Gente

Dos formas de vestir el Caribe

La cartagenera Beatriz Camacho y el momposino Hernán Zajar estuvieron en Ixel Moda, en Cartagena.

Beatriz Camacho y Hernán Zajar

Diseños de Beatriz Camacho (izq.) y Hernán Zajar (der.).

Foto:

Cámara Lúcida

12 de mayo 2017 , 05:00 p.m.

Ella es tímida, tranquila, pausada, discreta. Él, extrovertido, acelerado, alboratado, expresivo. 

Este contraste de temperamentos entre la cartagenera Beatriz Camacho y el momposino Hernán Zajar se sintió en las pasarelas estelares del octavo congreso académico Ixel Moda, el cual se llevó a cabo en Cartagena.

Aunque ninguno pudo negar su origen caribeño en sus diseños, cada uno lo interpretó y reflejó según su personalidad.

El follaje del trópico fue protagonista de los estampados de Beatriz Camacho, quien eligió las hojas de plátano, de palmas y del balazo, así como orquídeas y otras flores, pero lo hizo sin estridencias. “Tratamos de escoger una gama de colores que dieran sensación de tranquilidad, como los azules, verdes, tonalidades de las flores que son rosas y naranjas, pero no por eso fuertes ni exagerados”, comentó la diseñadora, quien acostumbra a usar tonos oscuros y mucho negro.

Con este estampado construyó su colección crucero: femenina, elegante, desenfadada, sutil, delicada, contundente, con faldas, vestidos, bodysuits, tops y pantalones-falda totalmente veraniegos con mucha construcción arquitectónica, que no resulta pesada; al contrario, se ve ligera y cómoda. Para ello utilizó sedas, chifón, shantung y algodón.

Esta mujer, dice, divide el cuerpo a partir del ombligo, y desde ahí crea siluetas hacia arriba, hacia abajo y hacia los lados. Utiliza los dobleces para dar formas y volúmenes, casi sin usar costuras (usa corte láser), con cortes asimétricos y moños para ajustar las prendas a la cintura o al busto.

Su maestría costurera dejó ver perfección y una bella combinación entre el sabor local, caribe, pero con una construcción y factura internacional.

Palenqueras en pasarela

Las palenqueras son un patrimonio de Cartagena, un activo de la ciudad con sus vestidos de colores. Hernán Zajar las ha visto miles de veces desde niño, pero un día, viendo unos cuadros de la artista Verónica Muñoz se fijó realmente en ellas. En ese momento decidió que en su siguiente colección, ellas serían protagonistas. Por eso viajó a Palenque, se llenó de sus historias, de sus colores, de su cultura, y con ese bagaje comenzó a diseñar.

Los cuadros de Muñoz y de la también artista Martha Sánchez pasaron del lienzo a las faldas, pantalones, tops y vestidos con tratamientos de estampación como la sublimación y la calandra, que le dio brillo.

Así, este momposino llenó la pasarela de color (carmín, coral, orquídea oscuro, salvia azulado, albaricoque, rosa), de tejidos, de bordados, de brillo, de excesos.

NATALIA DÍAZ BROCHET
Editora de EL TIEMPO

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