. m. Desde allí contesta semanalmente unas 50 cartas de sus fieles lectores –no usa redes sociales porque sospecha que se la pasaría enseñando a cambiar llantas– y planea la publicación de 'Motor', la revista de autos más importante del país, la que fundó, la que dirige, la que bien podría llamarse como él: Clopatofsky. Un apellido que suena a carros, a velocidad y también a periodismo.

Clopatofsky encendió motores desde niño, cuando empezó a familiarizarse con carburadores, válvulas, bombas de gasolina, filtros, lubricantes... Quienes lo conocieron en su infancia lo imaginaron en este mundo: el de los carros. Lo curioso es que su primer cambio de velocidad lo dio en bicicleta. Su amigo Jorge Cortés lo recuerda claramente, lo ve pedaleando y ganando las competencias escolares del Liceo Cervantes, donde estudió José. “Su amor a la velocidad empezó ahí, aunque tenía un tío que había sido piloto (Guillermo Clopatofsky). Desde el colegio ya estaba untado de gasolina y de velocidad”, dice Cortés, amigo desde la infancia.

La velocidad ya era su mundo. Se la pasaba de taller en taller, indagando por carros y pilotos. En un viaje de familia a Europa se vinculó a las carreras europeas y regresó más gomoso. Se volvió un experto en mecánica, construyó un prototipo de carreras y, además, fue piloto. Pero ese José piloto tenía un competidor que iba al mismo ritmo: el José periodista. Así, escribiendo crónicas de carreras, se fue gestando la relación entre los motores y las letras.

En el Derecho están escritas todas las embarradas del mundo. Si usted las lee, sabe millones de cosas que no debe hacer.

José, periodista

Para hablar con José Clopatofsky hay que tener papel y lápiz para agarrar las claves periodísticas que va dejando en el camino. Mientras se ajusta sus gafas y sonríe, suelta una:

–Mi recomendación a cualquier periodista es que estudie derecho.
–¿Por qué derecho? –le contrapregunto.
–El Derecho es la ciencia del bien y del mal. Una norma de conducta. En el Derecho están escritas todas las embarradas del mundo. Si usted las lee, sabe millones de cosas que no debe hacer.

Justamente, Clopatofsky, a quien una prueba diagnóstica en el colegio le indicó que debía ser periodista, comenzó con derecho, en la Javeriana. Pero no duró más de un año, cuando dio el timonazo. Lo hizo escribiendo de lo que más sabía: de carros. Primero llevó sus textos al periódico El Espacio. Luego, con 20 años, incursionó en EL TIEMPO con crónicas de carreras. El propio Enrique Santos Castillo (entonces editor general del periódico) le dio la oportunidad de entrar al diario, tal vez sin imaginar que allí José se estacionaría cinco décadas.

“Empecé editando cables. Y me clavaron la guerra de Vietnam. ¡Todavía no sé por qué fue la guerra ni dónde queda Vietnam... Ja, ja, ja...! Estuve un año en eso. Hasta que me pasaron a deportes. Y empecé otra vida”, recuerda ‘Clopa’, como le dicen sus amigos desde la infancia.

La historia la recuerda como si acabara de pasar y fue en 1982. Luis Fernando Santos le anunció que lo nombraba nuevo editor de Deportes, en reemplazo de Humberto Jaimes. Fue un domingo y nadie más sabía.


“Los redactores de fútbol llegaron y se enteraron de que el editor ya no estaba. ‘¿Y entonces?’, me preguntaron. Les dije: ‘Pues soy el jefe y vamos a cerrar. ¡Usted hace esto!, ¡usted, aquello...!’. Así fui desde el primer día, o me mordían todos esos tipos, ¡ja, ja, ja...!”, recuerda Clopatofsky, con su risa contagiosa, la que suelta cada vez que cuenta una de sus anécdotas.

Su forma de narrar y de escribir ya ha hecho carrera por 50 años, y sigue tan auténtica. “Él es capaz de escribir de política, de deportes o de gastronomía. Tiene un lenguaje simpático. Con palabras que engolosinan. Sentarse a charlar con ‘Clopa’ es de lo más agradable. Es querido, dicharachero. Y cuando la cosa es seria, es serio”, cuenta su amigo Cortés.

José Clopatofsky

'Clopa' fue director y presentador de 'Motor TV', de Citytv, que emitió 295 capítulos.

Foto:

Archivo EL TIEMPO

Los recuerdos

Freddy Rincón corría desencajado, con su camiseta roja de Colombia, con los brazos agitados. Los fotógrafos apenas lo captaban de perfil mientras seguían su grito de gol, el que le acababa de anotar a Alemania en el Mundial de Italia 90. Fue un histórico empate 1-1 que hizo delirar al país, que volvía a un mundial después de 28 años. José estaba parqueado allí, en el campo, con su cámara de fotos lista, porque siempre se acredita como fotógrafo para ver desde abajo los partidos. Pensaba que Colombia iba a perder, y ya se iba. Fue cuando escuchó la algarabía y se percató de que esa mole venía corriendo justo hacia él. Su instinto lo llevo a tomar la foto. Rincón le gritó el gol a su lente. Una foto que nadie más tenía. Con esa foto confirmó una frase que no se cansa de repetir: el periodismo es integral, es uno solo.

Clopatofsky ha contado esta anécdota muchas veces y seguro que siempre se le ilumina el rostro, como ahora. Esta vez lo recrea con un esfero y un papel. Dibuja la cancha, el recorrido de Rincón, y su posición de fotógrafo afortunado. La voz le suena emocionada.

“Llevé la foto a que me la revelaran en la agencia AP, y allí me ofrecieron 5.000 dólares por ella. Dije: ‘No, esta foto es de mi periódico’. Llamé a Colombia y dije: ‘Tengo la foto de primera página’ y la transmití...”.

En 'Motor' tengo tres premisas: una, no sale gente; dos, desde el primer día hice la distinción entre automóvil y automovilismo. Y tres, es una revista de utilidad

En ese justo momento entra en la oficina uno de sus redactores de la sección de Vehículos y Motor, y le recuerda que es hora de almorzar. Pero José ni se inmuta. Sigue con su relato apasionado: “En Colombia había fiesta. Pacho Santos –jefe de redacción– me preguntó que qué iba a escribir, y en Italia ya nos íbamos era a dormir. Entonces escribí la crónica de la foto. Como toda buena foto de reportería, fue una chepa”, confiesa.

Pero para que haya chepa, hay que estar estacionado en el lugar indicado, y parece que él siempre lo ha estado, como cuando lo pusieron a hacer el libro del técnico Francisco Maturana, publicado un mes antes del Mundial de Italia 90.

“¡Fue una locura! Se habían vendido 32.000 libros en 25 días. La gente hacía fila para el lanzamiento. No por mí, claro, sino por Pacho. El libro fue exitoso. Pero murió en el minuto 40 del partido contra Camerún. Con el gol que le hacen a René Higuita –el de Roger Milla, de Camerún, que significó la eliminación de Colombia en octavos– murió la venta del libro”, dice, y ríe.

Por 11 años Clopatofsky fue el jefe de Deportes. Cubrió la Olimpiada de Seúl 88, tres vueltas a Colombia (68, 69 y 70), 5 tours de Francia consecutivos desde 1983 –los que llama épicos–, los mundiales de fútbol del 90, 94 y 98, este último coordinando desde Colombia. Luego fue fundador y director del 'Diario Hoy', otro producto de EL TIEMPO. Después se dedicó a su tesoro: 'Motor'.

Gabriel Meluk es el actual editor de Deportes de EL TIEMPO. Tiene dos buenos recuerdos de Clopatofsky: uno, que cuando un reportero terminaba una historia, se le acercaba y le decía: “¿título de la obra, chino?”. Una frase que hizo carrera en la redacción. La otra fue más divertida.

“Cuando yo era universitario, nos llevaron un día al periódico a hacer un recorrido. Quería ver a los periodistas de Deportes y cuando pasé por el lado suyo, él se paró y nos dijo: ‘Chinos, prohibido darles de comer a los periodistas’. Es una institución del periodismo colombiano. Además de un maestro, es una referencia experta del país. Decir autos y motor es decir Clopatofsky

El ‘Motor’ de ‘Clopa’

Cuando la revista 'Motor' estaba recién salida al mercado, a finales de 1981, comenzó con un ‘reversazo’: una de las primeras notas fue una crítica hacia un carro que para Clopatofsky era pésimo: un Fiat Mirafiori al que “se le salían los amortiguadores”. La marca era anunciante. Así que fue una pauta sin futuro.

“El presidente de Fiat vino a decir que habíamos acabado con la industria nacional. Y nos quitó la pauta. Sin embargo, nos mantuvimos. Iba a ser bimensual y fue mensual desde el primer día. Al principio eran 60.000 revistas y en tres años, 100.000. Hoy hacemos 440.000 al mes”, dice José.

En este momento, Clopatofsky interrumpe la charla. Suena su celular y es una llamada del exterior. Lo felicitan por sus 50 años en el periódico. Se recuesta en su silla y se ríe, complacido. Cuando cuelga, habla con más emoción de 'Motor'.

“En 'Motor' tengo tres premisas: una, no sale gente; dos, desde el primer día hice la distinción entre automóvil y automovilismo. Y tres, es una revista de utilidad. Así se creó un producto fundamental, que son los precios de los carros, que están desde la primera edición y que me han valido miles de madrazos, ja, ja, ja. Sin 'Motor' este marcado estaría despelotado. Es una revista con sentido de utilidad, y por eso es la más leída de Colombia”, dice, orgulloso.

50 años después, y con el éxito de Motor, Clopatofsky dice que todos los días llega feliz a trabajar. Ha tenido tristezas, como cuando murió su hijo Gonzalo en un accidente automovilístico en 2014. Pero José siguió su camino, sin detenerse un segundo. Tiene mucho que hacer, mucho que contar, y sin prisa. Por ahora sale de pits. Enciende el motor para seguir andando, aunque 50 años se le han pasado a mil.

PABLO ROMERO
Redactor de EL TIEMPO

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