Gastronomía

Ante todo, un café / El caldero

Estoy convencido de que las ciudades con más librerías y más cafés resultan más entretenidas.

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16 de noviembre 2017 , 07:00 p.m.

Debo confesar que me alegra enormemente cada vez que abren una nueva librería o un nuevo café.

Estoy convencido de que las ciudades con más librerías y más cafés resultan más entretenidas, más cultas, más propicias para la buena conversación. Y pienso en París o en Buenos Aires, y no me cabe la menor duda de que así es.

Y me gusta que haya cafés de diversos tipos –eso sí, ojalá, con una buena oferta de café… jamás de greca, por supuesto–, desde los cafés oscuros en donde se inspiraban los poetas de mediados del siglo pasado hasta esos modernos que tantos jóvenes han convertido en sus oficinas ambulantes y en donde es común encontrar gente al frente del computador a cualquier hora del día.

De estos últimos, acaban de abrir un café en cercanías del parque de la 93, en el norte de Bogotá. Se trata de Azahar Café, que existía hasta hace poco en una suerte de contenedor del parqueadero que hoy está al lado del local.

Había ganado la buena fama de ofrecer un café de calidad con diversas posibilidades de preparación, y era común ver allí a muchos de los cineastas que luego aterrizaban en Cinemanía, que está al lado, y en donde, por cierto, ofrecen uno de esos cafés de mentiras, indeseable.

Ahora, Azahar es más que un café, pero no quisiera hablar de este lugar como de un restaurante, aunque allí se puede desayunar, se puede almorzar, se puede tomar onces y se puede comer.

No quisiera cambiarle la categoría, porque es, ante todo, un muy buen café: ameno, ecléctico, cómodo, inspirador. Y, por supuesto, un lugar en donde saben que el café debe ser el eje de la oferta.

Y en donde están convencidos que una persona puede ir a un café simplemente a tomar café: y quedarse allí el tiempo que se le antoje, en compañía de un buen libro o de un buen amigo.

Pero, más allá de café, Azahar tiene una pequeña pero muy bien diseñada carta de comida. Hay, por ejemplo, una ensalada de quinua y remolacha maravillosa, unos sándwiches preparados con delicadeza y buen gusto: el de ‘hummus’ y escabeche de hongos bien vale una visita a este lugar. Hay unos chilaquiles a los que solo les falta un toque picante para obtener muy buena calificación. Hay unos huevos con migas que alborotan la nostalgia de los paisas.

Bien por Azahar. Estoy convencido de que allí pasaré muy buenos ratos en torno a un café.

SANCHO
Crítico gastronómico
elcalderodesancho@yahoo.com.co

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