Cine y Tv

‘La prensa sirve a los gobernados, no al gobierno’

Charla con Tom Hanks y Meryl Streep, protagonistas de ‘The Post: oscuros secretos del Pentágono’.

Tom Hanks y Meryl Streep en 'The Post'

Tom Hanks y Meryl Streep en una escena de la película. Tras el cristal, la redacción del diario ‘The Washington Post’.

Foto:

Cortesía UIP

04 de febrero 2018 , 10:40 p.m.

Son dos de los actores más respetados y queridos de Hollywood, tienen varios amigos en común y, sin embargo, Meryl Streep y Tom Hanks nunca habían trabajado juntos como actores.

“Todos mis protagonistas eran 20 años mayores”, dice Streep. “Y todas mis actrices principales eran 25 años menores”, responde Hanks. Es algo que dicen medio en serio medio en broma, conscientes de la discriminación por edad que sufren las actrices en la industria.

Entre los dos acumulan cinco premios Óscar y 26 nominaciones más, con Streep ostentando el récord de 21 candidaturas, la más reciente por ‘The Post: los oscuros secretos del Pentágono’.

En la película, dirigida por Steven Spielberg, la actriz, de 68 años, y el actor, de 61 años, comparten por primera vez la pantalla. La cinta, que acaba de ser nominada a la estatuilla como una de las mejores del año, ya se puede ver en los cines del país.

‘The Post...’ está basada en hechos reales y cuenta la historia de la filtración, en 1971, de los documentos del Pentágono sobre la guerra de Vietnam y la lucha de ‘The Washington Post’ y ‘The New York Times’ por el derecho a publicarlos.

Streep interpreta a Katharine Graham, la legendaria editora de The Washington Post y una de las primeras mujeres en ostentar un papel de liderazgo en una compañía estadounidense. Hanks es Ben Bradlee, el editor ejecutivo del diario, famoso por su papel en la serie periodística que desencadenó el escándalo Watergate durante el gobierno del presidente Richard Nixon. Para Streep fue la primera colaboración con Spielberg y para Hanks, la quinta, lo cual, según la actriz, le dio a su compañero cierta ventaja en el set.

Hace unas semanas, y en medio de una nevada en Nueva York, los dos actores hablaron con un grupo de medios, incluido EL TIEMPO. Se nota que la experiencia laboral les permitió establecer una amistad genuina, gracias a la cual pueden tomarse el pelo, ser honestos y debatir sin pelos en la lengua sobre la polarización política que atraviesa Estados Unidos, la propagación de noticias falsas en redes sociales y el creciente movimiento feminista, temas que toca el filme.

¿Cómo ve el periodismo en la época de la película y ahora?

Meryl Streep (MS):
Para mí, la importancia del periodismo es que es la resistencia final y el frente de batalla de la verdad. Dependemos de él para mantener en cintura a aquellos en el poder; y si no lo tuviéramos, terminaríamos con un mito patrocinado por el Estado.

La importancia del periodismo es que es la resistencia final y el frente de batalla de la verdad. Dependemos de él para mantener en cintura a aquellos en el poder

Tom Hanks (TH): Hubo un hombre brillante, senador de este mismo estado (Nueva York), que dijo hace mucho tiempo: ‘Usted tiene derecho a tener su opinión, pero no sus propios hechos’. Y eso ha sido puesto a prueba, quebrantado y exhibido como algo que ya no es cierto. Ahora existe algo llamado “hechos alternativos”. Existe una desaprobación de la verdad con base en una agenda que está tratando de sesgar los eventos en una forma muy peligrosa.

MS: Están tratando de masajear la realidad para darle una forma que no le pertenece, de modo que es mucho más peligroso que una mentira dura y pura. Socava la institución en la cual confiamos.

TH: Desde que existen los periódicos y la democracia, existe ese problema. No puede creer todo lo que lee, lo cual es cierto, pero puede creer algunas cosas textualmente porque es en realidad lo que pasó. Y cuando eso es diluido por las autoridades, la agenda falsa es elevada a un nivel legítimo, y entonces arriba es abajo y blanco es negro y dos más dos ya no da cuatro. Y cuando eso pasa significa que estamos en las manos de alguna combinación de anarquía y Estado autoritario.

La gente sigue perdiendo confianza en los medios. Cree que lo que lee es falso.

TH:
Bueno, los registros históricos hablan por sí mismos. Lo que pasó en 1971 ha sido corroborado en todas las formas, y el hecho de que el gobierno de Nixon trató de mantener eso en secreto terminó en una serie de mentiras, ofuscación y desinformación. La libertad está basada en algún grado de transparencia y, como la Corte Suprema lo dijo hace 40 años, la prensa sirve a los gobernados no al gobierno. Y tan pronto como descuente la importancia de ese aspecto de la primera enmienda, Estados Unidos ya no es el país que se supone debe ser, y no puede funcionar. Mira, puedes estar en desacuerdo con todo lo que quieras, puedes encontrar las noticias con las que solo estás de acuerdo, es muy fácil; ahora puedes vivir dentro de cualquier burbuja estéril que quieras, pero eso no significa que no esté nevando afuera si cae nieve afuera.

Esta es la primera vez que trabajan juntos, ¿cómo es posible esto?

MS:
Éramos una especie de amigos a distancia, a través de Nora Ephron y Mike Nichols. Eran dos personas que queríamos en común. Y él (señalando a Hanks) vive en la costa oeste y yo en la costa este. Pero no, nunca habíamos trabajado juntos, porque yo soy muy vieja para él.

TH: Éramos como el águila y la mangosta, una vive de noche, la otra de día. Nos anhelamos el uno al otro, pero nunca logramos que sucediera (risas).

MS:
Es una pena porque me hubiera encantado haber trabajado con él más, y espero que volvamos a hacerlo de nuevo.

TH:
He vivido una carrera pensando ‘por favor, Dios, sonríe sobre mí y dame la oportunidad de hacer una película con Meryl Streep’.

MS: Y yo quería estar en una película de Steven Spielberg también, y él ha estado en cinco películas de Steven Spielberg y nunca me dijo que Steven no ensaya, y lo sabías (lo mira de forma acusatoria).

TH: Lo sabía, es verdad, pero aprendí eso de la peor manera.

MS: Llegué al set con mis líneas no aprendidas lo suficiente, y tú llegaste completamente listo.

TH: Sí, debí haberte llamado.

MS: Me dejaste morir.

TH: ¡Al final lo logramos!

MS: Fue grandioso. Y de alguna forma esa dinámica funcionó de verdad, tengo que decir, porque yo en realidad no estaba lista.

TH:
Sé que Steven espera no solo lo que se nos ocurre, sino lo que hacemos, y eso alimenta el proceso. Porque, incluso en nuestra primera escena, el desayuno en el restaurante, rodamos eso todo el día y terminó usando la toma original. Lo tonto del cine es que solo lo tienes que hacer una vez; puede que necesites 47 tomas para lograr esa vez, pero si lo logras, estas hecho.

¿Tuvieron margen para improvisar?

TH:
No podíamos hablar uno sobre otro. Sabía que Steven adora a los actores y ama a la gente que está en el set, y de vez en cuando se acercaba y decía: “Necesito que me ayuden acá, ¿qué creerías qué harías?”, porque él anhela alguna chispa que no se ha imaginado. Y hay otras veces cuando preguntas: “¿Dónde está la cámara?”. Y nos dice: “No se preocupen, digan su diálogo y nos ocuparemos del resto”. Eso significa que todo el trabajo está hecho para ti, porque él tiene algunas piezas masivas cinematográficas sobre las que no nos cuenta.

Esta película, más que sobre el poder de la prensa, es sobre el empoderamiento de las mujeres.

MS:
Siempre la proporción hombres/mujeres es desfavorable para las mujeres, aunque hemos avanzado comparado con 1971, cuando no habría ninguna mujer en la mesa a menos que fuera dueña de la mesa o del edificio, como fue el caso de Kay. La metodología y la forma como las mujeres llegan a posiciones de liderazgo aún están cambiando, aún estamos descifrándolo. Aún necesitamos que los hombres nos escuchen con un nuevo par de oídos, y también necesitamos saber cómo escucharnos como mujeres.

Ustedes hicieron mucha investigación sobre sus personajes, y Steven conoció en persona a los dos.

MS:
Steven no me dijo mucho sobre ella, Tom me habló más, porque él estuvo con ella la noche antes de que muriera.

¿Es serio?

TH:
Sí. Pero creo que lo poco que supe de ella estuvo muy bien reflejado en su autobiografía. Y lo que supe sobre Ben estaba exactamente descrito en el libro que escribió, y fue exactamente así cuando cené y me tomé unos tragos con él. Con la señora Graham solo comí ,y charlamos como hora y media y me pareció, no sé si la palabra sea vacilante; no recuerdo que haya expresado claramente una opinión, me pareció... tenía como una especie de decoro.

MS: Reticencia. Creo que era reservada porque tenía un gran encanto y un muy buen sentido del humor y toda la gracia. Hay una cierta clase de mujeres que fueron criadas para ser educadas, para ser anfitrionas en un salón, donde personas con puntos de vista políticos opuestos se juntaban y hacían acuerdos. Era una clase de mujeres brillantes que no podían poner sus habilidades en el gobierno, la ley, los periódicos.

TH: A Ben lo conocí a través de Nora Ephron. Estábamos en Washington D. C. para marcar el inicio del Monumento a la Segunda Guerra Mundial, él tuvo una carrera en la Marina, y fue una gran fiesta en la que estaba Nora; quedé sentado justo al lado de Sally Quinn (esposa de Bradlee), y eventualmente todos nos movimos y pude conversar con Ben. Fue una conversación fabulosa.

¿Qué fue lo que más les impactó de sus personajes?

MS:
‘Personal History’ es realmente la mejor autobiografía que he leído, de hombre o mujer. Está tan bellamente escrita. Hay una razón por la que ganó el Pulitzer. No solo porque narra un momento de la historia que fue sísmico y realmente transformador en la historia estadounidense, ella vivió todo, sino porque también es muy personal, y es muy franca sobre sus fallas, lo que percibe como sus defectos, sus inseguridades; todo está allí. Fue una biblia para mí.

TH: Recuerdo lo que decía Ben del descubrimiento de que los funcionarios mienten. “¿Cómo puede hacer esto un funcionario público?”, decía. “Tienes que reconocer el cinismo, pero no puedes ser un cínico”. Esa era su máxima de la habilidad de un buen periodista.

CLAUDIA SANDOVAL GÓMEZ
Para EL TIEMPO
Nueva York
En Twitter: @clasango

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