Gente

Algunos consumen drogas, pero la mayoría consumimos datos...

Hoy, más que nunca, debemos estar muy presentes. Columna De tu lado con Alex. 

13 de marzo 2018 , 09:30 p.m.

Hoy comienzo esta columna ofreciéndole mis disculpas públicas a cualquier persona que he dejado de mirar a los ojos, que no he escuchado a consciencia o que simplemente he ignorado por estar mirando mi celular. Especialmente a aquellos más cercanos a mí y a quienes más quiero, porque es a los que más he ofendido al pensar que “siempre van a estar ahí”, lo cual hizo que no disfrutara cada momento presente con ellos.

Soy adicta y, como cualquier adicta, me hago la ofendida si alguien me reclama por no darle toda mi atención. Siempre tengo una excusa, que estoy lista a defender a muerte, por la que ‘debo’ andar pegada al celular... “porque es mi trabajo”, “porque estoy mirando un mensaje importante”, “porque soy mamá responsable”, “porque es mi obligación estar actualizada”.

La realidad es otra y, aunque se la pueda negar a terceras personas, no me la puedo negar a mí misma. Algunas veces me parece más divertido vivir la vida de otros que estar presente en la mía, en otras ocasiones prefiero el anonimato de las redes a la apropiación de mi propia identidad, y hay oportunidades en las que elijo el silencio que me ofrece un aparato electrónico por sobre el desgaste de tener que ‘trabajarles’ a las relaciones de carne y hueso.

Para evadir la realidad, algunos consumen trago y otros drogas. Pero la verdad es que hoy en día, la mayoría consumimos datos. Lo queramos admitir o no, el celular es una evasión de la realidad. Evadimos aburrirnos en una sala de espera, en un taxi, en una junta de trabajo o, peor aún, en una reunión social. Evadimos sentir tristeza o frustración, la falta de plata o la ausencia de ilusiones.

Evadimos sentir dolor y, ante todo, evadimos sentir soledad. Es más fácil retirarnos ‘dignamente’ de nuestras vidas de una manera que es socialmente aceptable y, lo mejor, que está al alcance de la mano.

¿Qué pasaría si soltamos el celular y volvemos a sentir el aburrimiento para después deleitarnos en el goce? ¿Qué pasaría si de nuevo escuchamos atentamente a nuestras amigas o a nuestros hijos, aunque el tema sea aburrido o nos compartan un problema que no sabemos resolver? ¿Qué pasaría si en vez de huirle a la soledad, le agradecemos, aprendemos y crecemos por haberla vivido? ¿Qué pasaría si en lugar de juzgar a los demás en el anonimato, generamos cambios en la sociedad a nombre propio?

Hoy, más que nunca, debemos estar muy presentes, porque es la vida lo que nos está pasando mientras andamos pegados al celular.

ALEXANDRA PUMAREJO@detuladoconalex

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