Gastronomía

Charla con Marcelo Pelleriti, el enólogo roquero

El experto argentino se inventó un evento donde juntó sus dos pasiones: el WineRock.

Marcelo Pelleriti,  enólogo argentino

Marcelo Pelleriti tiene su propia banda, The Cellars.

Foto:

Maira García - La Nación (Argentina) - GDA

15 de abril 2018 , 11:12 a.m.

Por estas fechas, en un viñedo del valle de Uco, en Mendoza, se funden dos de los más preciados tesoros culturales de Argentina: el vino y el rock.

Lo que empezó como una reunión de amigos para celebrar la vendimia con un asado y un ‘toque’, hoy se ha convertido en una gran fiesta roquera a los pies de la cordillera de los Andes en la que se juntan varias bandas y artistas de referencia en la escena musical de Argentina con los vinos de varias de las mejores bodegas mendocinas. Y si a esto le sumamos buena comida y una terraza con una vista increíble, no cuesta mucho entender porqué este 7 de abril asistieron más de 3.000 personas al WineRock 2018, que se celebra desde el 2011 en la bodega Monteviejo, en el famoso Clos de los Siete.

Detrás de esta idea, premiada en el 2014 con la medalla de oro en el capítulo argentino de las Grandes Capitales del Vino, está uno de los enólogos más famosos de ese país: Marcelo Pelleriti. Discípulo del legendario Michel Rolland, Pelleriti es el único argentino que ha conseguido los 100 puntos del crítico Robert Parker. Lo logró en el año 2013 con Château La Violette 2010, un merlot de Pomerol, Francia, país donde hace vendimias hace más de 15 años. EL TIEMPO conversó con él.

¿Es posible ser enólogo y roquero al mismo tiempo?

Aficionado musical y enólogo… Y sí, no solo es posible, sino que lo necesito. Para mí la guitarra y la música son como un psicólogo. A menudo llego del viñedo y me encierro a tocar en un estudio que tengo en casa, y cuando me doy cuenta es tardísimo. Es más, tengo una especie de obsesión: donde veo una guitarra me la compro. Tengo más de 14; la más vieja, una Gibson SG del año 67.

¿Su músico o banda de referencia…?

Jimi Hendrix. Un tipo totalmente revolucionario con lo que hizo, algo similar a lo que está pasando con la viticultura argentina hoy.

¿Cuándo se produce en usted ese ‘blend’ entre vinos y rock?

Mi padre me regaló una guitarra a los 7 años, y tuve una época muy roquera en la juventud. Quise armar mi propia banda, pero eran tiempos muy duros, no tenía ni para comprar cuerdas. Volví a retomar la música ya estando en el vino: a los 35 me puse a estudiar en serio con Andrés Ceccarelli, discípulo de Robert Fripp.

¿Y esta faceta roquera suya tiene algún tipo de incidencia en los vinos?

Muchos de los cortes que uno hace en la bodega uno se los imagina antes de hacerlos, es un proceso creativo, y la música es una inspiración importante para mí en ese proceso. Necesito esa adrenalina para hacer algo especial a la hora de hacer vinos; y no tengo que escuchar la música físicamente, la tengo en la cabeza, la de Hendrix, la de Radiohead...

¿Cómo nació el WineRock?

Hay mucha gente del rock argentino relacionada con el vino, y para el año 2011 se me ocurrió hacer un asado de final de cosecha con roqueros y gente del mundo el vino, y que tocáramos un rato. Y ahí empezó todo.

¿Y cuál es el objetivo de todo esto?

Juntarnos, pasarlo bien, acercar el vino a los jóvenes, promover el vino argentino... Y en últimas, juntar dos grandes banderas de Argentina: el rock y el vino.

¿Cómo visualiza el futuro de WineRock?

Tiene que seguir siendo una fiesta de amigos, no quiero que sea un Woodstock.

¿Qué significó para usted ser el primer argentino con 100 puntos Parker?

Primero, una gran sorpresa. Michel Rolland me había explicado que para lograrlo se necesita tiempo y consistencia. Y cuando recibí esta distinción me di cuenta de que llevamos mucho tiempo trabajando para lograr lo que logramos. ¿Y qué se siente? Una gran responsabilidad. ¿Y cómo lo llevo? Como un reconocimiento a todos los viticultores argentinos.

Suele decir que Michel Rolland fue como un padre para usted, ¿por qué?

Porque lo conocí en el año 2000 y de una gran cantidad de buenos enólogos jóvenes me eligió a mí para trabajar con él. Me ha enseñado mucho y me apoyó cuando llegue a trabajar en Pomerol, que es un lugar muy cerrado, muy francés, y donde no se permite ningún cambio o modificación a la tradición.

Si tuviera que sintetizar lo que ha aprendido de él en dos cosas, ¿cuáles serían?

Respeto por el vino y por la gente que lo hace. Y que lo primero que hay que aprender para hacer buen vino es saber probar vino. Él me empezó a formar en la sensibilidad que se requiere para entender un vino.

¿Cuánto falta para que haya un vino argentino de 100 puntos?

No mucho. Mi amigo Alejandro Vigil no está lejos de lograrlo. Pero hay más gente haciendo las cosas muy bien. Sumamos ya varios años de buena consistencia y creo que la consistencia nos va a llevar a eso más temprano que tarde.

¿Cómo ve o siente el momento actual de la viticultura Argentina?

Lo que se está viviendo es hermoso: no hay reglas y nadie tiene miedo de mostrar sus innovaciones o de compartir ideas. Hay una gran camaradería entre los enólogos. Me saco el sombrero con lo que están haciendo los hermanos Michelini, y que también están logrando productores clásicos como Carmelo Patti y otros. Estamos en un momento de enorme riqueza y diversidad. Hay que proteger a las pequeñas bodegas, porque le dan mucha identidad al vino argentino.

Un deseo…

Los dos principales productores de América Latina, Chile y Argentina, deberían estar más unidos, porque eso nos ayudaría a tener una voz más fuerte a nivel global, donde la competencia es feroz: competimos con demasiada gente. Hay que potenciar los intercambios, la comunicación y el trabajo conjunto, creo que eso sería sumamente exitoso para ambos países.

¿Qué piensa cuando lo llaman el Jimi Hendrix del vino argentino?

Para que eso llegara a ser cierto tendría que ser un Paul Hobbs o un Michel Rolland, y estoy lejos de eso. Me causa gracia. Es exagerado. No hay que confundirse: no somos Picasso, no somos Mozart, solo hacemos vino. A veces se pone a la enología en un pedestal demasiado alto, y eso no está bien.

VÍCTOR MANUEL VARGAS SILVA
Editor de Domingo
En Twitter: @vicvar2

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