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Néstor Humberto, el hijo del maestro Salustiano Tapias

Pensó alguna vez que se ganaría la vida, como su padre, escribiendo artículos.

Néstor Humberto Martínez

Un día, cuando sentía que debía comenzar a resolver su vida, le preguntó a su progenitor, y este le recomendó que estudiara derecho.

Foto:

Archivo particular

10 de diciembre 2017 , 12:00 a.m.

Cuando niño, cada vez que Néstor Humberto Martínez Neira salía de vacaciones del colegio se convertía automáticamente en el secretario privado de su padre, Humberto Martínez Salcedo, quien en su época llegó a ser uno de los hombres más influyentes del país como intelectual, crítico y humorista.

No se puede hablar de la vida del Fiscal General de la Nación sin pasar, así sea brevemente, por la vida y la influencia de su padre, un irreverente, un contestatario.

El muchacho de entonces, ahora una de las principales cabezas de la justicia en Colombia y que ha emprendido una lucha contra la corrupción como pocas veces ha ocurrido, sabía que en vacaciones lo esperaban animadas jornadas frente a la vieja máquina de escribir copiando lo que su padre le dictaba, con tildes y comas, que por lo general eran libretos para programas de televisión o de radio, o columnas de opinión.

Por ese camino, Néstor Humberto no solo se volvió diestro en el teclado –escribe a gran velocidad–, sino que empezó a comprender las movidas de la política tras bambalinas, movidas que su padre desentrañaba y criticaba sin piedad, pero que más tarde lo conducirían a él a las cumbres de ese poder.

En algunas ocasiones, cuando, por alguna razón, su padre no alcanzaba a entregar un texto a tiempo, era Néstor Humberto quien lo escribía, con el mismo estilo y rigor que su padre, y se publicaba, sin que algún día se hubiera hecho un solo reclamo.

La influencia del maestro Salustiano Tapias –uno de los personajes que encarnó como humorista– sobre su hijo fue total, cosa que lo llena de orgullo. Estudió en el mismo colegio, la misma profesión (derecho), repasó los mismos libros y, por supuesto, determinó su vida.

¡Y qué tal los fines de año! Con evidente nostalgia por estas épocas, Néstor Humberto Martínez recuerda que cada fin de año su familia y amigos asistían a una velada en la que su padre se convertía en el personaje de las bromas sobre el poder.

Pero, entre todas, había una espectacular. Como tenía una facultad prodigiosa para remedar voces, se especializó en jugarles bromas a los presidentes de turno y expresidentes de la República.

A la hora de la cena, y ya con un par de aguardientes encima, llamaba por teléfono al Presidente de turno haciéndose pasar por cualquiera de los expresidentes, algo que sus interlocutores nunca descubrieron, y les planteaba discusiones provocadoras. “A veces terminaban hasta peleando con ellos”, rememora su hijo.

No es gratuito, entonces, que el actual Fiscal General sea un hombre que se mueva fácil, con confianza, por entre los hilos del poder. Del poder político y del poder económico. A través de su padre aprendió sus signos y señales, a tal punto que le han permitido recorrer airoso un camino lleno de obstáculos.

Martínez Neira habla y maneja con igual destreza y rigor la política, la economía o los códigos. Eso explica que haya tenido tanto éxito como superintendente bancario, miembro de la junta directiva del Banco de la República, ministro de la política o Fiscal General de la Nación.

Como abogado ha sustentado los últimos 15 años uno de los bufetes más prestigiosos del país. Pero, claro, las circunstancias llevaron en todo caso a que también haya diferencias entre estos dos hombres con la misma sangre y el mismo apellido (padre e hijo), pero de distinto tiempo.

Ambos estudiaron derecho. El padre lo hizo en la Universidad Nacional y el hijo, en la Javeriana. Su padre fue en su momento el más mordaz crítico del poder, el hijo es  parte de ese poder.

Humberto Martínez Salcedo sufrió de alguna manera el desplazamiento. Su padre (el abuelo del fiscal), un próspero comerciante de zapatos de Bucaramanga, tuvo que partir hacia la capital en busca de nuevos horizontes en los años cuarenta del siglo pasado.

Ya en Bogotá, con apenas unos 14 años de edad, testimonió los desmanes del 9 de abril de 1948, cuando asesinaron a Jorge Eliécer Gaitán. Ese día, apenas un adolescente, Humberto Martínez Salcedo salió de su aula de clase en el San Bartolomé y se encontró con el caos que se había apoderado del centro de la ciudad tras el asesinato del líder liberal. Todo eso marcó su vida.

La madre del Fiscal también tenía origen campesino. Había llegado de Ortega, Tolima, otra zona de violencia, y se topó con el maestro Salustiano en la emisora HJCK, donde ambos trabajaban, y donde más tarde el hoy Fiscal también ganó su primer salario escribiendo artículos.

Néstor Humberto Martínez Neira alcanzó a pensar que se ganaría la vida, igual que su padre, escribiendo artículos. De hecho, lo comenzó a hacer, pero un día le preguntó cuál camino debía tomar: el periodismo o el derecho. Su padre, quien también era abogado, no lo pensó dos veces: “Derecho, hijo, derecho”, le respondió, y eso decidió el rumbo de su vida.

POLÍTICA

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