Cine y Tv

‘Verano 1993’, el drama una niña tras la muerte de sus padres con sida

La película de la catalana Carla Simón llega este jueves a las salas de cine del país.

Verano 1993

Laia Artiga, es la niña que protagoniza esta cinta española que llama la atención por hablar de temas difíciles y emocionales, pero con un aire de esperanza.

Foto:

Interior XIII

18 de abril 2018 , 06:29 p.m.

Una risa, un poco nerviosa, se le escucha a la directora española Carla Simón cuando recuerda que su primer largometraje, 'Verano 1993', tiene feliz a la audiencia y a la crítica.

Esa emoción es entendible, pues la producción es considerada como una de las más interesantes del cine ibérico reciente y ha recibido el aplauso de pie en varios festivales. Este jueves se estrena en Colombia.

“Ha sido un viaje muy bonito y muy fuerte, ya que no pensábamos que con el calor del verano y un par de niñas protagonistas la gente respondiera con tanta emoción”, explica Simón, haciendo referencia a los personajes de una trama sencilla acerca de una pequeña que tiene que lidiar con la muerte de sus padres y comenzar una nueva vida con sus tíos.

'Verano 1993' se enfoca en Frida (Laia Artigas), quien se convierte, junto a su prima Anna, en el motor de este drama preciso y tierno. El argumento está inspirado en la propia vida de su realizadora, de 31 años, cuyos padres murieron de sida.

“Mi primer impulso fue esa necesidad de contar cómo una niña se enfrenta al tema de la muerte –insiste Simón–, algo que ya había explorado en uno de mis cortometrajes ('Lipstick'). Claro, era mi historia personal y por eso lo quise hacer desde una mirada y un contexto luminoso, explorando que, a pesar de lo sucedido, la niña nunca deja de ser niña y es capaz de tirar hacia adelante y comenzar otra vez”, agrega la directora catalana.

La clave de la película, en lo que tiene que ver con la conexión emocional con el público, se explica en el hecho de que no cae en el ejercicio del drama doloroso y la redención.

“En el fondo, Verano 1993 habla de la necesidad del amor familiar, de sentirse querido (...) Siempre consideré que mis padres adoptivos fueron muy importantes para mí y tuve la suerte de estar ahí (...) Inconscientemente este fue un homenaje para ellos”, reflexiona la cineasta, que, sin embargo, reconoce que la experiencia no fue catártica.

“Mi historia está absolutamente digerida. Tuve la suerte de tener una familia donde hablamos las cosas de una manera natural (...) La película no buscaba curarme, lo que hizo fue reconectarme con ese episodio”, asegura la directora, feliz de que su relato sencillo siga llenando salas en Europa.

“Vale la pena hacer cine independiente y contar como directora lo que a uno le apetece, porque creo que al final sale algo bueno (...) Lograr un lugar entre la gente es un milagro, es algo muy bonito”, finaliza la realizadora de la producción que ganó como mejor ópera prima en la Berlinale del año pasado.

ANDRÉS HOYOS VARGAS
@AndresHoy1
CULTURA Y ENTRETENIMIENTO

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